Noticias principales

Tregua al límite entre EEUU e Irán: minuto y resultado de una negociación espinosa tras la peor crisis

Tregua al límite entre EEUU e Irán: minuto y resultado de una negociación espinosa tras la peor crisis

Estados Unidos e Irán han vivido en los últimos dúas la crisis diplomática y militar más intensa desde su firma del acuerdo de paz interino, hace apenas dos semanas. De nuevo, ataques cruzados pero de una intensidad y extensión no vistas desde que, en apariencia, se pusieron de acuerdo en un marco para negociar una estabilidad sólida y a largo plazo. Los nervios cundieron -no hay más que ver los mercados- pero la pasada madrugada llegaron buenas noticias:  Washington y Teherán han acordado un cese inmediato de toda "actividad cinética", el término técnico empleado por las fuerzas armadas para referirse a ataques y bombardeos combinados.

La noticia, avanzada por el digital norteamericano Axios y confirmada más tarde por agencias como AP y Reuters, llega en un momento crítico. Era esencial preservar el debilitado alto el fuego y preparar el escenario para una reunión de alto nivel que debe profundizar, detallar, concretar. Se estaba demorando por las andanadas cruzadas pero, al fin, parece que tendrá lugar este martes en Doha, la capital de Qatar. 

En ese encuentro, delegaciones técnicas de ambas potencias intentarán resolver la enconada disputa territorial y operativa en torno al estrecho de Ormuz, la ruta marítima de suministro energético más importante del planeta, por donde antes de la contienda -iniciada por Israel y EEUU el 28 de febrero- pasaba un cuarto del cruzo mundial. 

Hay una cosa clara de este toma y daca y esta vuelta recurrente a la mesa de negociaciones, de este embrollo a lo Pimpinela que amenaza vidas y futuros y encarece el mundo, y es que ninguna de las partes tiene ganas de volver a la guerra abierta pero, también, que ninguna de las partes está dispuesta a ceder sin más. Hay mucho de relato controlado y de bravuconería tanto en los comportamientos de EEUU como de Irán, pero los segundos han demostrado que, pese a todo el daño, pueden aguantar. Los primeros tienen más prisa, con un Donald Trump presionado por su partido y las encuestas para acabar ya la guerra, con unas elecciones a mitad de mandato en noviembre en las que le puede pasar factura su belicismo. 

Crónica de una escalada vertiginosa

La crisis sobre el terreno pasó de la tensión diplomática a la confrontación abierta el pasado jueves, cuando un proyectil de origen no identificado impactó contra un barco de carga en aguas del estrecho de Ormuz. La situación se agravó durante las primeras horas del sábado 27 de junio, cuando un dron de asalto supuestamente lanzado por las fuerzas iraníes golpeó la estructura de un buque petrolero con bandera de Panamá. 

El navío, que transportaba más de dos millones de barriles de crudo, sufrió daños significativos en su puente de mando, según detalló la agencia de seguridad marítima del Reino Unido (UKMTO), aunque afortunadamente toda la tripulación fue reportada a salvo. El Centro Marítimo de Información Conjunta, administrado por la coalición internacional de naciones que custodian la navegación en la zona, elevó de inmediato el nivel de alerta de seguridad al máximo.

La respuesta de Washington fue inmediata. El Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) coordinó una oleada de ataques aéreos de represalia contra diversas posiciones militares en territorio iraní. "A Irán se le dio la oportunidad de honrar el acuerdo de alto el fuego, pero eligió no hacerlo", sentenció la oficina en un comunicado oficial. De acuerdo con el Pentágono, los bombardeos estadounidenses completaron sus objetivos con éxito, destruyendo instalaciones de vigilancia militar, centros de comunicaciones estratégicas, sistemas de defensa aérea, almacenes de drones y plataformas de despliegue de minas navales.

