Cultura

Como en casa, en ningún sitio

Como en casa, en ningún sitio

En lo que va de mes, no he parado de viajar. México-Madrid. Madrid-Estocolmo. Madrid-Islas Canarias. Madrid-Barcelona. Calculando las distancias, habré recorrido, aproximadamente, 14.080 kilometros más los viajes de regreso. En 22 días. Y les puedo asegurar que estoy muy cansado pese a que todos hayan sido viajes de trabajo, de este trabajo que me gusta tanto que hace que siempre encuentre el placer y saque partido y chicha al periplo.

O quizá eso fuera hace mucho tiempo. Ya no sé si mi cansancio responde a que estoy mayor. O quizá se deba a que ya he recorrido mucho mundo. Puede ser también que, en realidad, no me guste tanto viajar como yo pensaba. ¿Se deberá a que ya conozco lo que siempre quise conocer? Las Vegas, Londres, Los Ángeles y Nueva York... ¿O solo serán excusas que uno mismo se inventa? Porque lo que sí tengo más claro según pasan los años es aquello que decía mi abuela cada vez que regresaba de vacaciones: como en casa de una, en ningún sitio.

Muchos serán los que piensen que estoy loco. «Este tío, que tiene la suerte de viajar cómodamente, de dedicarse a lo que le gusta, de viajar con su mujer y sus amigos al compartir trabajo... Es un desagradecido». Quizá lo sea. Pero es verdad que cada día me gusta más estar en mi casa. O al menos en alguna de las casas que tengo. Sí, creo en el ladrillo. Esa va a ser mi jubiliación. Es por ello que, cada vez que tengo tiempo libre, lo ocupo de una forma que jamás hubiera imaginado años atrás. Nada de salir a discotecas, nada de quedar para cenar. Como mucho, todo en mi casa o en la de amigos.

Últimamente, no hay nada más placentero que pasarme el domingo metido en mi biblioteca revisitando revistas de las que ni me acordaba que tenía o iniciando la lectura de los libros que me compré en mi último viaje a Dublín, en el Museo de Historia. Mi museo particular y privado lo tengo en casa y no hago cola. También me chifla invitar a mis padres a casa para que degusten mi nuevo plato estrella después de haber sido tercer finalista en Masterchef. O dedicar la tarde del viernes a documentar, catalogar y completar mis albúmes de fotos de mi ídolo, Fabio Mcnamara, pegándolas a la vieja usanza, con cantoneras en tomos encuardernados en cuero rojo y letras doradas.

Servidor ya ha alternado mucho, también ha golfeado y ha viajado. Ahora procuro que todo lo que hago sea en casa. Me divierte más. Viajar, más si es en avión, me resulta un coñazo. ¿Me está afectando el clima tan extraño que azota a nuestro país?¿Será solo cosa mía y pienso que últimamente solo disfruto en mi casa?

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