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Sánchez engorda con 12.000 millones el gasto en Defensa para sobrevivir a Trump en la OTAN

«España es un aliado serio y fiable de la OTAN», ese eslogan es el que la ministra de Defensa, Margarita Robles, repite hasta la saciedad desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se fijó en el Ejecutivo de Sánchez por su negativa a aumentar el gasto en Defensa. Una piedra en el zapato que es uno de los quebraderos de cabeza de Pedro Sánchez. La OTAN y la UE han fijado como prioridad el aumento de recursos. Sus socios de gobernabilidad, sin embargo, rechazan el incremento de gasto militar, lo que deja maniatada a La Moncloa en el Congreso, pues tendría que echarse en manos del PP para aprobar cualquier asunto en esta materia que llevara a la Cámara Baja. La apuesta del Ejecutivo, atrapado en esta situación de tener que cumplir con sus compromisos mientras trata de esquivar vetos de sus aliados, es la ingeniería económica. Fundamentalmente acuerdos en el Consejo de Ministros que permiten engordar el presupuesto en Defensa, a la vez que sortea la Cámara Baja. Y junto a esa estrategia, las Fuerzas Armadas hacen lo posible para que el compromiso se materialice con cumplimientos de objetivos mientras los ataques desde la administración Trump son semanales.

Según los informes de Operaciones de ejecución del presupuesto y de sus modificaciones y operaciones de tesorería del Ministerio de Hacienda, en los últimos tres años, desde que el Ejecutivo convive con unas cuentas públicas prorrogadas, se ha modificado el presupuesto de Defensa a través de créditos presupuestarios en casi 12.000 millones (11.482 millones). En concreto, se aumentó la partida prevista inicialmente en 2.423 millones en 2023; en 2.755 en 2024; y en 6.304 en 2025. A esta cantidad hay que sumar partidas de otros ministerios como Interior, Seguridad Social, Industria o Transformación Digital que están destinadas a asuntos de seguridad, como, por ejemplo, las partidas para la ciberseguridad.

En ese propósito de lograr ese umbral del 2,1%, que es el que sostienen en el Gobierno que han pactado con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, el Consejo de Ministros aprobó un Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, que contaba con una inversión inicial de 10.471 millones para 2025, así como 16 nuevos techos de gasto, que completarán los 15 ya aprobados hasta la fecha y que permitirán al Ministerio de Defensa movilizar cerca de 34.000 millones de euros durante los próximos años. Estos recursos financiarán 31 Programas Especiales de Modernización (PEM). Según datos del Centro Delàs de Estudios por la Paz, el gasto de España en Defensa en 2025 habría ascendido a 33.123 millones, que incorporando partidas de otros ministerios podría llegar a los 40.457 millones, un 2,5% del PIB.

«España ha triplicado su gasto en Defensa y ha duplicado el número de soldados desplegados en misiones de la OTAN», es un mensaje que Sánchez repite cada vez que hay presión por parte de EEUU y la Alianza. En La Moncloa se han acostumbrado a los envites desde la Administración de Trump, pero aunque saben que políticamente el choque con el presidente americano no les va mal, intentan no echar más gasolina. «España es un miembro de pleno derecho y comprometido con la OTAN. Y cumple con sus objetivos de capacidades tanto como EEUU», señalan fuentes del Ejecutivo. Defienden, además, que el crecimiento económico de nuestro país hace que ese 2% del PIB sea una inversión mayor que la que realizan otros países que destinan un porcentaje mayor, porque ingresan menos. Además, la ministra de Defensa, Margarita Robles, recordó que «la Alianza Atlántica sin España no podría realizar un trabajo tan importante como el que hace».

A nivel de capacidades, el Estado Mayor de la Defensa aceptó todas las propuestas de la OTAN para ser un «aliado serio y fiable». Capacidades que son, en su mayoría, más armas para aumentar la disuasión y proteger al territorio atlántico. De momento el Ejecutivo ha alcanzado este 2026 ese objetivo fijado en 2014 del 2% del gasto en Defensa, y será a partir de 2027 cuando se vea si la previsión de Sanchez de no gastar más es posible o no para cumplir con las capacidades. Algo que Rutte ve casi imposible.