Por su parte, los medios estatales iraníes, entre ellos la cadena oficial IRIB, informaron de fuertes explosiones en las inmediaciones de la ciudad portuaria de Sirik, en el sur del país. La Guardia Revolucionaria (el ejército ideológico del régimen de los ayatolás) denunció que las fuerzas norteamericanas habían destruido una torre de comunicaciones en dicha localidad y calificaron la acción de agresión injustificada, respondiendo pocas horas después con el lanzamiento de salvas de misiles balísticos y drones hacia posiciones e instalaciones vinculadas a las fuerzas norteamericanas en el golfo Pérsico.

El contraataque iraní expandió geográficamente el teatro de operaciones, afectando a estados vecinos del Golfo que albergan importantes bases militares norteamericanas. Hasta 14 países se vieron afectados ya en lo peor de la guerra y esos fantasmas, de nuevo, renacieron. En el reino de Bahrein, sede de la Quinta Flota de la Armada de EEUU, las alarmas antiaéreas sonaron en repetidas ocasiones debido a ataques con drones que provocaron daños estructurales en un edificio residencial de la provincia de Muharraq, sin causar víctimas mortales. Paralelamente, el ejército de Kuwait informó haber interceptado con éxito dos misiles balísticos dirigidos hacia su territorio. 

Incluso el país anfitrión de las próximas negociaciones se vio salpicado por la violencia: el Ministerio del Interior de Qatar reportó el fallecimiento de uno de sus ciudadanos debido a las heridas provocadas por fragmentos de metralla a bordo de una embarcación afectada por las operaciones militares en el área. Todas las naciones afectadas han dicho en público que se reservan el derecho a responder si fuera necesario. 

En el plano puramente político, el tono ascendente de las declaraciones amenazaba también con sepultar definitivamente la vía diplomática. Mohsen Rezaei, asesor directo del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, acusó a Washington de violar sistemáticamente el memorando de entendimiento (MOU, por sus siglas en inglés) al mantener el respaldo financiero y logístico a las fuerzas proxy en la región de Oriente Medio. Desde Teherán, también se recriminó a la administración estadounidense por no sostener los compromisos de alto el fuego en Líbano, territorio afectado por la invasión de las fuerzas israelíes desde el pasado mes de marzo, en su campaña contra el partido-milicia chií proiraní de Hezbolá.

Desde el Congreso iraní, Ebrahim Azizi, jefe del comité de Seguridad Nacional, avisaba de que que cualquier violación a las instrucciones de navegación emitidas por Irán recibiría una respuesta contundente. "Los disparos ciegos de Estados Unidos en Sirik no anularán nuestro dominio sobre el Estrecho de Ormuz", declaró.

La réplica de la Casa Blanca llegó de la mano de un contundente mensaje del presidente Donald Trump en sus perfiles oficiales, antes de que se formalizara el alto el fuego conocido hace unas horas: "Puede llegar un punto en el que ya no seamos capaces de ser razonables, y nos veamos obligados a completar militarmente el trabajo que empezamos con tanto éxito. ¡Si eso sucede, la República Islámica de Irán dejará de existir!". Terminar el trabajo es una amenaza recurrente del neoyorquino en estos meses. 

Frente a esta postura de fuerza, su vicepresidente JD Vance, dio la de arena y matizó se seguido la posición del gabinete, defendiendo las acciones de represalia pero abriendo la puerta a la reactivación de los canales oficiales. "Irán firmó un acuerdo de alto el fuego. Nosotros lo hemos honrado. Si tienen desacuerdos sobre cómo se está aplicando el memorando de entendimiento, pueden levantar el teléfono. Pero la violencia será respondida con violencia", sentenció.

Las interpretaciones enfrentadas del memorando

La crisis de estos días encuentra su punto de fricción mayor en la interpretación de los 14 puntos que componen el acuerdo interino EEUU-Irán. Las discrepancias fundamentales giran en torno al control de la navegación y la seguridad en el Estrecho de Ormuz, un choque en la primera piedra del camino, la más inmediata de resolver para que las mercancías fluyan y los mercados se estabilicen (spoiler: dicen los expertos que no lo harán completamente antes de 2030, tal es el impacto de lo sucedido). 

