Existen dos Carlos. O cuatro. El del pelo rapado y la cara despejada y el de melena larga y bigote. También el que disfruta del tenis, de su juego, y el que se frustra y ni él mismo se entiende en la pista. El pasado lunes mismo, en Shanghai, tocó ver al de pelo largo y bigote, pero, sobre todo, al frustrado e incrédulo.
Mirando atrás, todas sus versiones tardaron en volver a las pistas por su lesión de muñeca, esa que a muchos les hizo dudar de que el murciano pudiera recuperar su nivel, su mejor nivel. Pero en el US Open toda esa incertidumbre se disipó cuando Carlos demostró que se había ido para volver y demostrar la calidad y el tenis que le caracterizan y que no es tan fácil de perder.
Allí, en Nueva York, se vio a un tenista alegre, disfrutón de su juego. Vaya, encantado de conocerse. No pudo ganar pero, tras una lesión que lo mantuvo alejado de las pistas durante 138 días, el murciano se marchó de la Gran Manzana más que satisfecho con su actuación. Él y cualquiera con ganas de volver a verlo en un Grand Slam disfrutando de nuevo de la magia de siempre. Cayó ante Shelton en una madrugada infinita. Pero cayó de pie, sonriendo y peleando. Porque lo disfrutó, porque venía del tiempo libre que tanto ha defendido que necesita y porque se divirtió jugando al tenis.
Todo lo contrario le ocurrió este lunes en Shanghai. "No puedo jugar así, tío. ¡No puedo! Una pelota que va así y bota súper alto. ¡No puedo jugar por intuición!", confesaba el murciano durante el encuentro de tercera ronda contra Bergs, antes de caer eliminado (7-5 y 7-6). Ahí salió la antípoda del Carlitos de Nueva York, el chaval de 23 años que se frustra y se cabrea cuando algo no va como él quiere, cuando no lo tiene todo bajo control.
"No lo entiendo", repetía. Y toda esa desesperación le pasó factura en su juego. Bueno, en el juego a secas, porque su tenis no llegó a aparecer en ningún momento. Estuvo inseguro consigo mismo, pero también con su saque. Falló y concedió demasiados puntos con el segundo servicio, y no logró ajustar su derecha para plantarle cara al belga. Y él lo sabía: "Estoy muy decepcionado con el partido de hoy, porque no encontré la solución. Diría que simplemente cometí demasiados errores no forzados", dijo en rueda de prensa tras caer eliminado. "No fue un buen partido. No jugué bien. Diría que mi nivel fue realmente bajo, mientras que el suyo fue muy alto", continuó. Expuso autocrítica, pero también rabia: "Ahora mismo me vienen a la cabeza todos los pensamientos negativos y ninguno de los positivos".
Todavía es pronto para quedarse con lo bueno, y más después de "una de las derrotas que más me han dolido de entre las últimas". Toca mirar hacia delante, porque lo que deja atrás es la confirmación de que Zverev acabará el año como número uno del ranking ATP. Carlos afronta ahora el Masters 1.000 de París y la Copa Davis, dos objetivos que todavía no ha podido alcanzar. Aunque, para ello, tendrá que olvidar esa versión frustrada y perdida de sí mismo, porque, si algo está claro, es que Carlos es el mejor cuando disfruta de su tenis. El bigote o el pelo rapado son otro tema.