Cultura

Andrés Trapiello: "Nadie se hará responsable del quebranto espantoso de estas políticas"

Andrés Trapiello: "Nadie se hará responsable del quebranto espantoso de estas políticas"

Hay alguien, siempre la misma persona, que corrige las pruebas de cada entrega del Salón de los pasos perdidos. Cuando termina su tarea, el autor de los diarios, Andrés Trapiello, le pregunta ¿qué? ¿qué tal este? Espera, claro, que le diga que muy bien, que cada vez mejor, que cada año se supera. Pero el colaborador tiende a relativizar y le responde: «Andrés, me parece lo mismo que todos». La anécdota explica hasta qué punto cada salón de Trapiello es parte de un todo. «Hay gente que me pregunta ¿por dónde empiezo con los diarios?», dice el autor. «Y siempre digo lo mismo. Lee el último y, si te gusta, sigue con el primero».

El último se llama De todo tiene y con él, el Salón de los pasos perdidos, la novela en marcha que Andrés Trapiello escribe con sus diarios desde 1990, llega en 2026 a su 25ª entrega, editada por el sello familiar, Ediciones del Arrabal. Para los no iniciados: desde 1990, Trapiello toma sus diarios de cada año y los convierte en lo que él mismo llama una novela en marcha, hecha de pequeños relatos familiares, políticos, costumbristas y fantasiosos, de aforismos, de chascarrillos, de raptos de lirismo, de naderías.

De modo que todos los salones son fractales de un todo y, a la vez, son algo único. En De todo tiene aparece retratado el año 2011 y hay algunas novedades: la familia de Trapiello (los personajes llamados G., R., M. y A., o sea, Trapiello) siempre representó un refugio en el conjunto del Salón, una subtrama amistosa y dulce que equilibraba otras partes más ásperas. Esta vez, en cambio, en las páginas dedicadas la familia aparece la angustia. Hay momentos de desesperación y de cólera. Como en cualquier familia, claro.

¿Usted ha sido consciente de que el Salón es un juego de equilibrios entre lo amable y el conflicto, entre los rituales que se repiten y lo nuevo, entre lo cómico y lo delicado? ¿Cuida esos equilibrios?
Sí y no. De eso se trata. La diferencia entre un diario y una novela estriba en eso: en dosificar, en dotar de sentido a la vida. La vida no tiene sentido, y los diarios tampoco. Las novelas se lo dan. Unas tienen un gran argumento, Guerra y paz, y otras solo tienen una trama, el Quijote. A Galdós, con el tiempo también le estorbaban los argumentos. Mi idea siempre fue escribir una novela. Pero yo no sabía escribir las novelas que me gustaban. Me dije: «Esas novelas cuentan vidas y yo tengo una, la mía. Empecemos por esta». Me fijé en otros diaristas. Casi todo el mundo contaba una parte de su vida. Unos relataban su vida sexual, como Anaïs Nin. Otros eran diarios intelectuales, como los de Jiménez Lozano, o políticos, como los de Azaña, o literarios, como los de Pla. Los de estos tres, aunque en general excluyen de ellos la intimidad, me han gustado mucho, pero mis preferidos son dos que parecen antagónicos, los de Stendhal y el de Bernardo Soares, el Libro del desasosiego. Hablan de sí mismos sin mirarse al espejo y con naturalidad. Fueron capaces de contar su intimidad sin destruirla y sin destruirse. Son las obras de dos solitarios que se relacionaban con la gente. Uno pasó media vida en las tabernas, el otro asistía a la ópera a diario. Pero cuando se ponen a escribir desaparece casi todo y lo que escriben cobra vida. Una vida que tampoco se parece tanto a la realidad. Pero pasado el tiempo esos libros son más reales que la realidad histórica de donde surgieron.

¿Y lo de la familia? «Una de las frases más discutibles de la literatura es la de Tolstoi, "todas las familias felices se parecen; solo las desdichadas lo son cada una a su manera". No hay familias enteramente felices o desdichadas, todo se da mezclado, y la misma familia pasa por muchos estados distintos. En todo caso la familia feliz tiene mala prensa literaria, como el amor conyugal en poesía. Pero de todo se puede escribir si se le encuentra el punto. Unamuno lo hizo. Incluso de sexo; si es lo único que yo he excluido de estos libros, es por no saber hablar de ello con naturalidad».

«La dosis familiar en los diarios es parecida a otras dosis que se encuentran en esas páginas», cuenta Trapiello. «El campo y la naturaleza, los bolos y embolados profesionales, mis paseos por el Rastro, mis encuentros y desencuentros, las furias y los aplanamientos, las misantropías o las situaciones chuscas... La mayor parte de lo que cuento le sucede a todo el mundo. Estos libros se hacen con lo que tienen a mano, y no estoy seguro de que un bodegón con una langosta sea mejor que otro con unas patatas, ni que para que un retrato sea bueno, el retratado haya de ser guapo. No hay vidas buenas o malas, sino mal o bien contadas... Mi familia es una familia en la que nadie se tira a degüello ni se hacen las charranadas que al parecer gustan a algunos lectores y eso puede llamar la atención. El punto está en evitar quejarse o presumir, esa es la cosa, pero no siempre lo consigue uno y los equilibrios a los que se refiere los acabas haciendo, desde luego, un poco por instinto, como se hace casi todo en esta vida. Como caminar, a poco sano que estes. No piensas: 'ahora un pie, ahora el otro'. Te desentiendes, y la vida pone el resto».

Una aclaración: parte de la angustia familiar que aparece en De todo tiene ofrece una interpretación política. En sus páginas, España entra en 2011, el peor año de la crisis, el último de José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno y el de la acampada de Sol. Y uno de los hijos de Trapiello, R., un ingeniero de caminos de 30 años que siempre se esforzó y cumplió con sus obligaciones, descubre que España no tiene nada que ofrecerle. ¿No es ese conflicto el núcleo del malestar de aquel año, de aquel mayo de los indignados?

«En el libro se relatan estas dos escenas de aquel 15-M de 2011: en la Puerta del Sol una multitud juega a la revolución. En la plaza de la Ópera, a menos de un kilómetro, media docena de personas de UPyD, con Rosa Díez y Álvaro Pombo al frente, arenga a docena y media de curiosos, muchos de los cuales se can a los cinco minutos. Quince años después, Pablo Iglesias, que ha sido vicepresidente de Pedro Sánchez, no ha solucionado el problema de la vivienda ni el empleo de los jóvenes, pero habla abiertamente de convocar un referéndum sobre la monarquía, hacer una Federación de Repúblicas ibéricas. Y, al conocer la imputación de Zapatero, dice 'mi amigo Zapatero'. 15 años después, Upyd y Ciudadanos han desaparecido, es verdad, pero Rosa Díez, Savater, Pombo, Azúa, Ovejero, de Carreras y unos cuantos más siguen recordando a quien quiera oírles el legado de Zapatero: su pacto con los terroristas de ETA, su ley de Memoria Histórica y su blanqueo de los independentistas catalanes, todo ello amplificado y empeorado por Pedro Sánchez. ¿Cómo se recordarán estos días dentro de otros 15 años? De la misma manera que ahora: nadie querrá hacerse responsable, habiéndolo sido, del quebranto espantoso que estas políticas tuvieron en la igualdad y libertad de los españoles».


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