Bajo los términos explícitos del memorando de entendimiento, la República Islámica de Irán se comprometió a realizar "sus mejores esfuerzos" para garantizar el tránsito seguro y sin impedimentos de los buques comerciales que cruzan el paso estratégico. A cambio de esta concesión, la administración estadounidense accedió a levantar el severo bloqueo naval y económico que mantenía sobre los principales puertos iraníes, permitiendo la reactivación parcial del comercio internacional en la región.

Sin embargo, los problemas logísticos y de desconfianza mutua no tardaron en aflorar. Durante las negociaciones de la semana pasada en Suiza, la delegación norteamericana -encabezada por el vicepresidente y principal negociador en este conflicto, Vance- acordó con los representantes iraníes el establecimiento de una "línea directa" de comunicación inmediata. El propósito de este canal era conectar directamente a los mandos militares estadounidenses instalados en la región con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el comando militar de élite de Irán, para coordinar de manera conjunta el denso tráfico marítimo del estrecho y evitar malentendidos de consecuencias fatales. Una vía de entendimiento insólita en estos archienemigos. 

A pesar del compromiso, hasta el pasado sábado dicha línea seguía sin estar operativa por fallos técnicos y burocráticos. Ante este vacío de coordinación, Teherán comenzó a exigir unilateralmente que todas las embarcaciones comerciales coordinaran formalmente su paso con las autoridades navales de la Guardia Revolucionaria antes de ingresar a sus aguas, una exigencia que Washington interpretó de inmediato como una violación flagrante del libre tránsito estipulado en el acuerdo de paz.

Mirando a Doha

Con el nuevo compromiso de "stand down" (parar los ataques), como titulan los medios norteamericanos, los barcos comerciales han comenzado a reanudar tímidamente su circulación por Ormuz, bajo la estricta vigilancia de las coaliciones internacionales. No obstante, el verdadero desafío comenzará este martes, en las mesas de negociación en Qatar.

Originalmente, las conversaciones bilaterales para esta semana estaban programadas para celebrarse en territorio suizo, como las primeras, con una agenda enfocada primordialmente en los pormenores del programa nuclear de Teherán, que está en la base del argumentario de EEUU e Israel que dio inicio al ataque. Sin embargo, la escalada forzó un cambio radical de escenario y de prioridades, centrando de forma exclusiva los trabajos de las delegaciones en el conflicto del estrecho.

Según Kpler, una empresa de inteligencia de datos que realiza un seguimiento del transporte marítimo mundial y los flujos de mercancías, hasta 124 buques de carga transitaron por el estrecho de Ormuz desde el jueves, el último día del que se tienen datos completos. El número de barcos que transitaban por la zona en cuatro días es ahora similar al número de embarcaciones que lo hacían en un solo día antes de la contienda: los datos de la firma especializada señalan que más de 100 barcos solían pasar por el estrecho diariamente antes del 28 de febrero. 

Mientras, han surgido tres rutas distintas para los barcos y diferentes autoridades compiten por organizar el tránsito de decenas de embarcaciones a través de la vía marítima. Una ruta meridional discurre por las aguas cercanas a Omán; una segunda ruta, utilizada antes de la guerra, atraviesa el centro del estrecho; y una tercera, más al norte, está controlada por Irán. 

De todo eso tendrán que hablar los negociadores. El equipo técnico de EEUU estará comandado por el especialista en Seguridad Marítima Nick Stewart, que tendrá la compleja tarea de negociar una solución al diseño de los carriles de navegación comercial. Actualmente, existe una encarnizada pugna geográfica: Washington promueve activamente el uso de un carril de navegación meridional que discurre a lo largo de las costas territoriales de Omán, buscando alejar las flotas comerciales de la influencia directa de Teherán. 

