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Dani Olmo: el niño que no quería una foto con Messi ahora es el '10' que quiere ganarle el Mundial

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Castelldefels, 2006. «Ven, Dani, está aquí Messi, ¿quieres hacerte una foto con él?», le preguntó Miquel Olmo a su hijo, que estaba dándole patadas a un balón amarillo contra una pared del campo municipal. La sorpresa es que le dijo que no. Rotundo. No era por timidez, es que lo que él quería era seguir jugando. A regañadientes, fue a la grada, se sentó al lado del argentino, que acaba de cumplir los 18 pero ya había ganado dos Ligas con aquel Barça de Rijkaard y Ronaldinho y una Champions, y se hizo una foto con cara de poco entusiasmo que hoy es un tesoro. Prueba de ello es que la tiene enmarcada en su casa.

Quizá entonces Messi ya pensaba en jugar finales de Mundiales, porque en pocos meses debutó en Alemania y marcó su primer gol, pero Olmo aún no. Su mente aquella tarde estaba centrada en pegarle patadas al balón amarillo contra la pared. Aquel niño rubio, que 20 años después la jugará, ni siquiera había entrado en La Masía,

El domingo ambos saldrán al MetLife de Nueva York con el '10' a la espalda buscando levantar la Copa del Mundo. Los dos han demostrado que son capaces de cambiar la cara de sus equipos cuando están en el campo. Nadie se imagina a Argentina sin Messi en un gran torneo, pero tampoco a España sin Dani Olmo, aunque haya costado, y cueste mucho esfuerzo.

Olmo es el catalizador del juego de la selección. Lleva la experiencia de dos Eurocopas a la espalda y vivió la dureza de la eliminación en el Mundial de Qatar. De aquello le queda un aprendizaje infinito y la huella de haber sido el jugador que marcó el gol 100 de España en los Mundiales, a Costa Rica.

El dorsal '10'

Su explosión llegó en la Eurocopa de Alemania donde se sobrepuso a arrancar de suplente y, sobre todo, a un runrún que le motivó especialmente. «Eligió el dorsal '10' y hubo ciertos comentarios sobre si era el tipo de futbolista que debe llevar ese número. Eso fue una motivación para él, porque quería demostrar que estaba a la altura, como así fue», cuentan desde su entorno. Lo ven mucho mejor en este Mundial que hace dos años, a pesar de que aún no haya marcado. «Físicamente ha llegado en un moemento tremendo porque hace muchos meses que no tiene molestias ni lesiones», añaden. De hecho, lo ha todo en 2026, con el Barça y con la selección, y ha marcado tres goles y dado seis asistencias.

A Luis de la Fuente siempre le cuesta encontrarle un hueco en el once, una situación que no es nueva para Olmo y ante la que sabe que, si demuestra, el riojano corrige. Lo hizo en el Europeo Sub-21 de Italia. Tras un primer partido en el banquillo, fue la revolución y MVP en la final contra Alemania.

En la Eurocopa, se impuso en el debate con Pedri antes de que el canario se lesionara y se destapó como uno de los mejores futbolistas del torneo. Fue, además, máximo goleador junto a otros cinco jugadores. Firmó con el Barça, no sin polémica por la inscripción, y se encontró con Pedri y el amanecer de Fermín, con quienes tiene una relación «brutal» en el campo y fuera de él. Tampoco partió como titular en el debut del Mundial ante Cabo Verde y le tocó probar banquillo en el partido frente a Uruguay, pero Olmo, que ya conoce a De la Fuente, sabía que acabaría volviendo a ser una pieza clave.

Hace tiempo que quería verse las caras con Messi, el mejor jugador de la historia, el mejor canterano del Barça y un espejo para quienes crecieron en La Masía. Justo ahora esta generación de futbolistas españoles no teme a nadie. Olmo esperaba que este cruce se diera en la Finalísima y será en un escenario aún mayor. Nunca ha tenido a Leo enfrente. En un cruce de Champions entre el RB Leipzig y el PSG, cada uno se perdió un partido y no coincidieron. El duelo que tiene pendiente ha llegado.