No es el Dream Team, pero casi. Las gestas del Barcelona actual resuenan con menos fuerza, el balonmano ocupa en España un plano secundario, pero el club vuelve a tener un equipo que domina Europa año tras año, y que apunta a seguir haciéndolo. Este domingo sumó su cuarta Champions en seis temporadas -la decimotercera en total- tras derrotar en la final al Füchse Berlín por 37 a 34. Como lo hicieron Masip, Barrufet, Chepkin, Urdangarín o el hoy entrenador Carlos Ortega, ahora lo hacen Gómez, Mem, N'Guessan, Janc y Nielsen. Se han perdido aficionados y también arraigo local, pero el talento sigue siendo sobresaliente.
El Füchse Berlín llegaba esta vez como amenaza real. En las semifinales había eliminado al vigente campeón, el también alemán Magdeburgo, y contaba en sus filas con el mejor jugador del mundo, el danés Gidsel. No fue suficiente. Desde el primer minuto, el Barcelona fue superior: el acierto de Nielsen bajo palos -que anuló a los extremos rivales- y el liderazgo de N'Guessan y Mem permitieron construir una ventaja que no dejó de crecer hasta el minuto 40 de la mano después de Makuc, Janc y del infalible Gómez no falló. Con 26-20 en el marcador, el partido y el título parecían sentenciados.
Pero como suele ocurrir en la Final Four de Colonia, el arbitraje resultó amable con los equipos alemanes, y en un deporte tan físico e intervencionista como el balonmano, eso puede ser determinante. En una acción sin mayor relevancia aparente -un agarrón en el brazo, una jugada como tantas otras-, Ludovic Fábregas, el eje de la defensa azulgrana, fue expulsado, y el desenlace del encuentro se convirtió en un ejercicio de supervivencia. Gidsel, que había empezado errático, ya era Gidsel; al otro lado golpeaba su compatriota Andersen; y el público alemán hacía el resto. En el minuto 53, el Fuchse ya sólo perdía por dos goles (32-30) y se divisaba un desenlace ajustado.
¿Qué pasó? Que los árbitros se vieron obligados a compensar. Max Darj, clave en la defensa del equipo alemán, realizó un bloqueo exactamente igual al que había hecho Fábregas y, después de revisarlo en el video, fue expulsado de la misma manera. Su tarjeta roja frenó el impulso del Fuchse y el resto lo hicieron dos acciones azulgranas. Djordje Cikusa consiguió un robo clave que amplió la ventaja a tres goles y la parada posterior de Nilsen fue la sentencia. A partir de ahí, al Barcelona ya sólo le quedaba celebrar su éxito, otro éxito, el cuarto en seis años, la continuación de una dinastía única en Europa.