Señoras y señores, España ha llegado al Mundial. No sabemos hasta cuándo se quedará, pero España ha llegado al Mundial. Seguramente con unos días de retraso, pero ya está aquí. Y sí, es España. Es un equipo alegre, dinámico, vertical (sin excesos), con fases de un fútbol realmente bonito, pero sobre todo es un equipo fiable, firme, alguien a quien dejarle las llaves de tu casa durante las vacaciones de verano. Un equipo al que no le remataron entre los tres palos y por eso Unai Simón ya es el portero que más minutos ha permanecido imbatido en toda la historia de los Mundiales (519), superando a Walter Zenga. Un equipo reconocible que al fin apareció para viajar a octavos, donde esperan Croacia o Portugal. [Narración y estadísticas (3-0)]
En realidad, después de haber superado, al fin, 16 años después una eliminatoria en los Mundiales, y más con la imagen ofrecida, el rival ya importa menos. Ahora importa mantener este nivel y pensar que Luis de la Fuente tenía razón y que el equipo está donde él quería. Con una defensa inmaculada (cero goles en cuatro partidos), con un central soberbio, Cubarsí, con una versión mejorada de sus centrocampistas, con un Lamine Yamal que empieza a parecerse a él y con un delantero, Oyarzabal, que seguramente no sirve para hacer test divertidos en las redes sociales, pero al que se le caen los goles de los bolsillos, España sonríe al fin en este Mundial y la vida, para ella, ya suena de otra manera.
Ya se marchó el equipo al descanso como quien se mira en el espejo y se reconoce. Esta soy yo, debió de pensar. Una España en línea recta capaz, en 20 minutos, de que le anularan un gol por una faltita de poca monta, de fallar un mano a mano, de que le otorgaran, ese sí, su primer gol tras una jugada estupenda, de lanzar una falta al palo y de fallar otro mano a mano con Schlager, que salvó a los suyos de irse con el partido resuelto. Se marchó España al descanso con una sonrisa después de completar el mejor rato de fútbol en lo que llevamos de torneo, a la altura del vivido ante Arabia Saudí, con el aditivo de que esta vez el rival, sin ser de primerísimo nivel. Y eso era solamente el aperitivo.
Una bendición llamada Olmo
De la Fuente volvió al once precisamente de Arabia. Carrete para Pedro Porro y para Dani Olmo, que tal y como está mejora muchísimo al equipo. Esa manera única de controlar siempre hacia adelante, esté en la posición que esté, es una bendición para cualquier equipo. Jugador algo intermitente, ahora tiene la flecha para arriba, como dicen los modernos, así que tal y como está el patio es Olmo y 10 más. Frente a un rival, Austria, huérfano de sus dos futbolistas más determinantes (Baumgartner y Arnautovic), la selección proyectó una imagen distinta a los tres primeros días. Excepto en los minutos previos a la pausa para beber agua y poner anuncios, donde bajó un poco el nivel, amaneció en el partido con muy buenas maneras.
Tiró un contragolpe Lamine, eléctrico desde el principio, un tormento para su lateral pese a no estar todavía fino, y tras una pared con Baena tiró flojo. España, cuando lograba robar, corría, recuerdos de un pasado no tan lejano, y lo hacía pese al impresentable estado del césped, seco a más no poder y devolviendo la memoria al Mundial de 1994, cuando la pelota, en lugar de correr, se frenaba. Algún susto tuvieron Pedri y Rodri al intentar jugar de primeras hacia atrás. Nada serio, la verdad, pues Austria apenas vio a Unai Simón por televisión. Un centro mal medido y poco más. Aquello pintaba realmente bien a falta del refrendo del segundo acto.
Y salió España igual. Sonriente tras palparse para confirmar su mejoría, quiso solucionar el partido con un segundo gol lo antes posible. Pudo hacerlo con un tiro de Rodri, otro de Olmo y uno de Lamine. Fueron tres disparos en jugadas que podrían haber acabado mejor, pero hubo que esperar hasta el final del tercer cuarto, justo antes de la dichosa pausa, para lograrlo.
Fue una jugada de más de 30 toques, un parabrisas pero con chicha, un balanceo del balón, ahora metiéndolo dentro, ahora sacándolo fuera, haciendo dudar a los defensas austriacos sobre qué hacer, si saltar o guardar la posición. Después de un buen rato así, el balón encontró a Baena, que centró para que Pedro Porro, un lateral derecho que pasaba por el punto de penalti como el que pasea al perro antes de acostarse, rematase el segundo.
Baena levanta la mano
Un inciso para Baena. El jugador del Atlético de Madrid, dueño de una temporada irregular, eufemismo de mala, al fin parece estar levantando la mano en la selección. Partiendo del extremo, acelera las jugadas. No es Nico Williams, pero tampoco es Gavi.
De la Fuente sentó a Olmo por un doble motivo. Darle descanso a él y darle minutos a Mikel Merino, al que está empeñado en recuperar sea como sea. No quitó a Lamine por si acaso, pues faltaban 20 minutos y quién sabe... No hubo caso, ahí España ya bailó a una Austria completamente desfondada y rendida. Llegó el tercero y podría haber llegado alguno más. No importa. Aquí lo que cuenta es ganar. Y si es con esta versión, mejor. España ya está aquí. El Mundial ha comenzado.