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Tuvimos a la más bella Teresa de Calcuta en Adif

2026/04/15.Foto Javier Barbancho. Juicio Supremo. Pardo de Vera. Tribunal Superemo

Cuando Isabel Pardo de Vera y Koldo García se vieron las caras en el Tribunal Supremo, lo más difícil era olvidarse de aquel mensaje: «Te he visto con el pantalón… estás buenísima».

La Justicia decidirá, pero si la ex presidenta de Adif y ex secretaria de Estado de Transportes participó en los amaños de mascarillas y de obras públicas y en el enchufe de Jésica, se demostrará una vez más que hay corruptos con pinta de corruptos y corruptos con una pinta estupenda. «Yo soy una persona profundamente institucionalista» fue la frase más definitoria de la alta funcionaria de Adif, que ayer se dio un paseo por el Supremo para regalarnos a todos un bocadito de savoir faire.

En lo estético, al menos, inauguró un estilo. Llegó elegante, muy guapa. Pantalones negros -conténgase, don Koldo-, discretos zapatos de tacón, chaqueta blanca, inmaculada. Dijo «en el ínter» en vez de «en el ínterin», pero no pateó más el diccionario. Respondió a todas las preguntas sin aspavientos. El acento gallego le asomaba al improvisar. Se defendió bien, aunque luego ya se verá. Según declaró, ella sólo cumplió órdenes ateniéndose a la ley y las mascarillas de Soluciones de Gestión no fueron decisión suya.

La dama se mostró cordialísima con Ábalos, por el que sentía «mucho respeto y confianza profesional». Eran muy cercanos. Tanto que, según la UCO, tras declarar ante la Guardia Civil, Pardo de Vera llamó al presunto cabecilla de la organización criminal para recomendarle que buscara un abogado. Alberto Durán, el letrado de la acusación popular, le preguntó por este incómodo episodio. Pero Marino Turiel -el abogado de voz curil que, ironías de la vida, representa al ex ministro- protestó, Andrés MartínezArrieta le dio la razón y la testigo, que está imputada en la Audiencia Nacional, pudo refugiarse en un silencio eterno.

Ella lo que prefirió fue narrar otros episodios que la retratan mejor como ella quiere que creamos que es. Sobre Ábalos explicó que le generaba «desasosiego» ver demasiadas veces a Víctor de Aldama metido en el hall privado del Ministerio cuando el ministro no estaba allí. No porque creyera que el comisionista -para ella, un simple empresario que tenía un restaurante en las Cuatro Torres- estuviera recibiendo adjudicaciones de Transportes, qué va. Sólo es que no le parecía estético que alguien ajeno a la administración anduviera por la planta noble «como gato por su casa», en palabras de la impagable Leticia de la Hoz.

De forma que nuestra dama le expresó a Ábalos su extrañeza, a lo que éste le respondió «que por supuesto no era una situación normal, que [Aldama] era amigo de Koldo y que Koldo era de esa manera… y que tomaba nota». Desde entonces, dijo, no volvió a verle solo por el Ministerio. Y parece que ella se quedó satisfecha. Luego conocimos la versión de José Luis Rodríguez, un guardia civil del Ministerio que respondía al juez como responden los guardias civiles («afirmativo», «negativo») y que explicó que el comisionista siguió entrando y saliendo mañana y tarde del Ministerio, e incluso aparcando en «el estacionamiento de las autoridades», hasta que Ábalos salió del Gobierno.

Un par de apuntes más. A Aldama -a quien, sin ser preguntada, describió como «afable, siempre muy educado»- se lo presentó Koldo «como el hermano del escolta del señor ministro [Íñigo] De la Serna», a cuyas órdenes ella también trabajó. De modo que puede decirse que dos escoltas fueron el Bing Bang de esta estridente macrocorrupción.

El único acusado que se quedó sin los delicados elogios de Pardo de Vera fue Koldo. Aunque no le llamó bruto ni nada parecido: era «el transmisor» del ministro y un tipo «singular» que «no respondía a los estándares institucionales de las administraciones públicas en las formas». «No he conocido a una persona así en mi trayectoria profesional», se sinceró.

Por lo demás, ya se sabe que las damas no pierden el tiempo en chismorreos, así que la nuestra fue «la última» en enterarse de que Jésica y Ábalos estaban juntos. Y, como es lógico, se disgustó. Aquella relación amorosa/contractual no cumplía, por entendernos, los estándares. ¿Pardo de Vera movió el currículum de la joven amante? Sí, sí. Pero vivió engañada. Como nosotros: tuvimos a la más bella Santa Teresa de Calcuta en Adif y no lo sabíamos.