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Del niño Cristiano a ser "como Eusebio o el fado": "El bueno era Quaresma, pero un día Mendes nos dijo que tenía uno mejor. Parecía imposible"

Del niño Cristiano a ser "como Eusebio o el fado": "El bueno era Quaresma, pero un día Mendes nos dijo que tenía uno mejor. Parecía imposible"

En el Gardens North County District Park de Palm Beach, en Miami, ningún otro nombre suena tanto como el de Cristiano Ronaldo. En el mismo sitio donde el Real Madrid pasó el pasado Mundial de clubes, la selección portuguesa prepara una Copa del Mundo especial, entre la esperanza y la presión. Y ambas cosas se sostienen sobre los hombros de su mayor leyenda. Se mezcla la ilusión por darle a Cristiano el título que le falta 20 años después de su debut con la presión de que el tiempo se acaba y los debates sobre la forma de conseguir el trofeo: con él como principio y fin o, como en 2022, dejándole en el banquillo.

De momento, Roberto Martínez, antes del debut de esta tarde contra la República Democrática del Congo, en apariencia cómodo, no tiene dudas: «Es irremplazable. Su actitud es tan fresca como la de un joven de 18 años», ha dicho.

El delantero, que hace cuatro años salió llorando del Estadio Al Thumama de Doha pensando que quizás esos cuartos de final contra Marruecos eran su último partido en un Mundial, ha recuperado la sonrisa al verse capaz de estar en su sexta cita mundialista, récord histórico junto a Leo Messi. «Físicamente estoy bien, ¿no estás viendo los partidos?», contestó, irónico, a los periodistas cuando aterrizó con la expedición en Miami.

«Sé lo que la gente piensa»

A sus 41 años, Cristiano acusa los achaques de la edad, pero mantiene el olfato. Le cuesta moverse con la agilidad de antaño, orientarse con la rapidez de sus mejores días o encontrar el hueco con la velocidad de sus años más productivos, pero suma. Ha marcado 28 goles en 30 partidos en la liga saudí, cuatro de ellos en el último mes de competición, y ha convencido a Roberto Martínez y al vestuario de que, en el éxito o en la derrota, él será su delantero.

«Espero que podamos ganar. No sólo por Portugal, sino por todo lo que Cristiano le ha dado al fútbol», aseguró Bruno Fernandes hace un par de semanas. El centrocampista del Manchester United, uno de los líderes de la selección, alzó la voz para defender al '7' en mitad de los debates sobre su titularidad. «Sé lo que la gente piensa, que está claro que jugamos mejor sin Ronaldo. Pero si eso pasa, es nuestra culpa», dijo.

El aficionado habla, pero el vestuario, el cuerpo técnico y sus excompañeros cierran filas sobre «la bandera del país» desde hace dos décadas. Una historia inesperada. «20 años después de debutar, es el Rey. Eusebio era el Rey para nuestra generación, y para los más jóvenes el Rey es Cristiano. La bandera del país, como lo fue Eusebio o como es el fado. La bandera máxima», asegura a EL MUNDO Jorge Andrade, compañero de Cristiano en la Eurocopa 2004, el primer gran evento en el que el portugués se dio a conocer con su selección.

«Recuerdo su debut en Chaves, en 2003, contra Kazajistán. Era un niño que hacía de todo con el balón. Cogía la pelota en el vestuario y se ponía a hacer trucos con el balón, tonterías, como hacía Ronaldinho. Yo le seguía un poco y ahí empezamos a tener una muy buena relación», relata el exjugador del Oporto, Deportivo o Juventus.

«Tenía mucha personalidad»

En aquella época, el nombre de Cristiano estaba a la sombra de Ricardo Quaresma, el joven futbolista que tenía los focos de todo el país. «Decían que el bueno era Quaresma, pero un día Jorge Mendes llegó y nos dijo: "Tengo a uno mejor que Quaresma". Nos parecía imposible, porque Quaresma ya se había ido al Barça. Pero poco a poco Cristiano se dio a conocer. Fue a la Euro, metió gol en el primer encuentro, tiró el penalti contra Inglaterra e hizo un partidazo contra Países Bajos. Tenía mucha personalidad y mucha hambre. Cuando marcó en la semifinal, se quitó la camiseta y explotó gritando. Esa imagen sería hoy viral con las redes sociales», insiste Andrade.

Dos décadas después, Cristiano mantiene un físico que sigue llamando la atención en la concentración de Portugal. «Es increíble que esté así a los 41 años. Yo tengo 26 y no estoy así. Puedo prometeros que no es Photoshop, es que él es así», bromeó Vitinha esta semana.

En Qatar, las lágrimas con las que Cristiano abandonó Doha fueron fruto de la tristeza por perder, pero también por la frustración y por las semanas de polémica que rodearon la concentración portuguesa. Ahora Martínez lo tiene más claro y todo el país está rendido al mismo objetivo. Una Copa del Mundo para su «bandera». «Tenemos más ganas de ganar por Cristiano», acaba de decir Quaresma. «Cristiano es como un padre para sus compañeros, pero lo más difícil de su carrera ya lo ha hecho. Si no gana el Mundial, seguirá siendo igual de grande para el fútbol», finaliza Andrade.


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