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La Inglaterra de Bellingham, a por el sueño de Moore convertida en símbolo político: "Si fallamos ya no somos ingleses, somos negros"

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Hay dos fotografías que resumen sesenta años de historia de Inglaterra. En una aparece Bobby Moore levantando la Copa del Mundo en Wembley, en 1966, rodeado de 21 compañeros blancos nacidos en el país. En la otra, Harry Kane y Jude Bellingham, ambos en primer plano, cantando el Wonderwall de Oasis, convertido ya en himno de la selección, rodeados de jugadores con raíces familiares en ciudades británicas pero también en Nigeria, Ghana, Jamaica, Costa de Marfil o Portugal. Juntos después de conseguir el pase a unas semifinales que hoy les miden contra Argentina, rival histórico, en Atlanta.

«Because maybe, you're gonna be the one that saves me (Porque quizás, tú serás el único que pueda salvarme)», le coreaba la afición de los Three Lions a Bellingham, emocionado, después de su doblete a Noruega en los cuartos de final. El jugador del Real Madrid representa la Inglaterra actual, mestiza y global, y alrededor de su figura y de la de otros compañeros como Bukayo Saka se libra una discusión que va mucho más allá del fútbol.

Mientras millones de ingleses sueñan con poner fin a la sequía de seis décadas sin ganar un Mundial, algunos debates políticos se centran en la raza cada vez que la camiseta blanca aparece en televisión. Una camiseta y una plantilla que tardó años en parecerse a su sociedad.

"Deportarías a Jude, no tienes vergüenza"

«Jude Bellingham», escribió en 'X' Rupert Lowe, líder del partido de ultraderecha Restore Britain, tras el duelo ante Noruega. Era un elogio. «Nada mejor que ser inglés», puso después. «No necesitamos a indios para que trabajen en restaurantes de comida rápida. ¿Por qué importamos a inmigrantes poco cualificados para quitarles el trabajo a los adolescentes británicos?», escribió un par de días más tarde sobre su propuesta en temas de inmigración. La contradicción es evidente. Pasaba de elogiar a un futbolista cuya familia tiene orígenes inmigrantes a criticar a aquellos que llegaban a Inglaterra a ganarse la vida.

La publicación de Lowe, que promete la deportación de inmigrantes irregulares, critica el multiculturalismo y defiende una agenda de valores tradicionales, provocó la respuesta de muchos políticos británicos. «Jude Bellingham es alguien a quien Restore Britain deportaría. No tienes vergüenza», respondió Jacob Collier, del Partido Laborista. «Mantén el nombre de Jude Bellingham fuera de tu boca», contestó la política de izquierdas Zarah Sultana.

Esta discusión explica cómo ha cambiado la sociedad inglesa, y con ello su fútbol. Cuando ganaron en el 66, todos los jugadores eran blancos, aunque el origen, como la mayoría de los actuales, era humilde. Futbolistas de zonas obreras de Londres o de las ciudades industriales del norte, como Liverpool, Ashington, Sheffield, Barking o Plaistow. Aquella selección reflejaba una plantilla homogénea que distaba de la realidad del país, que ya empezaba a recibir a mucho inmigrante indio, pakistaní, africano y caribeño, la mayoría ligados a los territorios de la Commonwealth.

Hubo que esperar hasta 1978 para que Viv Anderson se convirtiera en el primer futbolista negro que jugaba con Inglaterra. Después llegaron John Barnes, Ian Wright, Sol Campbell, Rio Ferdinand o Ashley Cole. Ahora, en 2026, los Three Lions sí son un espejo de la sociedad. Bellingham tiene raíces jamaicanas, Saka es hijo de nigerianos, Mainoo familia de Ghana, James y Rashford del Caribe, Livramento portuguesa... Son ingleses que reflejan la transformación del país y por eso la selección ocupa un lugar tan sensible en el debate político y social. Tras fallar los penaltis de la final de la Eurocopa 2021, Rashford, Sancho y Saka recibieron miles de insultos racistas en las redes sociales y la selección fue criticada por arrodillarse antes de los partidos como gesto contra el racismo.

"No están preparados para una estrella negra"

El caso de Bellingham, criticado en varios momentos de los últimos meses, ha llevado la discusión más allá. «Creo que muchos no están preparados para una estrella de raza negra como Jude», declaró Ian Wright, exjugador del Arsenal y de la selección, hace pocos meses. «Sale ahí fuera, le dan igual las críticas, juega de forma extraordinaria e inspira a muchos con su discurso. Si tienes esa forma de hablar tan contundente, eres negro y juegas a ese nivel sin que te importe nada, eso asusta a ciertas personas», señaló Wright.

En Bellingham se resume la actual sociedad del país. Nacido en Stourbridge, en las afueras de Birmingham, que es una de las grandes urbes de Inglaterra, rodeada de zonas industriales a donde llegan multitud de inmigrantes cada año. De apellido británico, una familia de ascendencia diversa, de padre policía y madre trabajadora de una empresa de recursos humanos, con una educación orientada al deporte y convertido en estrella del Madrid y de la selección. El mismo Bellingham, el mismo Saka, Rashford o Sancho que reciben insultos usando su color de piel cuando fallan.

«Para mí, lo más destacable de toda la experiencia de la Eurocopa y de aquella final fue el contraste», declaró Bellingham en una entrevista con la CNN en 2022, meses después de caer en la final ante Italia. «Creo que si nos fijamos en el camino hasta la final, daba la sensación de que el país se había unido y de que avanzábamos por el mismo camino. Teníamos jugadores blancos y jugadores negros en el equipo, jugadores de todo tipo de orígenes. Pero en cuanto fallaron el penalti, ya no eran ingleses, solo eran negros», señaló.

Inglaterra, esta nueva Inglaterra, se enfrenta esta tarde en Atlanta a Argentina en un duelo con un significado histórico inevitable.