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De Connecticut a Nueva York, la obsesión del capitán Rodri: "Lleva todo el año con eso en la cabeza"

De Connecticut a Nueva York, la obsesión del capitán Rodri: "Lleva todo el año con eso en la cabeza"

El 11 de julio de 2010, Rodrigo Hernández Cascante, Rodri (Madrid, 30 años) estaba en mitad de un bosque de Connecticut, no demasiado lejos de donde mañana busca culminar el sueño que tuvo ese día. Está de más referir la efeméride de ese día, pero sí viene a cuento situar al capitán de la selección española, justo en esa fecha, en un campamento para aprender inglés al que le mandaron sus padres aquel verano en una nueva muestra de algo que ha marcado la personalidad de Rodri: en casa, si los estudios no iban bien, el fútbol tampoco. El caso es que el 11 de julio de 2010, en un bosque de Connecticut, Rodri logró que los monitores le pusieran una televisión para poder ver la final de Johannesburgo.

"Y cuando marcó Iniesta salí corriendo yo solo por el bosque. Nadie entendía nada", recordaba pocos días antes de comenzar el Mundial en una entrevista con FIFA. La obsesión de Rodri por el Mundial de fútbol quizá nació ahí, pero desde luego ha ido tomando cuerpo con el paso de los años. Estamos ante su segunda presencia en la Copa del Mundo después del mal sabor de boca que le dejó Qatar. No solamente por la eliminación en octavos contra Marruecos, sino porque disputó todos los minutos... pero como central.

Fue la culminación de un proceso en el que, hasta ese momento, y después de haber debutado con la absoluta en 2018, estuvo a la sombra de Sergio Busquets. Un poco al modo de lo que le sucede ahora a Zubimendi, Rodri tenía por delante al mejor del mundo en aquel momento, y en Qatar Luis Enrique pensó que alguien tan bueno como Rodri debía jugar, pero no era la hora, pensó el asturiano, de jubilar a 'Busi', de modo que la solución fue la que fue y salió como salió.

Busquets se retiró de la selección después de esa cita y, ahí sí, Rodri tomó los mandos del equipo anclado también a Luis de la Fuente, que lo conocía desde el Europeo sub'19 del año 2015. Los resultados, ya sabidos: Liga de Naciones de 2023, Eurocopa de 2024... Y entonces, su rodilla se destrozó en septiembre de ese año. Ahí su carrera, su forma de afrontarla, cambió por completo. Tardó unos meses en darse cuenta, pero en el verano de 2025 cayó en la cuenta de que estaba cometiendo el mismo error que en los seis años precedentes.

70 partidos, 5.000 minutos

Después de reaparecer en el Mundial de clubes, junio de ese 2025, no descansó ni siquiera cuatro semanas, repitiendo la fórmula que llevaba empleando en sus vacaciones desde 2019. Habían sido cinco temporadas tocando los 65-70 partidos al año, rozando, o alcanzando, los 5.000 minutos. Por ejemplo, en la 23/24, el año de la Eurocopa, superó los 5.500 minutos. El caso es que se dio cuenta del error y, en octubre, pidió reunirse con Guardiola y le dijo a la cara que él, después de la lesión, necesitaba cambiar algunos hábitos y que desde ese día (día 5 para ser más concretos) iniciaba un proceso que desembocaría en varias semanas de trabajo específico, una especie de pretemporada de las de antes.

Un programa diseñado al detalle y en el que se volcó todo el Manchester City: cuerpo técnico, preparadores físicos, fisioterapeutas, recuperadores y nutricionistas. ¿Con qué objetivo? Con el de olvidarse definitivamente de la lesión, claro, con el de alargar su carrera deportiva, claro, pero, sobre todo, con el de llegar bien al Mundial. De hecho, después del partido contra Francia se viralizaron unas declaraciones de Guardiola (de esos días) en las que decía: "¿Sabéis cuándo vais a ver al mejor Rodri? En el Mundial con España". Guardiola le ayudó a conseguirlo.

Y aquí está, dando poquísimas entrevistas pero espantando las dudas que dejó, junto al equipo, en los primeros partidos y dueño de actuaciones descomunales a medida que los rivales iban siendo más poderosos. Especialmente llamativos fueron sus partidos contra Portugal y, el otro día, Francia. Rodri es el jugador del torneo que más pases da: 694, de los que llegan a buen puerto el 93%, un total de 648. Los dos que completan el podio, por cierto, son Laporte y Cubarsí, el triángulo de las Bermudas que para los rivales representa la salida de balón de España. Estos días repite, una y otra vez, una letanía que ya todos en la concentración se saben de memoria: "Yo he venido aquí a ganar el Mundial". Y lo repitió ayer en el impresionante Javits Center de Nueva York, sede de las ruedas de prensa oficiales, pero introdujo un matiz, no menor. " Se lo dije a los chicos antes de la semifinal. Hay que tener más ganas de ganar que miedo a perder. Vamos a ir con todo a por la Copa del Mundo".

"Lleva todo el año con eso en la cabeza", cuenta alguien que ha hablado con él muchas veces estos meses. Aquí es el segundo jugador que más veces se ha ofrecido a un compañero (389) sólo superado por Bellingham (475). Sin embargo, hay un dato demoledor que diferencia el tipo de juego del español y del inglés. Sólo cinco de esas 389 veces que Rodri ofreció salida de balón a un compañero lo hizo con alguien que estaba por detrás de él (esa labor la ejercen mejor Fabián y Olmo). La mayoría de esos ofrecimientos son a compañeros que están por delante de él (lo que se conoce como pase de seguridad). Son 269 las veces que se ha ofrecido así. Pero su liderazgo más llamativo en eso de las estadísticas lo ofrece la cantidad de kilómetros recorridos en el torneo. Es el que más (83,802 kilómetros en siete partidos), cinco kilómetros más que el segundo, Harry Kane.

Quizá así se entienda mejor una frase que pronunció justo antes de viajar a Estados Unidos: "Este equipo corre como un equipo pequeño y juega al fútbol como un equipo grande". Una frase del capitán, 69 partidos con esta camiseta y a punto de culminar el sueño que nació en un bosque perdido de Connecticut.


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