La pasada semana, en el desfile de Dior en la Semana de la Moda de París, Jennifer Lawrence le confesó a Rosalía que gracias a La Perla, el single indiscutible de su álbum Lux, había aprendido a hablar algo de español. La actriz, ganadora de un Oscar, se declaró obsesionada por un álbum al que el mundo se ha rendido por su complejidad y que ha confirmado a la catalana como una de las grandes estrellas internacionales que en estos momentos tiene la música.
Al igual que Lawrence y tantos otros, el Ministerio de Cultura ha decidido rendirse también a la propuesta de Rosalía otorgándole el Premio Nacional de Músicas Actuales 2026 por "la trascendencia artística" de su álbum Lux, justo cuando la cantante acaba de hacer un parón en su gira tras recorrer Europa, Sudamérica, Estados Unidos y Canadá. El jurado ha destacado, de hecho, "su contribución a la proyección global de la música española y su habilidad para aunar talentos y aportaciones de otros artistas, poniendo en valor la colaboración en el proceso de la creación artística".
Lux es el disco de las infinitas capas, de las infinitas referencias y de la aún más infinita ambición de su creadora. Después de que El mal querer llevara el flamenco con el que la cantante había crecido a otra dimensión y de que Motomami hiciera lo propio con lo latino y lo urbano, Lux era la experimentación de una Rosalía que introduce 13 idiomas en 18 canciones -del catalán al hebreo-, que cuenta con una orquesta sinfónica a la que altera continuamente y que pone la voz como el elemento central. Casi pura, como un elemento más de la religiosidad que atraviesa toda su carrera y que ahora ha decidido potenciar. Porque la búsqueda de Lux, repetido por ella hasta la extenuación, es explicar su "sentimiento o conexión con lo divino".
El cuarto disco de la catalana fue el mejor del pasado año para un puñado de publicaciones especializadas -también para EL MUNDO-, arrasó con un pleno en los Premios de la Academia de la Música en España y va camino de hacer lo mismo en los próximos Latin Grammy donde acumula siete nominaciones -sus dos anteriores trabajos ya se llevaron el de Álbum del Año- y es el gran favorito. Y, por delante, aún están los Grammy, donde no se han conocido todavía las nominaciones para esta edición y donde Rosalía es una de las figuras a tener en cuenta.
La gira de Lux no ha cosechado menos elogios en los últimos meses que se ha ido desarrollando. El espectáculo diseñado por Rosalía, con la ayuda de Dimitris Papaioannou, de Charm La'Donna y del colectivo (LA)HORDE, está compuesto de cuatro actos, siguiendo la estructura operística con intermezzo. Y consiste en un despliegue vocal casi continuo de la catalana, donde la improvisación apenas encuentra su espacio. No la hay en los movimientos de las coreografías, tampoco en los vocales con sus arreglos precisos al tono que corresponde y tampoco en la planificación de una orquesta de 20 músicos -fundamental en todo el espectáculo- integrada en mitad de la cruz que enlaza con el escenario y divide al público.