Un dedo roto, una prótesis y un objetivo de Argentina: proteger al 'Dibu' Martínez para los cruces
«Es el partido. Miren afuera, muchachos, miren afuera. Todo el partido van a estar cagados estos». El grito de Emiliano Martínez en el túnel de vestuarios del estadio Lusail de Qatar, el penalti que le paró a Virgil van Dijk en la tanda y los tres que atajó a Colombia en las semifinales de la Copa América que ganaron en 2021 han convertido al guardameta en una pieza esencial para Argentina. Dentro y fuera del campo. Por eso, Lionel Scaloni tembló cuando, la noche del 20 de mayo, con la medalla de campeón de la Europa League al cuello, el arquero del Aston Villa hizo una confesión. «Me rompí el dedo en el calentamiento. Cada vez que agarraba la pelota, se me iba para otro lado», describió con la naturalidad y el descaro que siempre le acompañan.
Faltaban 29 días para que Argentina debutase en Kansas contra Argelia. ¿Y si el Dibu no llegaba? Estaban Gero Rulli y Juan Musso, pero nadie imaginaba la portería de Argentina sin él. Ni él iba a permitirlo. Su plan de recuperación empezó esa misma noche.
No podía operarse y optó por aguantar la inflamación y el dolor. «El dedo está perfecto. Tengo al mejor aquí», reconocía a gritos en un entrenamiento la primera semana en Kansas. El mejor es Pablo Capuchetti, el fisioterapeuta de la selección, hijo del ex comisario general y antiguo jefe de seguridad de la AFA, Alberto Capuchetti. Durante los primeros días tuvo que hacer «trabajo de baja intensidad», con los pies, evitando los tiros o despejando lanzamientos de pelotas de tenis. Lo mínimo posible para mantenerse activo sin correr riesgos, porque había dolor. «Sufrí mucho para bajar la inflamación», acabó reconociendo el guardameta. Horas de tratamiento y vendajes.
«Dejé que mi cuerpo se curase solo»
El dedo anular derecho estaba hinchado y debía tenerlo inmovilizado para que la fractura fuera haciendo callo. Entre tanto, la AFA recurrió al invento de dos jóvenes emprendedores. Francisco Francesch y Leandro Ramírez, ambos de Mar del Plata, la misma ciudad que Dibu, habían creado una especie de prótesis de plástico llamada Artogrip, que inmovilizaba la falange sin impedir la práctica deportiva.
Después del partido ante Austria, Dibu la llevaba y actualizó su particular parte médico, que no le había impedido estar bajo palos ni ante Argelia en el debut ni contra Austria. «Dejé que mi cuerpo se curase solo y no me operé, fue la mejor decisión», confesó. Tampoco es que tuviera demasiado trabajo. La FIFA contabiliza una parada entre los tres palos, tras libre directo de Marcel Sabitzer, aunque también le obligó a salir un remate de Farès Chaïbi.
La escasa entidad de los adversarios y la colaboración de sus compañeros, conocedores de la situación de su mano, le han permitido estar en las victorias que han llevado a Argentina a ser primera de grupo. «Defienden a morir y solo me tocó responder en una o dos pelotas», reconoció.
Ahora, con la clasificación como primera de grupo en el bolsillo, aparece un dilema para el cuerpo técnico. No es que Jordania, ya elminada, vaya a ser más peligrosa que Austria o Argelia, pero Scaloni sigue valorando proteger a los jugadores que vayan a resultar esenciales cuando la próxima semana arranquen las eliminatorias. Evitar cualquier mínimo percance en esa mano es vital ahora que, quién sabe, puede que haya que ganar algún cruce desde la tanda de penaltis. Lo mismo pude ocurrir con Messi.
El problema es que el arquero y el capitán quieren formar siempre en el once. Dibu sabe que cualquier paso atrás puede ser el último. Lo vivió en primera persona cuando llegó con 18 años a la absoluta, a la Mayor como la califica la AFA, en 2011 cuando Óscar Córdoba se rompió los ligamentos. En 2021, fue titular en la Copa América porque el meta de River, Franco Armani, enfermó por covid y se perdió el torneo. Además, Emiliano Martínez ahora persigue el sueño individual de ser el cancerbero con más porterías a cero de la historia con Argentina, algo que tiene a tiro, sólo a cuatro partidos.