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Pogacar, insaciable, salda su deuda con Le Lioran y Juan Ayuso ya acecha el podio del Tour

Pogacar, insaciable, salda su deuda con Le Lioran y Juan Ayuso ya acecha el podio del Tour

Cada vez son más lejanos y difusos los recuerdos de Tadej Pogacar sufriente o derrotado. Y los hubo, claro. Perdió dos Tours con Vingegaard, por ejemplo. Pero el esloveno va borrando cada uno con una tiranía que no vislumbra fin. En Le Lioran, la estación de esquí a los pies del Plomb du Cantal donde hace dos años Jonas fue capaz de remontarle y luego ganarle al sprint la etapa, hizo esfumarse la memoria. Arrancó, violento, a un kilómetro de la penúltima cima, el col de Perthus, y caminó en solitario hacia su enésima victoria de etapa. Otro golpe en ruta hacia su quinto Tour. [Narración y clasificaciones]

El día que en Tadej iguala a Miguel Indurain, 60 veces de amarillo. De amarillo alzó los brazos, irresistible. Ya nadie, ni siquiera Vingegaard, osa ni siquiera a intentar seguir sus zarpazos. Peligro mortal. Casi mejor vigilarse de los otros, pues lo más intrigante de la jornada lo dejó la lucha por los restos. Ahí sucumbió Isaac del Toro, ahí padeció Remco Evenepoel. Ahí se mantiene Juan Ayuso, a un suspiro del podio.

Igual da que el resto proteste, que no se gane las simpatías del pelotón, el UAE es un ejército implacable a las órdenes de un tirano que todo lo pretende. Control y exigencia, todos al ritmo brutal de los pretorianos de Tadej. La segunda gran etapa de montaña del Tour 2026, ahora en el Macizo Central y sus 'puys' volcánicos, fue otra demostración de poderío desde el amanecer en Aurillac. Aprietan los dientes Politt y Wellens y por mucho empeño que pongan los aventureros por delante, nada es posible. Aunque esta vez el plan se iba a enredar.

De la electricidad de los primeros kilómetros, con el Lidl acelerando para asegurar a Mads Pedersen los puntos por el maillot verde de la regularidad (pasó el primero, por milímetros sobre Kanter, en el sprint de Lacapelle), a la locura de la formación de la escapada. Fueron 31 ciclistas que, tras la Cote de Paiherols ya eran menos. Ahí fue cuando Javi Romo exigió protagonismo. Se lanzó por delante con Harold Tejada, que poco le aguantó, e iba a ser el toledano, hombros de ex triatleta, lector de la Biblia y taurino, el que coronara el solitario las tres siguientes cotas. Una cabalgada tan imposible como meritoria, con el UAE martirizándole siempre a menos de un minuto.

Acabó su peripecia en las rampas de Puy Mary, rendido a una evidencia feroz, la lengua fuera. Justo allí abandonó la puja Wellens y, ante la entrega total, otro rebelde, único Richard Carapaz, se fue en solitario a por todas. Un pulso tremendo, los impulsos consecutivos de Grossschartner, Adam Yates... Y, sorpresa, el Decathlon con Prodhomme en los últimos metros de la cima. Alarde francés en su día nacional.

Eso, la aparición de los compañeros de Paul Seixas, en el día de la toma de la Bastilla cortó el ritmo al UAE. Que quizá tardó más de la cuenta en ejecutar su plan en Perthus. O es que temía la debilidad, como así fue, de Del Toro. Pero, a falta de un kilómetro, Pogacar no aguantó más. Su furia desataca, una progresión tan bestial que asusta. Adelantó a Carapaz como si de una moto se tratara. Coronó en solitario, se la jugó en la bajada y ya nadie pudo con él. Celebró con rabia.

En la persecución, con el col de la Font de Cère mediante, sufrió Evenepoel. Pero su bravura es abundante. Atrapó a la nobleza en la bajada y se permitió el lujo de entrar segundo, a 32 segundos de Pogacar. En vez de perder, ganó impulso hacia el podio con las bonificaciones. Hasta la segunda plaza, que ya no es quimera, pues Vingegaard se dejó unos segundos en meta. Juan Ayuso, sólido, consolidándose, se alza al cuarto puesto (y atrapa el maillot blanco) a 16 segundos de Remco, con Seixas quinto también bien cerca.


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