Cultura

Se nos está yendo de las manos la nostalgia

Se nos está yendo de las manos la nostalgia

Hacía años que no veía el fútbol. Desde la época de Cristiano Ronaldo, Iniesta y Casillas. Pero ayer me puse el partido porque hay algo en la euforia colectiva que me gusta y quería vivir. Sobre todo, cuando es tan difícil que todos nos pongamos de acuerdo en estar contentos por algo.

En cuanto encendí la tele, me di cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. 16 años de aquel Mundial. De la Shakira del Waka-Waka, del beso de Casillas y Carbonero. En estos años ha dado tiempo a que las parejas se divorcien y a que los equipos se renueven enteros. 16 años, más o menos, es lo que puede aspirar a estar un jugador en el campo. El caso es que ha habido un cambio generacional. Es el fútbol de la Generación Z. Con pausas de hidratación y VAR. Y parece que ya no es ni será más el fútbol que conocíamos. Puede que sea uno que no se centre tanto en las superestrellas, sino en el juego colectivo. Así, al menos, es como jugó y ganó España. Y de la otra manera (lanzándole todos los balones a la superestrella Messi) es como perdió Argentina.

Aunque hayan pasado 16 años, el espectáculo del medio tiempo se sintió como el meme del señor Burns poniéndose un gorro y una camiseta con una calavera para parecer joven. Después de ese show, no me queda ninguna duda de que los humanos nos estamos empeñando en mostrarle a la IA que todavía estamos por delante en la capacidad de delirar. Ronaldo Nazário y Ronaldinho saliendo en un coche que podría estar sacado de Mad Max con Madonna. Los Muppets, Barrio Sésamo y Justin Bieber. Shakira marcándose un Michael Jackson en su We are the world con los niños del mundo. En fin, ¿qué decir?

Yo vi todo eso y sentí que alguien había entrado en mis recuerdos y los había sacudido hasta volverlos una pesadilla. También me pregunté: ¿por qué no le damos paso al presente? ¿Por qué vivimos todo el rato anclados en el pasado? ¿por qué todo gira en torno a la identidad de una generación que se niega a ser sustituida? La nostalgia opera como una herramienta de permanencia e impide avanzar. También impide crear nuevos recuerdos.

Y digo esto sabiendo que son artistas monumentales, con carreras brillantes y legendarias, pero que se sentían totalmente desentonados del fútbol actual. Con la cantidad de artistas contemporáneos que podían haber hecho un show increíble. Mi pregunta es, ¿para qué intentar seguir pareciendo jóvenes si ya no lo somos?

Porque ya no lo somos. Messi tampoco lo es. Y qué bien estaría empezar a ceder los espacios a las nuevas generaciones que nos narren el mundo.

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