Por el contrario, el régimen teocrático exige de manera firme que las embarcaciones transiten obligatoriamente por el carril septentrional, el cual cruza directamente por sus aguas territoriales. El objetivo final de Irán, según fuentes de inteligencia occidentales citadas por la CNN, consiste en consolidar su control soberano sobre la ruta y, eventualmente, implementar el cobro de tarifas de peaje marítimo para todos los navíos que requieran hacer uso del paso. Si Irán decide cobrar esas tasas, es posible que otros países, sobre todo en el Golfo, aceleren sus esfuerzos para desarrollar nuevas infraestructuras energéticas que eviten el estrecho, de paso. Y eso, a su vez, reduciría los costes que los adversarios de Irán tendrían que afrontar para iniciar una futura guerra.

La comunidad internacional observa con máxima cautela el desarrollo de la reunión en Doha. Aunque la orden de detener las actividades cinéticas ha dado un respiro temporal a los mercados energéticos globales, los analistas coinciden en que, sin la puesta en marcha inmediata de la línea directa militar y un consenso claro sobre los derechos de navegación del estrecho de Ormuz, el memorando de entendimiento firmado hace dos semanas continuará pendiendo de un hilo.

La clave libanesa

Todo lo que se hable en Qatar tendrá como telón de fondo lo que ocurre en Líbano, claro. Irán ha exigido desde el primer momento que haya una calma total en el país árabe para llevar a buen puerto su diálogo con la Casa Blanca. En esta fase, reclama la retirada total de las fuerzas israelíes del sur libanés, como parte del acuerdo final con EEUU. 

En el primer artículo del memorando de entendimiento firmado a principios de este mes se exige "la terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano". Sin eso, no hay nada más. También afirma el texto que "el acuerdo final confirmará la terminación definitiva de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano", pero no exige explícitamente la retirada de las fuerzas israelíes del sur del Líbano. Ahora, de palabra, sí se añade. "La retirada de los ocupantes de todas las zonas libanesas ocupadas es necesaria para alcanzar un acuerdo final y duradero que permita establecer la estabilidad regional", declaró ayer domingo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, según la agencia oficial de noticias iraní IRNA.

Teherán tensa la cuerda porque el Gobierno de Benjamin Netanyahu no ha dejado de causar muertos incluso con alto el fuego en vigor, como el último, firmado la semana pasada, y porque sus ministros insisten en que no habrá retirada porque quieren crear una zona de amortiguación para evitar que los proyectiles de Hezbolá lleguen a su territorio o sus milicianos hagan una incursión, exponen siempre las Fuerzas de Defensa del país. En las últimas horas, han anunciado la destrucción de túneles del grupo, que "contenían cientos de armas y varios silos de lanzamiento destinados a atacar el territorio del Estado de Israel y a sus ciudadanos". 

"Los comandantes y combatientes de las FDI permanecerán en la zona de seguridad del sur del Líbano y continuarán destruyendo infraestructura terrorista, eliminando amenazas contra las comunidades del norte y salvaguardando la seguridad de los ciudadanos de Israel", concluye la declaración oficial.

Hezbolá, esta mañana, aseguró que se "reserva el derecho a defender" Líbano tras acusar a Israel de "violaciones" del alto el fuego la víspera, cuando, según la milicia, lanzó varios ataques en el sur del país, algunos de ellos contra infraestructura civil. "La Resistencia Islámica reitera que lo que ha hecho el enemigo es una flagrante violación del alto el fuego al que se ha adherido hasta ahora", por lo que Hizbulá "está monitoreando y dando seguimiento a estas violaciones y se reserva el derecho a defender su patria y a su pueblo", según un comunicado compartido en su canal de Telegram y difundido por EFE.

La milicia chií denunció ataques contra edificios residenciales en las ciudades de Nabatieh, Mayfadoun, Taybeh y Hadatha, al tiempo que reportó impactos de artillería israelí en otras seis localidades del sur del país.

Desde el pasado 2 de marzo, Israel ha matado en Líbano a 4.246 personas y herido a otras 12.190, recogió el viernes el Centro de Operaciones de Emergencia Sanitaria, dependiente Ministerio de Salud Pública libanés. 

