Elbridge Colby podría haber sido financiero como su padre Jonathan, actualmente en el fondo Carlyle, o experto en seguridad como su abuelo, el que fuera director de la CIA, William. El joven abogado escogió finalmente lo segundo, pero consciente de que es imposible sin lo primero, una base económica y financiera. Por eso Colby, actual subsecretario de Defensa para asuntos políticos y número 3 del Pentágono, muestra una obsesión desde antes de llegar al cargo: que los europeos dediquen más dinero a sufragarse su defensa y comprar a la industria de EEUU, mientras que Washington se centra en la batalla de poder con China. Colby es ahora el autor del plan contra el Gobierno español en la OTAN destapado por Reuters. La idea de Colby de castigar a los aliados no alineados con EEUU, promoviendo una por ahora legalmente imposible suspensión de España como miembro de la OTAN, es coherente con lo que viene defendiendo desde hace muchos años. Autor del libro La estrategia de la negación, cómo América puede ganar a China sin guerra, fue alto cargo en el primer mandato de Donald Trump y uno de sus asesores de política exterior para su vuelta a la Casa Blanca.
En mayo de ese año este republicano, graduado en Harvard y Yale, hizo esta declaración a Politico antes de la victoria sobre Kamala Harris: «Deberemos evaluar nuestras alianzas y asociaciones de forma integral y prepararnos para utilizar zanahorias y palos para fomentar el tipo de comportamiento que consideramos adecuado desde nuestro punto de vista».
Colby, de 46 años, representó a Estados Unidos en la última reunión de ministros de Defensa de la OTAN el pasado febrero. Allí, ante el secretario general, Mark Rutte, y la ministra española de Defensa, Margarita Robles, fue claro: «EEUU debe priorizar los escenarios donde su poder es decisivo, como el Indo-Pacífico». Planteó lo que llamó una «OTAN 3.O» financiada por los europeos, porque la «OTAN 2.0 en la que EEUU aportaba la mayor parte del poder militar avanzado mientras Europa invertía relativamente poco ya no es sostenible». Hace apenas diez días, en otra reunión internacional lanzó este mensaje premonitorio de lo que prepara el Pentágono para los aliados díscolos que no ceden las bases para la operación Furia Épica: «El presidente Trump ha dejado claro, con razón, que espera que los aliados y socios den un paso al frente y ayuden a garantizar la seguridad de esta vía navegable vital en Oriente Medio. Quiero subrayar lo crucial que es esto para el futuro de nuestra relación».
Colby está convencido de que EEUU corre riesgo de dejar de ser la primera potencia económica mundial y debe destinar sus recursos y potenciar su industria para frenar a China. Es cordial en el trato, como pudo apreciar el número dos del Ministerio español de Exteriores, Diego Martínez-Belío, cuando Colby lo recibió en Washington el 9 de mayo del pasado año, como publicó este diario, y le preguntó si había habido ciberataque en el apagón español. Martínez-Belío lo descartó y aseguró en todo caso al halcón que España compartía su visión geopolítica. El subsecretario elogió a la salida «la visión lúcida y de sentido común del enviado español». Probablemente no lo repetiría hoy.