La otra estrategia de España para mostrarse como un socio serio es a golpe de personal. El Gobierno tiene claro que una presencia fuerte en misiones imprescindibles de la alianza es lo que marca la diferencia con otros países: «Hay países que gastan más de su PIB en Defensa, pero que no tienen material comparable al nuestro. ni una economía igual», describe una fuente consultada.

«Estamos en el Flanco Este, por tierra, mar y aire. Por lo tanto, respeto al papel de España», pidió Robles en la cuenta de X del Ministerio de Defensa ayer. De las 17 misiones que España tiene en el exterior, seis son bajo mandato de la OTAN para defender el territorio. Algunos de esos despliegues ahora mismo no tienen presencia española porque ha terminado la rotación, pero en la actualidad más de 2.000 militares participan en misiones defensivas de la Alianza, lo que supone más de la mitad de los soldados destinados fuera.

Mucho protagonismo tiene la misión de España en Turquía desde que estalló la guerra en Oriente Próximo. Porque en la base de Incirlik, el Ejército tiene 140 militares desplegados con una batería Patriot. Un trabajo que llevan a cabo desde hace más de diez años, pero que en estas semanas de guerra ha sido imprescindible para interceptar ataques. Hasta tres misiles se han derribado dentro del espacio aéreo de la OTAN gracias a la ayuda de la batería española. El arma nacional ha prestado la información y participado en el seguimiento mientras otra similar estadounidense, desde uno de los destructores, ha realizado el disparo.

Un ejemplo de colaboración entre las Fuerzas Armadas de España y Estados Unidos que muestra sus papeles imprescindibles dentro de la Alianza Atlántica. La relación a nivel castrense es «buena», según las fuentes consultadas, que dejan califican como «ruido político» los exabruptos de Donald Trump y restan importancia a la carta del Pentágono. La Armada tiene planeado enviar al grupo expedicionario Dédalo a Nueva York coincidiendo con el 4 de julio y la revista naval que han organizado para conmemorar el 250 aniversario de la independencia. Bajo el mando del por el portaviones Juan Carlos I, se trata de una fuerza altamente especializada que combina buques de guerra, aeronaves y unidades de Infantería de Marina. Allí coincidirán con el buque-escuela Juan Sebastián de Elcano, que también hará escala en la ciudad de los rascacielos.

Y mientras Trump habla sobre el papel de España, el Pentágono lanzó el pasado 17 de marzo una oferta de trabajo con la que blinda la utilidad de la Base Naval de Rota durante los próximos 10 años. A la espera de que llegue el sexto destructor de la clase Arleigh Burke, la US Nay está llevando a cabo «un estudio de mercado para identificar proveedores cualificados capaces de proporcionar servicios integrales de reparación, mantenimiento y revisión de grandes buques para las embarcaciones de la Armada de los Estados Unidos».

Más allá de este contacto directo con Estados Unidos, España se ha desplegado en Islandia el año pasado por primera vez para vigilar sus cielos, y el Ejército de Aire y el Espacio acaba de terminar su rotación en Lituania, donde han participado 12 aeronaves y 200 aviadores para garantizar la seguridad aérea. Una operación que también se ha sumado a la Centinela Oriental puesta en marcha tras la entrada de un dron ruso en el espacio aéreo polaco.

España está especialmente dedicada a la protección del flanco Este de la OTAN. Así, ahora mismo hay 627 militares en Letonia en dos misiones: 540 en un despliegue terrestre y 87 llevando una Unidad de Defensa Antiaérea. En Rumanía, la Infantería de Marina tiene 200 soldados desplegados, y un total de 800 se empelan en Eslovaquia, donde España está al frente del battle group.

La Armada también se desempeña para proteger a la OTAN dentro los Grupos Navales permanentes de la Alianza. El Buque de Aprovisionamiento de Combate (BAC) Patiño y la fragata Almirante Juan de Borbón acaban de regresar de su misión; mientras el cazaminas Tambre, con una dotación de 42 personas, está en el Mediterráneo; y el submarino Galerna, en unas operaciones de vigilancia del Mediterráneo. Todo un esfuerzo para ser «un socio fiable».