La agencia AP, además, ha publicado que Trump está presionando más aún al Gobierno interino de Siria para que también se enfrente a Hezbolá y ayude así a Netanyahu. Históricamente, el partido-milicia libanés es prosirio, pero de la Siria comandada por los Assad. Ahora que ya no están, que han ganado sus opositores, sus bases, silos y centros de entrenamiento en el país están comprometidos. 

El norteamericano "Ha sugerido que los insurgentes islamistas, curtidos en la batalla, que derrocaron al presidente autocrático de Siria, Bashar al-Asad, hace un año y medio y formaron un nuevo gobierno, harían un mejor trabajo erradicando a Hezbolá que el ejército israelí", señala el medio. Sin embargo, el ahora presidente sirio, Ahmad al-Sharaa, ha declarado que no tiene ningún interés en hacerlo y ha afirmado que los comentarios de Trump fueron malinterpretados. EEUU "ha insistido en su postura" y no se sabe hasta dónde va a llegar en su estrategia, ahora que se había convertido en padrino del otrora yihadista.

Trump: un "latigazo cervical"

El exembajador estadounidense en Israel Daniel Shapiro, Investigador de la Iniciativa de Seguridad de Scowcroft para Oriente Medio del Atlantic Council, ha publicado un análisis en el que examina lo que entiende que es un abrupto giro de 180 grados en la política exterior del presidente Trump. Tan brusco que habla de "latigazo cervical" para representarlo gráficamente. "En un instante, Trump ha dado un vuelco a cada pilar de su enfoque hacia un Irán que sigue siendo peligroso", expone. 

Denuncia que la suya es una estrategia bélica mal concebida. Tras años de abogar por una campaña de "máxima presión" y de celebrar cada acción militar conjunta con Israel, el Gobierno estadounidense ha terminado "desmantelando" los pilares de su propio enfoque ante un conflicto que se tornó desfavorable. La guerra no está saliendo según lo planeado por la Casa Blanca. El conflicto ha desatado un caos económico a nivel global, agravado drásticamente después de que Irán utilizara su mayor ventaja estratégica: el cierre total de Ormuz, estrangulando una de las rutas de tránsito de petróleo más importantes del mundo.

Luego está el propósito central de la confrontación, que era desmantelar de forma definitiva las ambiciones nucleares de Teherán. Aunque los ataques previos de EEUU e Israel en junio de 2025 lograron destruir instalaciones clave y enterrar uranio enriquecido, para el inicio de las hostilidades actuales el panorama apenas había cambiado. Ante la presión actual, la administración Trump parece estar cediendo terreno y aceptando promesas débiles a cambio de una salida al conflicto.

Shapiro argumenta también que este desenlace era predecible. Trump pasó de romper el pacto nuclear original con Occidente en 2018 -bajo la premisa de conseguir un trato "mucho mejor"-, a involucrar al país en una guerra sin un plan de salida claro, para terminar revirtiendo sus propias exigencias cuando el costo económico y geopolítico se volvió insostenible. "El hombre que rompió el JCPOA porque era un 'pésimo acuerdo' que no abordaba el papel regional de Irán ni su programa de misiles, y que prometió conseguir 'un acuerdo mucho mejor', ahora está dispuesto a conformarse con mucho menos de lo que Barack Obama consiguió", escribe. Hay que recordar que Shapiro trabajó en Israel bajo las órdenes de los demócratas Barack Obama como presidente y Hillary Clinton como secretaria de Estado. 

Por todo ello, habla de "fracaso táctico" del republicano. "Al final, Trump parece haber descubierto que es mucho más fácil iniciar un conflicto que terminarlo en tus propios términos". Lo que comenzó como una demostración de fuerza e intervencionismo militar ha dejado a su país en una posición de debilidad frente a un Irán, cuyo régimen sigue en pie, cuyo uranio enriquecido sigue en su territorio, cuyos silos de armas se mantienen aunque tocados. Teherán supo capitalizar sus ventajas geográficas y energéticas en el golfo Pérsico, concluye, y eso ha sido clave. 

Puede que te hayas perdido