Donald Trump ha mantenido un perfil bajo, muy bajo, durante todo el Mundial de fútbol. Un desinterés casi absoluto. No asistió a la ceremonia de inauguración en México, se saltó el debut de su selección en los Ángeles y no ha visto ni acudido a ningún partido. Ningún comentario apenas sobre las clasificatorias o los cruces, salvo su intervención directa, con presiones de la federación, los abogados de la Casa Blanca y él mismo al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para lograr que le quitaran la tarjeta roja a uno de sus jugadores para el partido contra Bélgica.
Pero Trump, un genio del marketing y la comunicación, sabe mejor que nadie que el domingo cientos o miles de millones de personas estarán atentos a la final en New Jersey. Y no es una oportunidad que vaya a desaprovechar, y menos en año electoral y tras sufrir una hemorragia en la intención de voto de los latinos.
Su asistencia, como todo lo que afecta a un presidente de Estados Unidos, lo condiciona todo. La cobertura, los horarios y las medidas de seguridad. Pero también las bromas, los memes y el cachondeo de un país que hace tiempo le colgó al republicano el sambenito de gafé. Lo llaman el efecto Trump o el Trump Jinx, asociando su presencia a la derrota de sus favoritos o los locales.
Afinidad con Milei
Asistió a la Super Bowl de 2025 y predijo una victoria de los Kansas City Chiefs, que fueron aplastados por los Eagles. Estuvo allí cuando los Commanders de Washington recibieron a los Lions y perdieron en casa. Se pasó por la Ryder Cup de Nueva York el año pasado en la que Europa superó al equipo de Estados Unidos ante un público especialmente hostil. Vio desde un palco cómo Miami caía en la final nacional de Fútbol Universitario. Y se sentó en el palco del propietario hace unas semanas, entre abucheos, para ver cómo los Knicks acababan con su increíble racha de victorias en playoffs en el tercer partido de las Finales de la NBA.
Un gafe que los españoles esperan que se mantenga. El presidente tiene una afinidad especial con el argentino Javier Milei. Y hace unos días se supo que había jugado al golf en 2025 con Harry Kane. Hace siete meses dijo que nuestro combinado era "claramente uno de los favoritos para ganar", pero si algo marca su relación reciente con el país (o más bien con el Gobierno de Pedro Sánchez) son las críticas. Una y otra vez desde que volvió al poder, incluyendo en la reciente cumbre de la OTAN. Por lo que el morbo está más que servido ante la posibilidad siquiera que de Sánchez esté también el palco y que el norteamericano tenga que entregar el trofeo a los nacionales de uno de los países que más ha repudiado.
La atención extradeportiva del domingo estará puesta en todo caso en él, ya que tiene pensado bajar al césped a entregar los trofeos, como ya hizo el verano pasado, en el mismo estadio, en la final del Mundial de Clubes. Los jugadores del Chelsea mostraron entonces su desconcierto por el hecho de que el político se quedara en el centro del escenario después de dar las medallas, sujetando el trofeo como si fuera él mismo uno de los ganadores. Y no está claro si la FIFA de Infantino intentará algún cambio de protocolo para evitar que se repita.
La seguridad será el otro factor clave. Los aficionados con entrada deberán llegar al estadio hasta cuatro horas antes del inicio del partido. Para no perderse la ceremonia de clausura, pero sobre todo porque con Trump en el área los controles de seguridad serán todavía más exhaustivos. Si de por sí la llegada a los campos está siendo complicada en general, con atascos de más de tres horas por el cierre de carreteras o lo limitado de aparcamientos, en la final será peor. Sin mochilas, al descubierto, sin ninguna cortesía.
Se espera que haya cierres adicionales de carreteras alrededor del MetLife Stadium durante varias horas antes y después del partido. Perímetros de seguridad mucho más amplios que en un partido normal. Serias restricciones en el espacio aéreo y un despliegue inédito de sistemas antidrones operados por el Departamento de Seguridad Nacional, que no ha informado de incidentes durante el torneo tras haber preparado medidas extraordinarias e invertido millones de dólares por un miedo muy real a atentados o boicots.
El domingo estarán en activo miles de agentes federales, estatales y locales coordinados por el Servicio Secreto, muy nervioso por las apariciones públicas del presidente en este tipo de eventos multitudinarios, tras varios atentados e intentos frustrados. En junio, poco antes de la celebración del macro evento de artes marciales mixtas en la Casa Blanca, el FBI detuvo y acabó procesando a ocho personas que habían planeado usar drones y francotiradores para provocar una masacre y alentar una insurrección. Por eso los protocolos adicionales y las escoltas para las caravanas oficiales, tanto de las selecciones como de los invitados VIP, afectará a la llegada de aficionados y su salida.