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Mikel Merino: "Sin mi mujer no estaría aquí. Ha sido increíble verla, embarazada de ocho meses, ayudándome a subir las escaleras"

Mikel Merino: "Sin mi mujer no estaría aquí. Ha sido increíble verla, embarazada de ocho meses, ayudándome a subir las escaleras"

El 25 de enero Mikel Merino (Pamplona, 30 años) no le hizo caso a su pie. Le dolía, pero optó por seguir jugando porque no tenía claro que nada estuviese roto. Tuvo la reacción de quien, sabiendo que había un Mundial en junio, acaso inconscientemente, quiso ignorar las señales de su cuerpo. Pero no pudo más y en los primeros días de febrero se operó de una misteriosa lesión, casi sin antecedentes en la medicina deportiva, de la que sólo se sabe que fue una rotura por estrés de un hueso del pie. Ahí empezó una contrarreloj para llegar aquí con el aliento permanente del seleccionador, Luis de la Fuente, primero con palabras y ahora con hechos. El centrocampista del Arsenal ha jugado un rato en todos los partidos, los amistosos previos y los dos que llevamos de Mundial. Con capacidad para expresar con palabras la dureza de lo que ha vivido, describe con detalle los sube y baja emocionales de estos meses y señala sin dudar a la persona con la que comparte la vida desde hace muchos años.

¿Cómo está? ¿cómo se encuentra?
Bien, me encuentro bien. Ahora un poco cansado de entrenar, que le estamos metiendo caña para prepararnos para Uruguay, pero bien. Encontrando mi ritmo poco a poco, con días mejores, días peores, pero contento con cómo va mi proceso.
¿Es ya uno más dentro del grupo o necesita todavía algún tipo de trabajo específico o alguna sesión de más o de menos, como el día que no entrenó?
Estoy en dinámica de grupo totalmente. Otra cosa es que, bueno, el fútbol va avanzando y cada vez se parece más a otros deportes, porque se individualiza al máximo el entrenamiento. Entonces yo, como uno más del equipo, si entiendo que necesito algo porque la sesión ha sido un poco más suave de lo que yo necesitaría, pues hago algo más. Otros días, hago algo menos. Depende.
¿Qué es para usted estar en este Mundial después de casi perder el tren?
Un sueño hecho realidad. Un premio también a mucho trabajo, a momentos difíciles que he pasado y que por suerte he podido superar. La verdad, una gran recompensa a tantísimo esfuerzo y tantísimo trabajo.
¿Qué se ha demostrado a sí mismo en estos últimos tres, cuatro meses?
¿Qué me he demostrado a mí mismo? Pues igual que soy más fuerte de lo que pensaba. Muchas veces, como todas las personas, como todos los seres humanos, tenemos dudas y hay momentos duros en los que igual nos hacemos de menos a nosotros mismos, pero en este proceso me he dado cuenta de que, si de verdad trabajas y te esfuerzas al máximo, eres capaz de superar cualquier obstáculo.
¿Cómo ha sido este proceso entre el 25 de enero, cuando se lesiona, y ahora?
Enriquecedor es una buena palabra para definirlo, porque sí, ha sido difícil, ha sido duro, pero al mismo tiempo, al ser una experiencia nueva para mí, porque nunca había tenido una lesión tan larga, nunca había tenido una lesión de esta índole en el pie, el poder aprender de mí mismo, cómo reacciona mi cuerpo ante determinadas situaciones, el poder entender mi cuerpo mejor ya con 30 años, me ha servido de mucho. Y ha sido gracias a estos cuatro meses. Creo que ha sido muy interesante.
¿Qué lesión ha tenido exactamente? Porque yo he buscado y no he encontrado un diagnóstico...
[Sonríe]. No lo sé, se ha llevado un poco en secreto, la verdad.
Preguntaba con inocencia absoluta.
Sí, es una fractura de estrés en un hueso del pie, y es un hueso sobre el que no hay muchos estudios. Entonces no había ejemplos de cómo podía evolucionar la lesión. Pero vamos, eso, que es un hueso que, a base de un movimiento repetido, se ha ido rompiendo poco a poco hasta que ya no aguantó más y se rompió del todo.
Entonces entiendo que tenía molestias hasta que eso termina de fastidiarse.
Sí, sí, venía jugando con molestias, pero era una zona en la que los síntomas no casaban con ninguna lesión ya conocida, así que bueno, yo entendía que podía seguir compitiendo con esas molestias y resulta que no, que se estaba rompiendo el hueso, ni más ni menos.
El día que le dicen que tiene que pasar por el quirófano, ¿qué piensa?
Pues pienso que por fin tengo un plan. Puede parecer extraño, pero lo más duro fue cuando no sabía qué tenía delante, cuando me dijeron que había que parar, y que había la opción de operarse o no operarse, y que podrían ser cinco o seis meses de baja, o a saber cuántos. Cuando todo está en el aire y no sabes realmente a qué te enfrentas es cuando más dudas tienes. Cuando ya tienes un plan y te dicen: 'quirófano, este es el procedimiento', es como que ya tienes un objetivo, ya tienes un camino y eso es lo que me gusta a mí: tener un objetivo y poder pelear por alguna meta. Fue peor la incertidumbre que el quirófano.
Es curioso eso.
Sí, sobre todo esos dos o tres días previos, cuando tienes que tomar una decisión, es lo más duro. Luego, cuando ya me dicen que hay que operar, aunque no sé realmente cuánto tiempo voy a estar recuperándome, yo ya tenía un plan. Tenía algo a lo que agarrarme y eso me hizo sentirme más seguro.
¿Qué día fue el peor?
El día posterior al que me hice la resonancia, era febrero, me avisaron de que tenía que hacerme otra prueba más porque la lesión era muy muy rara y no sabían qué podía ser, no sabían qué me pasaba. Ese día, y el día siguiente, esos dos primeros días, fue cuando peor estuve. Como digo, era peor la incertidumbre que otra cosa.

