Que lo grite Paraguay entera, que su selección está en octavos de final del Mundial tras vencer con épica a Alemania en los dieciseisavos. Sí, a Alemania. Sí, en penaltis. La primera tanda perdida por los germanos en una Copa del Mundo. La gran sorpresa del torneo hasta ahora. El sueño americano de Paraguay. Con Gill, desde hoy portero de leyenda en su país, como héroe al detener dos penaltis. Sanabria y Balbuena también erraron, pero Tah falló otro y Canale anotó el definitivo. Paraguay espera a Francia o a Suecia.
Quizás fue el calor de Boston, que en la tarde del lunes sí obligaba a una pausa de hidratación, pero Alemania salió como si la tarde no importara. Una traición a su propia esencia. El conjunto germano, que llevaba dos Copas del Mundo sin pasar de la fase de grupo, apareció en los dieciseisavos como favorita, pero después de caer ante Ecuador y con una ligera infravaloración de su rival en la previa.
Paraguay, intensa, ordenada, sólida a nivel defensivo y vertical en ataque, le supuso un quebradero de cabeza inesperado ante el que no tuvieron respuesta durante demasiados minutos. Junior Alonso pudo adelantar a los sudamericanos en el primer minuto del duelo, solo en el área pequeña tras un centro, pero apareció Neuer para achicar agua. Un mensaje que avanzaba la extrema relajación germana.
Los de Nagelsmann dominaron la posesión, acumularon pases y pases, la mayoría horizontales, y perdieron la pelota cuando trataron de avanzar. Sin finura, ni Sané, desastroso, ni Wirtz, ni Havertz ni Undav, titular en el lugar de Musiala, se encontraron para poner en peligro la meta de Gill. Su primer disparo a puerta, ya hablaremos de eso, llegó en el minuto 54.
En los primeros 45 sólo sumó posesión. Un 80% frente al 20% paraguayo, mucho más incisivo cuando disponía de espacio y opciones. Enciso, el mayor talento salido del país en los últimos años, fue el más peligroso de los sudamericanos. A su lado, Almirón, más veterano, ofreció las carreras que pudo.
Sin que hubiera sucedido gran cosa más allá de alguna arrancada de Paraguay a la contra, Enciso encontró premio a la resistencia y el ímpetu sudamericanos y cabeceó a gol un buen centro de Galarza. El descanso atropelló a Alemania, sin ideas y en shock. Nagelsmann retiró a Nmecha, un desastre con balón en Boston, y apostó por Goretzka, menos técnico todavía. El plan de Alfaro, seleccionador de Paraguay, no cambió, confiando en el que físico de sus jugadores se extendiera en el tiempo.
Alemania comenzó a morder un poco más y a darle más velocidad a la circulación de balón. Se ofreció más Wirtz, escondido y errático en el inicio, y el plan de Nagelsmann se centró en las bandas. Ganar línea de fondo y centrar a Undav y Havertz. Y funcionó. A los diez minutos y tras varios acercamientos peligrosos, Havertz peinó un buen centro de Wirtz y sorprendió a Gill, que se estiró pero no pudo llegar.
El regreso a las tablas ayudó a Alemania, que tiró de Musiala para aprovechar el golpe a los paraguayos, que además perdieron a Enciso, su mejor jugador, por lesión. Alemania apretó durante los siguientes minutos, más por la inercia del resultado que por convicción futbolística, pero se apagó cuando el termómetro se volvió a equilibrar.
Para el tramo final, Nagelsmann tomó la decisión más sensata de su extraño Mundial: situar a Kimmich, el mejor mediocentro del país y uno de los mejores del mundo, como mediocentro. Complicada elección, pensaría el seleccionador germano, empeñado durante toda la Copa del Mundo y la pasada Eurocopa en que el centrocampista del Bayern rinde mejor como lateral derecho.
Tímido asedio
Centrar a la estrella alemana dio velocidad al juego de su selección, pero Paraguay seguía bien asentada sobre el borde de su área, despejando todos los centros con Canale y Gómez convertidos en Nesta y Costacurta. Y el ritmo que Kimmich le añadía a la jugada se perdía cuando la pelota llegaba a los pies de Sané, Musiala y Wirtz, incomprensiblemente erráticos durante todos sus minutos en el campo.
Nagelsmann, desesperado, dio entrada a Woltemade, el gigante del Newcastle, para tratar de sorprender en algún balón alto a los centrales sudamericanos. Una solución a la alemana que ejemplifica los problemas del conjunto europeo para recuperar las virtudes y valores que la convirtieron en campeona en 2014. Le falta fútbol, mucho fútbol.
El final de infarto
Ya en la prórroga, el árbitro, avisado por el VAR, anuló un tanto de Tah por falta previa de Anton en el forcejeo con el portero. Kimmich dirigió el tímido asedio final, con un cabezazo de Anton a las manos de Gill, y el duelo derivó en penaltis para esperanza paraguaya y miedo, mucho miedo, alemán. Gill detuvo los disparos de Havertz y Woltemade, Sanabria lo envió fuera, Neuer paró el de Balbuena en el primer 'match ball' y Tah envió el suyo a las nubes para darle a Canale la opción de ganar. Y ganó. Paraguay lo grita, están en octavos.