Plantado con los puños sobre las caderas y las piernas abiertas. No le hace falta a Mikel Merino hacer más, ni siquiera la capa. Su figura emerge cuando España le necesita. Quizá por eso, Luis de la Fuente lo mandó al campo en el minuto 85 cuando el partido se encaminaba a una prórroga que parecía injusta. No importa que se haya pasado medio año lesionado, que sea un recuerdo su protagonismo goleador en el Arsenal. El seleccionador lo esperó hasta la misma escalerilla del avión porque sabía lo que era capaz de darle.
"Los jugadores importantes son los que salen del banquillo. Nos han dado la energía para culminar el partido de esta manera. A Merino le dije que jugara como siempre, que acompañara en la mediapunta y que llegáramos, pero pensábamos en la prórroga. Su aportación ha sido magistral", reconoció el seleccionador.
En la víspera de San Fermín, el navarro fue el arma con quien la selección quebró a Portugal. Fue al banderín de córner, dio sus vueltas de rigor, soltó un ¡Viva San Fermín! y se colocó el pañuelo rojo al cuello. "Me gusta interpretar los espacios y he visto uno. Ferran me lo ha puesto perfecto", explicaba antes de reconocer que estalló por todo lo que lleva vivido. "Se van los recuerdos a esas noches duras en las que pensaba que no iba a formar parte de este equipo. Incluso en las críticas. Por eso, lo voy a celebrar", explicó.
Otra vez se convirtió en una superestrella. En la Eurocopa, en aquel partido contra Alemania en Stuttgart, en el estadio donde jugó su padre con Osasuna, voló para cabecear un gol que daba el billete a semifinales. Aquel fue un gol plástico. El de ayer en Dallas, pícaro.
Una falta en metro de la media luna sacada rápido mientras corría hacia y área y una asistencia dibujada con compás por Ferran que, solo ante Diogo Costa, Merino no falló. Es un seguro de vida. La apuesta fue arriesgada de Luis de la Fuente porque sacó del campo a Pedri, a quien Vitinha persiguió para anularle durante todo el partido, y a Dani Olmo, que durante muchos minutos catalizó el ataque.
Había que agitar el partido y con Merino, también con Fabián y Ferran, el seleccionador nacional lo logró. Costó mucho, porque no fue la noche de Oyarzabal, muy desacertado desde que falló la primera ocasión clarísima en el minuto 8.
También le costó aparecer a Lamine Yamal. Quería un duelo vibrante y exigente con Nuno Mendes. Lo pidió y en los octavos de final de un Mundial se le concedió. Quizá la joven estrella soñaba con que, esta vez sí, podía ganar y dejar su impronta en un Mundial en el que tiene protagonismo a cuenta gotas. Sin embargo, le pasó durante 50 minutos lo mismo de siempre. El portugués lo mantuvo bajo control, ayudado por un comprometido Joao Félix, cuya tarea también era complicar la vida a Pedro Porro para que ejerciera de escudero.
Lesión clave
A Roberto Martínez no le preocupaba Lamine y nada tenía que decirle a Nuno porque el lateral del PSG sabía como minar la moral de un rival que nunca le ha ganado un duelo. Pero la mala suerte le jugó una mala pasada. En el minuto 50 el portugués, en una carrera para frenar al extremo del Barça, se lesionó. Un problema muscular que le sacó del campo y obligó a salir a Semedo. No es que Lamine empezara a ser protagonista con ese cambio, pero sí se encontró algo más cómodo e hizo preocuparse más a una defensa que, ahora, tenía que mirar más a la banda derecha.
No fue un partido cómodo para la estrella de España, que ni siquiera recibió las ovaciones que le dedicaron en Atlanta, Guadalajara o Los Ángeles. Esta vez la grada, aunque con muchas camisetas de España en los 70.649 aficionados, sentía que el importante era Cristiano. Podía ser el último partido, como así fue, de uno de los protagonistas más brillantes del fútbol mundial en las últimas dos décadas. Así se lo reconoció hasta Luis de la Fuente, que se fundió en un abrazo con él durante varios segundos antes del inicio del partido. El portugués le reconocía las palabras de reconocimiento que siempre le ha dedicado el seleccionador español.
Quien se repartió las cámaras con el Bicho fue Rodrigo Hernández. No en vano es el único Balón de Oro español, que vuelve a recuperar sus mejores sensaciones. El capitán de España tiró de galones y buscó socios no sin agradecer el trabajo invisible de Pedri. "Ha apretado muchísimo, pero ha sido un gran trabajo de todos. También de los que han entrado desde el banquillo", admitía el capitán.
En la grada disfrutaron de una victoria agónica tanto el actor Javier Bardem, esta vez sí, con la camiseta de la Roja, y el chef José Andrés. Nadie pudo dejar de gritar un gol que mete a España en cuartos. Esperan Los Ángeles.