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Una España contra los miedos de todo un país: son los mejores y lo saben

Una España contra los miedos de todo un país: son los mejores y lo saben

Sigamos sin creer, ya creen ellos. Francia era superior, cómo detener a los tres mosqueteros (Mbappé, Olise y Dembélé), sus estrellas van con súper y las nuestras en depósito... Hasta el más optimista de los españoles apelaba a la fe y no al fútbol para, rodeado de ateos, justificar su confianza en las horas previas al partido. Luego rodó el balón y recordamos. Recordamos que la mejor selección del planeta es la nuestra. Sana o magullada, en partidos abiertos y cerrados, en Mundiales y en Eurocopas. No hay equipo como España, pero no lo digan muy alto. Queda un partido.

Los que hemos vivido décadas de frustración, con los cuartos de final como techo de hormigón y no de cristal, aún sufrimos para comprender cómo un grupo que, evidentemente, no está al cien por cien es capaz de plantarse en una final de Mundial sin grandes aspavientos. Pim, pam, pum, que pase el siguiente. Es el milagro de una generación sin miedo porque, por aportar algo, nos lo hemos quedado todo sus mayores.

¿Cuántos "lo falla" se escucharon en los salones de Finisterre al Cabo de Gata cuando Oyarzabal se dirigió a lanzar el penalti que el instinto de calle de Lamine había sacado al pardillo Digné? Cuando fuimos capaces de volver a abrir los ojos, los chavales se abrazaban. ¿Cuántos "la lía" se gritaron de Girona a Huelva cuando Unai Simón salió a la desesperada a los pies de Mbappé? ¿Cuántos chistes de cuñaos cuando marcó el gran Pedro Porro? ¿Cuántos cigarrillos apurados hasta el filtro? ¿Cuántas catástrofes imaginadas? Dio igual. Esta España ha jubilado la superstición.

No fueron necesarios milagros ni actuaciones excepcionales para convertir en nada a Francia. Sólo un equipo fantástico haciendo su trabajo sin inmutarse por cargar sobre sus hombros con las ilusiones, miedos y traumas de todo un país. Y un entrenador, Luis de la Fuente, al que deberíamos ir pidiendo perdón todos los que dudamos: es valiente (si Pedri no está, no está), consecuente (ni un experimento en siete partidos) y su acierto en los cambios es legendario.

Y así, España es finalista del Mundial. Repito: España es finalista del Mundial. Sólo queda un partido. Sigamos sin creer, ya creen ellos.

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