Cultura

Iván & Hadoum: Romeo y Julieta bajo los plásticos de Almería y desde la experiencia trans (***)

Iván & Hadoum: Romeo y Julieta bajo los plásticos de Almería y desde la experiencia trans (***)

La moraleja clásica de Romeo y Julieta es sencilla: el amor lo puede todo, desde las convenciones familiares a la misma muerte. Se diría que el romance entre el hijo de los Montesco y la hija de los Capuleto es esencialmente adversativo. A pesar del odio que se profesan las familias, a pesar de la tradición, a pesar de los pesares que su deseo conlleva, ellos, Romeo y Julieta tiran para adelante. Lo que no queda claro es precisamente si esa oposición de la realidad es en verdad una barrera que hay que saltar o, bien al contrario, el necesario acicate para que el amor prospere. Es decir, ¿y si es precisamente la dificultad para consumar lo consumable, que no consumible, lo que otorga sentido a todo? ¿Y si fuera ese cierto picor sadomasoquista lo que incitase a pecar? ¿Y si fuera la tentación de contravenir la siempre aburrida realidad la que hace que dos almas esencialmente rebeldes se reconozcan? Ian de la Rosa, director y guionista como el propio Shakespeare, está convencido de ello, de que la gracia está en llevar la contraria, en ser exactamente lo contrario de lo que se espera de uno. Y, para demostrarlo, su brillante reinterpretación del mito romántico en su último trabajo que, en verdad, también es el primero.

Iván & Hadoum, presentada y premiada tiempo atrás en la sección Panorama de la Berlinale, es básicamente eso: la versión de la tragedia del Bardo que no aparece resumida en el wikipedia, la otra. Sus ingredientes no solo son poco habituales, sino directamente ajenos a definición alguna. Ella (soberbia la recién llegada Herminia Loh) es hispano-marroquí, ni de allá ni de acá del todo. Él es un joven transgénero (Silver Chicón se llama el actor) alérgico a nada que no sea su voluntad de ser el que quiere ser.

Su romance no discurre en un espacio más o menos idealizado, sino en los campos de plásticos de una Andalucía esencialmente cierta. Almería, en efecto, no es Verona. La historia avanza de la mano de una puesta en escena frontal y transparente, se diría que prodigiosa en su sencillez, contra las convenciones, contra los prejuicios, contra los imperativos de la explotación laboral, contra el machismo consecuencia probablemente de lo anterior y, lo más relevante quizá, sin dejarse llevar por el tremendismo agónico que habitualmente acompaña a las historias al límite de sí mismas. Es decir, es una historia "a pesar de".

La propuesta de De la Rosa tiene mucho de oda a la convivencia, pero sin descuidar los muchos peligros que siempre amenazan. No solo es una historia trans, ni solo una historia de racismo, ni solo una historia de rebelión contra la autoridad. Es todo eso y, ya se ha dicho, una historia de amor, de amor adversativo, pero de amor al fin. Y lo es desde la más entregada desnudez. Dice el director que Almería es habitualmente un lugar en el que se ruedan westerns, series de televisión fantásticas y hasta películas del antiguo egipcio. Pues bien, a su manera, la idea ahora es devolver al espacio condenado a ser un plato de ficciones cinematográficas, por definición siempre falsas, su verdad más íntima. Y así es.

La cámara evita en todo momento el conflicto para, precisamente, retratar en toda su amplitud y profundidad cada uno de los infinitos conflictos callados que sostienen la dureza de lo real. La puesta en escena siempre camina al lado de los personajes. Y ahí, en su sinceridad libre de retóricas y en cada uno de sus silencios expresivos, la película adquiere pulso, algo de amargura y la vibración que acompaña a todo lo vivo. Bien es cierto que, por momentos, el afán de sinceridad se acerca peligrosamente al exabrupto, a un feísmo buscado que se antoja gesto impostado. Pero se pasa rápido. Importa la permanente sensación de revolución, de revuelta, del ligero picor sado del mismísimo pecado. Amén.

Lo que queda es una película iluminada que describe con pulcritud y esmero la parte de atrás de una fábula de amor que sobre todo lo es de reconocimiento en la más palmaria adversidad, adversativa por tanto.

Director: Ian de la Rosa. Intérpretes: Herminia Loh, Silver, Úrsula Díaz Manzano. Duración: 101 minutos. Nacionalidad: España.


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