Rocafonda se rinde ante su ídolo: "Lamine es español"
"Eh, eh, éste jugó con Lamine", grita un chaval con toda la pinta de chaval -mullet, vaper, bermudas por debajo de la rodilla y unas zapatillas Yeezy- al ver parado a un periodista con toda la pinta de periodista (supongo). "Y yo", repite un colega, y se suma otro, todos con relatos de comprobación imposible, en el campito de la plaza Anselm Turmeda de Rocafonda, donde ahora hay un grafiti de Lamine Yamal y el recuerdo de algún golazo que marcó allí de niño. Todos presenciaron lo imposible.
"Lamine es nuestro, es de aquí, de Mataró, del barrio", asume al final Buba Camara, erigido en portavoz. "Se crió aquí y es español. Lamine es español", proclama acelerado, preguntado por la polémica previa a las semifinales de España y Francia que, aquí, en el Parc Central de Mataró, al lado de Rocafonda, mientras casi 5.000 personas siguen el partido, pierde el sentido.
Si están aquí es para animar a España, llegaran de donde llegaran sus padres. "Ya vinimos hace dos años a la final de la Eurocopa y nos dio suerte. Es un sitio que está muy bien, todo el mundo está animando", añade Bernat Muñoz, vecino de Rocafonda, que al acabar la ESO hizo un trabajo sobre Lamine y acabó conociéndolo. "Ahora es difícil verle por el barrio porque está superprotegido y se llenaría de gente si aparece por la calle, pero sé que ha venido a visitar a su abuela, o a casa de su tío", cuenta poco antes de que su antiguo vecino provoque el penalti del gol de Mikel Oyarzabal.
El bar de la familia
Hasta las semifinales, sin pantallas gigantes en la ciudad, uno de los sitios de reunión de los vecinos de toda la vida de Yamal era el bar LY 304, que regenta Abdul, el tío del futbolista, pero esta semana está cerrado. "No hay nadie aquí. Están todos allí, en Estados Unidos, para ver los partidos. Toda la familia, incluso la abuela, la Fátima. Hasta que acabe el Mundial", apunta delante del local Amel, allegada de la familia del jugador, que repite el recuerdo de los chavales. También relata un gol legendario del niño Lamine Yamal en la plaza.
Al descanso de las semifinales, precisamente en ese campito no para el fútbol: unos adolescentes montan un partidillo antes de volver a los móviles. Al descanso de las semifinales, en ese campito se reivindica. "Durante el día aquí no se puede jugar, no hay ni una sombra", denuncia uno de los jugadores.
"Mira que llevamos años pidiendo una cubierta al Ayuntamiento y nada", denuncia Marc Jiménez, presidente de la Asociación Vecinal de Rocafonda. "El barrio se creó en los años 60 para que vivieran quienes llegaban de otros puntos de España. Calles estrechas, pisos pequeños; ni siquiera se preveía que esos trabajadores tuvieran coches. Desde entonces hay muchas carencias, y eso no ha cambiado en los últimos años".
Rocafonda está orgulloso de Lamine -se repiten las camisetas de la selección española con el 19 (la blanca, por supuesto) o del Barcelona con el 10-, pero sigue siendo "el barrio abandonado" de siempre, según admite Jiménez.
La tensión en el barrio
De hecho, la Asociación anda estos días recogiendo firmas para reclamar al Ayuntamiento más presencia de la Policía Local y del servicio de basuras, con el fin de evitar enfrentamientos entre vecinos por culpa del "ruido nocturno, los problemas de limpieza y actos vandálicos como la quema de contenedores".
"En el barrio hay varios puntos donde se juntan jóvenes de aquí y de otros lugares de la ciudad, y se está creando un malestar, un caldo de cultivo para que entre la extrema derecha. Con su inacción, el PSOE [que gobierna en la ciudad] está dejando la puerta abierta a Vox y Aliança Catalana", analiza Jiménez, que apunta que el Mundial no es el problema -"es una vez cada cuatro años"-, aunque los partidos tardíos no están ayudando a que haya calma en las noches de verano.
En Rocafonda residen unos 11.500 habitantes, y alrededor del 35% tiene nacionalidad extranjera, aunque si se cuentan los españoles nacidos fuera o los hijos de migrantes, la población de origen foráneo supera ampliamente la mitad. La comunidad marroquí es mayoritaria, por delante de la senegalesa o la gambiana, y por eso los partidos de Marruecos se han vivido con intensidad. "Se ha seguido mucho a Marruecos, pero Lamine es Lamine. Hasta hace unos días había cierta división entre Marruecos y España por las calles, pero la mayoría de la gente tiene un sentimiento especial hacia él", asegura Muñoz, aunque en ese "la mayoría" también hay una realidad.
"Los vecinos marroquíes están divididos. Muchos que se han comprado la camiseta de España por él, con el 19 a la espalda, pero a otros no les gusta que no juegue con Marruecos", finaliza Jiménez antes del pitido final del encuentro y de que se desate la celebración, que durará horas.