En enero de 2018, LaLiga anunciaba por sorpresa un domingo que había firmado un acuerdo de colaboración con la Federación de Fútbol de Arabia Saudí para que llegaran a España nueve futbolistas, siete profesionales y dos juveniles, que se integraría seis meses en equipos de Primera y Segunda como cedidos. Se trataba de una especie de Erasmus, muy bien pagado por la General Sports Authority saudí, para elevar el nivel de la selección de Arabia, que iba a competir en el Mundial de Rusia por primera vez en 12 años.
Deportivamente no sirvió de mucho, porque solo le ganaron a Egipto y no pasaron de la primera fase y, además, ninguno de los jugadores mostró nivel para quedarse. Sin embargo, uno de ellos portará hoy el brazalete de capitán ante España en Atlanta.
Salem Al-Dawsari lleva el 10 a la espalda y es una estrella en su país, donde a sus 35 años sigue jugando en el Al-Hilal. Con el equipo nacional supera el centenar de partidos desde que debutó en febrero de 2012 y lleva marcados 26 goles, algunos que han quedado para la historia del fútbol mundial por el significado que tuvieron. Fue por su proyección por lo que fue elegido en el grupo que viajó a España y uno de los dos que debutaron en Primera.
Primero lo hizo Fahad Muwallad, que jugó minutos en dos partidos con el Levante, pero se vio envuelto después en varias polémicas de dopaje que lo apartaron de la selección. El turno para Al-Dawsari llegó más tarde, en la última jornada. Fueron 33 minutos con la camiseta del Villarreal. Eso sí, contra el Real Madrid en un duelo que acabó 2-2 en El Madrigal. Sustituyó a Javi Fuego en el 57, apenas tres minutos antes de que entrara también al campo Benzema, con quien lleva unos años compartiendo vestuario.
Las crónicas no resaltaron su actuación. Era difícil adaptarse a una competición muy superior y a un equipo que buscaba el objetivo de alcanzar plaza europea, aunque en el vestuario groguet le recuerdan. «Técnicamente era muy bueno. Cogía el balón y buscaba la portería, pero no sabía que había que defender. Tácticamente era un desastre», cuenta el central Álvaro González, que solo comprendió quién era aquel con quien había compartido unos meses cuando se marchó a jugar con Al-Nassr, primero, y Al-Qadsiah después. «Aparecía por todas partes, en anuncios de televisión, en carteles... era el Neymar de Arabia», relata. En Villarreal se recuerda cómo el anuncio de su fichaje hizo crecer el tráfico de la web oficial de visitas procedentes de los países del Golfo. Incluso después se lanzó una campaña en redes preguntando qué pasaba con él y reclamando que jugara.
En esa plantilla del Villarreal también estaba todavía Rodrigo Hernández, con el que se saludará en el sorteo de capitanes, y el entrenador era Javi Calleja. Su ayudante era Luismi Loro, que recuerda al futbolista y, además, volvieron a encontrárselo como rival cuando estuvieron dirigiendo al Al-Riad hace unos meses.
«Recuerdo que tenía mucha calidad. Era muy eléctrico en el uno contra uno, de esos jugadores que salen del regate con facilidad. Pero luego le faltaba tomar bien la última decisión, que es algo que aún les cuesta mucho a los jugadores saudís», explica a El Mundo.
Al-Dawsari tenía que aprender en los entrenamientos, porque el Villarreal tenía la exigencia de llegar a Europa y eso no dejó tiempo para mejorar a un becario. «Era muy disciplinado y siempre se quedaba a trabajar después del entrenamiento, pero tácticamente no tenían una buena base, ni rigor, porque no se lo habían enseñado, y eso se notaba», destaca. Eso ahora ha cambiado. El salto de la Liga Saudí ha permitido que estos jugadores internacionales convivan en el día a día con estrellas en sus equipos y con entrenadores que les han aportado. «Él es un emblema en el Al-Hilal y en la selección, y lleva años jugando con Benzema, Malcom, Theo Hernández, Koulibaly... tiene muchos de los que aprender», recuerda Loro. De heccho, Al-Dawsari va acumulando títulos individuales. En 2022 y en 2025 fue elegido mejor jugador asiático, y el pasado año fue, además, el mejor futbolista de la Liga saudí y el máximo goleador de la Champions asiática, reconocimientos que nunca había conseguido un profesional del reino.
Arabia llega a este Mundial viviendo aún de la derrota que le endosó a Argentina en el arranque del campeonato en Qatar en 2022, pero ahora suma el empate con Uruguay, otra campeona del Mundo, como hito. Heroica resistencia, sujetos a su portero, ante el asedio del equipo de Bielsa. «Por cómo montaron su Liga, el crecimiento ha sido brutal. Han ido armando categorías inferiores, que no existían, han importado jugadores, pero también entrenadores pero, a la vez, han ido protegiendo a su selección», cuenta Luismi antes de explicar por qué. «Solo puede haber ocho extranjeros en cada equipo, que pueden ser los mejores del mundo, pero van a convivir con el resto de la plantilla, que tienen que ser saudís. No vale que hayan nacido en Qatar o de Emiratos. Eso, desde mi punto de vista, les ha convertido en un campeonato competitivo y, además, lleva a la selección a disputar estos campeonatos». Tres lleva consecutivos, algo que, por ejemplo, no ha conseguido Italia, ausente desde 2o14.
Ante Uruguay no marcó -lleva 10 esta temporada y 26 en total con el equipo nacional-, pero jugó los 90 minutos. Este es su tercer Mundial. Marcó en Rusia en 2018 el gol de la victoria frente a Egipto y en Qatar marcó el 1-2 con un balón a la escuadra que sentenciaba a Argentina. Cuatro años después, aún no ha aparecido, pero amenaza a España.