Voice of Freedom Повна версія

Tres semifinales, tres derrotas, a cero, sin Euro y sin Mundial: España es la gran pesadilla de la Francia de Mbappé

· Sport

14 de julio, Día Nacional de Francia. El Emmenez-moi de Charles Aznavour sonando en los videomarcadores, Kylian Mbappé sonriendo mientras saltaba al campo en la tercera semifinal mundialista de su vida camino de su tercera final. Los galos con el destino en el horizonte, a punto de convertirse en la tercera selección de la historia en alcanzar tres finales consecutivas después de Alemania y Brasil. Una 'F' formada por balones en el césped del AT&T Stadium antes del calentamiento. El homenaje por los diez años del trágico atentado de Niza... Todos los detalles emocionales del partido empujaban del lado francés, pero España, esta España de Luis de la Fuente, ya es la gran pesadilla de esta generación francesa.

Dos años después de caer en las semifinales de la Eurocopa, en ese partido que soltó a Lamine Yamal en el foco mediático mundial, Francia volvió a hincar la rodilla ante España. Impotente. Desesperada. Son ya tres años seguidos en tres competiciones diferentes, siempre en semifinales: Eurocopa (2-1), Liga de Naciones (5-4) y Mundial (2-0).

«Llévame hasta los confines de la tierra, al país de las maravillas», canta Aznavour y ha cantado la grada francesa en la canción que se ha hecho viral entre sus aficionados durante este Mundial. El país de las maravillas estaba siendo la galaxia formada por Mbappé, Dembélé, Olise y compañía, imparables durante todo el torneo hasta el mediodía de Dallas.

Francia acumulaba 16 goles, seis victorias en seis partidos, ninguna prórroga, más de siete disparos a puerta por partido, el que más en todo el Mundial... Datos que explicaban su teórica superioridad sobre el resto, pero en la primera parte ante España se quedó a cero a todos los niveles. No encontró a Mbappé y a Dembélé y cometió errores que a estas alturas de Copa del Mundo te sentencian. Ante la eterna posesión de balón de España, todo lo que les podía salir mal, les salió mal.

Lucas Digne, su gran punto débil en una alineación plagada de estrellas mundiales, cometió un error de infantiles en el penalti sobre Lamine Yamal que provocó el gol de Oyarzabal; Saliba, su mejor central, sufrió una lesión muscular a la media hora y tuvo que retirarse del campo; Olise, factor X del equipo durante todo el torneo y el hombre capaz de conectar a un mediocampo físico y una delantera eléctrica, estuvo irregular y errático en los pases y regates, como fuera del partido. Solo en la primera parte ya había perdido cinco balones. Y a la hora del encuentro, Deschamps se vio obligado a sustituirle. El jugador revelación de la temporada en Europa hacía aguas ante una España infranqueable a la que sólo le habían metido un gol en todo el torneo.

En el descanso, el técnico galo tuvo que cambiar a Rabiot porque tenía amarilla y el colegiado le había perdonado la segunda tras una entrada a Fabián. Ahí apareció Koné, de la Roma, para hacer pareja con un Tchouaméni que notó mucho las dos semanas de inactividad.

Francia perdió la posesión, como era de esperar, pero perdió también cualquier oportunidad de hacer daño en las transiciones, su teórico punto fuerte. Cuando tuvo espacio, fue incapaz de darle opciones a Mbappé y Dembélé. El delantero del Madrid, que ha marcado cuatro goles en dos finales de Mundial y anotó en dieciseisavos, octavos y cuartos, no tiró a puerta hasta el minuto 64, ya con su selección dos goles abajo en el marcador.

Impotentes

El gol de Porro fue una buena muestra de los problemas de Francia en Dallas. Ni Doué ni Koné siguieron la marca del lateral del Tottenham y éste apareció solo en el área para acompañar la pared de Olmo. Impecable España, desastrosa Francia. Olmo fue inabarcable para Tchouaméni. Siempre a su alrededor, pero nunca controlado.

Deschamps trató de revolucionar su ataque en el tramo final dando entrada a Cherki por Olise, pero ya era demasiado tarde para los galos, que ni siquiera rozaron el gol de la honra y dispararon una única vez a puerta. En 2018 superaron a Bélgica por 1-0 en semifinales y en 2022 a Marruecos por 2-0. Incontestables y superiores.

Pero contra España, Mbappé, el hombre que aspiraba a acercarse a Pelé, fue una sombra del jugador que había sido durante todo el torneo. Enfadado con sus compañeros, impotente en el área y desesperado, terminó viendo la tarjeta amarilla por un feo codazo sobre Unai Simón en los últimos minutos del partido. Los jugadores de España se encararon con él y le pidieron explicaciones, pero se alejó mirando a la grada y al videomarcador. Ni siquiera contestó a sus rivales.

Sin reacción final

En la final de 2022 contra Argentina, Francia había llegado 2-0 por debajo al minuto 80 y ahí había aparecido Mbappé para marcar un doblete que provocó la prórroga, pero en Dallas no hubo milagro.

En el 88, tuvo en una falta en la frontal la oportunidad de acercar a su país en el marcador, pero su disparo se fue alto y su cabeza miró de nuevo hacia la grada. En el 89, Cucurella, veloz, evitó su tanto en el área pequeña tras una buena jugada de los galos.

El zurdo, su nuevo compañero en el Madrid, fue una pesadilla para las estrellas francesas. Detuvo cualquier intento de Olise y Dembélé y secó a Mbappé cuando tuvo que hacerlo. El delantero, mientras, se resignaba, consciente de que ahí acababa su Mundial.

A cero, 12 años después

Con la excepción de Argentina en la final de 2022, España ha sido la gran pesadilla de Francia en los últimos años. Los franceses, que sufrieron varios «olé, olé» en el tramo final, no se quedaban a cero en los 90 minutos de una eliminatoria de Mundial desde el 4 de julio de 2014, cuando cayeron 1-0 ante Alemania en los cuartos de final del Mundial 2014. 12 años sin quedarse sin marcar ningún gol en un cruce y sin perder, claro, porque contra Argentina cayeron en los penaltis.

Mbappé fue el primero en ir a saludar a los aficionados franceses y también el primero en irse a vestuarios, seguido de todos sus compañeros. Será, seguramente, el último partido de Deschamps como entrenador para dar paso a Zidane y a una nueva etapa de una selección que en la Eurocopa y en el Mundial ha caído contra la misma bestia negra.