«Cuando tienes el balón, el rival no puede hacerte daño». En esa frase resume Luis de la Fuente la idea que ha convertido a España en el equipo más sólido de la Copa del Mundo. No involucra solo a las defensas, sino que se inicia con la presión del delantero, siempre Mikel Oyarzabal, para provocar las pérdidas del rival y dominar el juego. Así se ha plantado España en la final con un sólo gol encajado, el que le marcó Charles de Ketelaere en cuartos de final. Ni siquiera cuando la selección levantó la primera Copa del Mundo en Sudáfrica, logró mantener su portería tan protegida. Entonces, a Iker Casillas le marcaron dos goles en siete partidos, con una defensa de época como la formada por Sergio Ramos, Gerard Piqué, Carles Puyol y Joan Capdevila.
No tiene tantas horas de vuelo al más alto nivel la que empezó a construir Luis de la Fuente en la Eurocopa y retocó después, pero está resultando igual de efectiva. De hecho, será la mejor en la historia de los Mundiales. La peor cifra se dio en 2014 en Brasil. La campeona del mundo no pasó de la fase de grupos y se volvió a España con Casillas habiendo recibido siete goles en sólo dos partidos: cinco de Países Bajos y dos de Chile. Tampoco le fue demasiado bien a la selección en Estados Unidos en 1994, cuando llegó hasta cuartos, cayendo contra Italia, y a Andoni Zubizarreta le metieron seis tantos.
Jamás han vuelto a repetirse esos números, que no sólo dan a entender que España era débil, sino que el equipo había sido nunca tan sólido hasta hoy. La clave, como recuerda siempre De la Fuente, es mantener la pelota, y España la tiene de media un 60% en todos los partidos. Pero, además, en las estadísticas de la FIFA aparece como la defensa que más presiones defensivas completa. Y eso es tarea de todo el equipo y la que provoca más pérdidas de balón en los rivales. Hasta la final, un total de 224. En presiones directas es el sexto equipo.
0,31 de Francia en 'expected goals'
Un esfuerzo colectivo que empieza en el delantero y acaba en los cuatro defensas. El Mundial de la pareja Cubarsí-Laporte está siendo casi perfecto. Su compenetración, su facilidad para adelantar líneas y su precisión a la hora de jugar la pelota dejan con pocas opciones a los delanteros rivales, que también se encuentran con su contundencia cuando es necesario. Si Marc Cucurella fue el gran descubrimiento de la Eurocopa, Pedro Porro lo está siendo del Mundial. Son veloces en las recuperaciones defensivas, pero su proyección en ataque también es imprescindible. Dos goles vitales suma el lateral extremeño.
Ante Francia, el trabajo defensivo fue sublime. España secó a la selección que había marcado una media de 2,6 goles por partido, que tiene un tridente letal al que le ganó todos los duelos. Los bleus, con un raquítico 0,31 en la métrica de expected goals, no fueron capaces ni una sola vez de tirar entre palos. O al menos reflejan los datos de la FIFA que no contabilizan una parada de Unai Simón a un centro raso pegado al poste de Kylian Mbappé.
Figura clave en este balance es Rodrigo Hernández. El centrocampista, que ha vuelto al nivel de la Eurocopa con el que conquistó el Balón de Oro, encabeza el ranking de acciones defensivas de la FIFA. Y lo hace por delante de centrales como Dayot Upamecano o incluso Cubarsí y Laporte. Con el medio del Manchester City, tiene un seguro de vida. Se incrusta formando un triángulo defensivo cuando es necesario y arrancar los ataques con salida de balón limpia. El martes en Dallas, aunque no pareciera que su equipo lo necesitase, recorrió 12,5 kilómetros.
Esta solidez que España luce en Estados Unidos empezó a fraguarse durante la Eurocopa, cuando sólo recibió cuatro goles de Georgia, Alemania, Francia e Inglaterra. Después, la clasificación para el Mundial la cerró de forma brillante con solo dos tantos en contra, que fueron los que le hizo Turquía en La Cartuja (2-2) durante la última jornada, cuando el equipo ya tenía el billete en el bolsillo.