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20 años del oro de Saitama que cambió el baloncesto español: "Aquí empezó algo de verdad"

20 años del oro de Saitama que cambió el baloncesto español: "Aquí empezó algo de verdad"

Si alguien lee Saitama es fácil que su mente comience a pensar en uno de los triunfos más históricos de la selección española de baloncesto. En la ciudad japonesa, con Pepu Hernández a la cabeza, Pau Gasol, Rudy Fernández, Carlos Jiménez o Jorge Garbajosa, entre otros, se consiguió la primera medalla de oro de España en un Mundial.

El auditorio del hotel Meliá Castilla de Madrid ha acogido este lunes un acto conmemorativo en honor a los 12 jugadores y al técnico español que alzaron aquella copa un 3 de septiembre de hace 20 años. Con la presencia de todos ellos y bajo un manto de nostalgia por cada vídeo que iba recordando todos los pasos de aquella gesta, el centro de la charla ha girado en torno al factor humano, tan necesario para crear un grupo no solo de jugadores técnicamente deslumbrantes, sino de amigos que fueron a un Mundial a jugar como quien echa una pachanga con sus vecinos de toda la vida en la pista del barrio. Así lo comentaba Pepu: "Tenían una relación especial. Eran amigos y eso se notó desde el primer día".

El triunfo emocionó a todos, pero quien lo recuerda sabe que las lesiones de jugadores indispensables marcaron la trayectoria de aquel campeonato. Aunque parece que, precisamente, eso, las dificultades, era lo que les motivaba. La historia así lo demuestra. Un torneo perfecto, con nueve victorias, hasta llegar a la final contra Grecia. El último rival no era, ni mucho menos, sencillo. La que acabaría siendo subcampeona del mundo llegó al último partido tras eliminar a Estados Unidos en un encuentro muy ajustado (101-95), pero una España asombrosa supo resolver aquel duelo como si la presión no existiera: 70-47 y campeones del mundo.

La lesión de Pau Gasol

El camino no fue de rosas. Quizás eso diferencia a los grandes campeones del resto, pero los baches que tuvo que superar este equipo no fueron, ni por asomo, los que un grupo debería pagar para acabar tocando el cielo. La estrella de la selección, el hombre al que todo el mundo admiraba, Pau Gasol, sufrió una lesión en la semifinal, dejándolo fuera del que era el partido de su vida. El mayor de los Gasol se fracturó la base del quinto metatarsiano en el encuentro frente a Argentina. "Llegué con una línea de estrés en el pie y aguanté hasta ese partido", explicaba el catalán. "Aun así fue el partido que más he disfrutado en mi vida, y eso que no pude jugarlo". Pau mostró en ese momento su compromiso con el equipo y la fortaleza física que siempre lo ha caracterizado. En la semifinal, ya lesionado, lanzó dos tiros libres que acabaron subiendo al marcador: "Pude meter esos dos tiros libres, sufrí mucho esos dos minutos, pero hicimos todo lo que pudimos para ganar".

A pesar de todo aquello, el grupo siempre fue un grupo. Lo recuerdan entre risas con anécdotas como la visita a un zoo de los jugadores en Japón o la idea de patentar los curiosos retretes asiáticos en España: "Vimos un negocio tremendo en los retretes japoneses, flipamos con aquello. Hablamos de cómo iba a ser la empresa para traerlo todo aquí", recordaba entre risas Álex Mumbrú.

Todo ello sin dejar al margen la histórica y multitudinaria celebración que se concentró en la Plaza de Castilla de Madrid para recibir a los campeones del mundo. "No era normal aquel recibimiento en España para el baloncesto, por eso fue todo súper natural y muy emotivo", explicaba Carlos Jiménez, el entonces capitán del equipo. Un antes y un después, sin duda, del baloncesto en este país. "Fuimos capaces de mandar un mensaje a la gente y los hicimos formar parte de nuestro equipo. Aquí empezó algo de verdad", añadía Calderón.

Todos coincidieron en que no eran conscientes de la alegría que habían generado en todo un país. En eso, y en algo que transmitieron en aquel momento y que los 12 deportistas siguen confirmando hasta el día de hoy: "Fue el mejor momento de mi carrera, a años luz del segundo". Eso decía Garbajosa, pero lo repetían cada uno de los presentes.

Dos décadas después, el recuerdo del oro de Saitama sigue ocupando un lugar privilegiado en la historia del deporte español. Aquel título no solo consagró a una generación irrepetible de jugadores, sino que demostró que el talento es mucho mayor cuando el factor humano cobra la importancia que merece. Quizás el mayor legado de aquellos campeones no fue únicamente bordar la primera estrella en la camiseta de la selección española, sino demostrar que un grupo de amigos podía conquistar el mundo. Como diría Pepu Hernández, simplemente: "ba-lon-ces-to", nada más.


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