¿Lloró?
No, no llegué a llorar, pero sí, estaba muy emocionado. Mi mujer sí que lloró y eso es lo que más bajón me dio. Casi duele más que sufra alguien a quien tú quieres que sufrir uno mismo. Mi mujer es la persona que más me quiere del mundo, ha estado conmigo prácticamente siempre, en los buenos momentos y en los malos, y yo sé que esa noticia fue muy dura para ella porque sabía que para mí era un sueño poder estar en este Mundial y por un momento se desvanecía.
¿Y el mejor día, cuándo fue el día que dice: "ostras, que sí voy a llegar"?
Yo creo que el primer día que voy al campo era un poco la prueba de fuego. El primer día que me pongo las botas y vuelvo a simular lo que era jugar al fútbol es la prueba de fuego donde...
¿Cuándo es más o menos eso?
A ver, me lesiono el 25 de enero, después estoy dos meses sin pisar, después empiezo a pisar un poco en febrero o marzo... Más o menos, ¿eh?, más o menos. Sí, a mitades de marzo o primeros días de abril es cuando voy al campo, me pongo unas botas y cuando empiezo a correr veo que mi pie no siente nada malo. Ahí es cuando digo: parece que va bien la cosa.
¿Qué ha aprendido?
Muchas cosas, algunas muy específicas de mi cuerpo, de mi forma física, de lo que me viene bien, lo que me viene mal, con qué sufro más y menos... Son cuestiones muy detalladas para ser explicadas. Y luego he aprendido a tener paciencia, a aburrirme, porque he estado muchas horas tumbado con el pie en alto para no pisar, y a certificar que realmente quienes tengo alrededor me quieren en las buenas y, sobre todo, en las malas, cuando he estado más abajo, ellos han sido los que han tirado de mí.

¿Cómo era un día normal en ese proceso de recuperación?
Bueno, ha habido muchas fases. Al principio era simplemente estar tumbado con el pie en alto y hacer bajar la inflamación, y luego donde más tiempo he pasado ha sido en una camilla, con máquinas, con fisios. Aprendí a mover el pie otra vez, a andar, estuve haciendo ejercicios hasta con el dedo meñique del pie y no paré de entrenar, de estar allí [en la Ciudad Deportiva del Arsenal] muchas horas. Luego volvía a casa y seguía haciendo ejercicios, poniéndome máquinas, comiendo bien, alimentándome bien, porque si quería estar aquí tenía que estar en buena forma.
¿Qué hacía cuando estaba tumbado tantas horas con el pie en alto?
Creo que he visto más fútbol que nunca, porque siempre digo que cuando estoy jugando tenemos tantos partidos que me gusta aislarme un poquito del fútbol y no ver mucho, porque si no me desbordo. Y luego también he leído muchísimo. Quiero empezar 'Fiebre en las gradas', que me lo recomendó un compañero tuyo, pero estoy terminando una novela de Santiago Posteguillo. Cuando acabe, empezaré con 'Fiebre en las gradas'.
Además, todo este proceso de la lesión le ha pillado en los últimos meses de embarazo de su mujer.
Sí. Eso, claro. Encima primerizos, con el estrés que eso supone. Ha sido una aventura, por eso te digo que ha sido un proceso enriquecedor en el que he aprendido un montón. Creo que, si ya antes valoraba a mi mujer como una persona y una mujer fortísima y a la que amo con locura, después de este proceso eso se ha multiplicado. Ha sido increíble verla, embarazada de siete u ocho meses y ayudándome a subir las escaleras, ayudándome a llevar el libro a la habitación, porque yo no era capaz con las muletas. Ha sido muy duro para ella y sin embargo ha sido una mujer fortísima sin la que no hubiera podido salir adelante. Sin mi mujer, no hubiese podido salir adelante.
¿Qué ha supuesto Luis de la Fuente en este proceso?
Un apoyo muy fuerte, muy grande. Desde el inicio ha estado a mi lado, antes de saber si podía o no llegar al Mundial, simplemente dándome su cariño, su apoyo, llamándome a menudo, deseándome lo mejor en mi recuperación y, bueno, también fortaleciendo esas ganas que tenía yo de estar aquí porque sabía que si yo estaba bien y llegaba en unas condiciones buenas, iba a contar conmigo.
Hablaba antes de su mujer. Y usted, ¿qué tal como papá?, ¿cómo lo lleva?
Bien, lo llevo bien, muy bien, muy contento. Los pañales los tenemos dominados, sí, sí. Soy un crack de los pañales.
¿Cuánto le echa de menos, de 0 a 10?
Once. Está siendo duro, pero bueno, les echo muchísimo de menos.
Y lo último. Dígame algo original de Lamine.
Algo original... ¿algo original que tenga él? El problema es que habláis tanto de él que yo creo que ya está dicho todo.

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