Durante años, Rusia fue uno de los países más conectados del mundo. Pagar una compra con el móvil, enviar dinero mediante un código QR, pedir un taxi desde una aplicación o consultar una ruta en tiempo real formaban parte de la rutina diaria de millones de personas. Sin embargo, algo está cambiando.
En Moscú y en numerosas ciudades rusas, los apagones de internet se han convertido en una realidad cada vez más frecuente. Lo que comenzó como interrupciones puntuales en zonas cercanas al frente de guerra ha terminado llegando al corazón político y económico del país. Y las consecuencias ya se notan en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Alina, una gestora de proyectos de 34 años citada por el Financial Times, tuvo que volver a utilizar efectivo después de años sin tocar apenas billetes. Durante uno de los primeros cortes importantes sufridos en Moscú este año se encontró sin posibilidad de pagar la comida o comprar un billete de autobús para regresar a casa. "Tuve que pedir dinero en efectivo a mis compañeros", explica. "Incluso me costó encontrar la cartera".
El regreso de una Rusia analógica
Los cortes comenzaron a extenderse por todo el país el pasado verano, pero fue esta primavera cuando alcanzaron de lleno a Moscú. Desde entonces, las interrupciones del servicio móvil aparecen sin previo aviso. No hay anuncios oficiales ni explicaciones detalladas. Simplemente desaparece la cobertura, dejan de funcionar las aplicaciones y multitud de servicios digitales quedan inutilizados.
Las escenas que parecían impensables hace apenas unos años han vuelto a ser habituales.
Personas utilizando mapas de papel para orientarse. Ciudadanos cargando efectivo para poder pagar compras básicas. Usuarios recurriendo al correo electrónico para comunicarse con familiares porque las aplicaciones de mensajería dejan de funcionar. Incluso algunos rusos han recuperado la costumbre de llamar por teléfono para pedir un taxi en lugar de hacerlo mediante una aplicación.
La situación ha llegado a tal punto que los medios estatales han llegado a recomendar métodos alternativos de navegación, incluyendo el uso de mapas físicos o incluso orientarse mediante las estrellas. "No se puede depender únicamente de internet. Esta es la nueva realidad", llegó a afirmar un diputado ruso citado por el periódico británico.
Una trabajadora de una cadena de supermercados de Moscú resumía así la situación en un vídeo publicado en TikTok: "Nada funciona. Vivimos como si hubiéramos vuelto a la Edad de Piedra".
El creciente poder de los servicios secretos
Detrás de estos apagones no habría únicamente razones técnicas o medidas temporales de seguridad.
Según varias fuentes consultadas por el Financial Times, el FSB, heredero directo del antiguo KGB soviético, ha ido asumiendo progresivamente el control de las decisiones relacionadas con el acceso a internet en Rusia.
El argumento principal utilizado por las autoridades está relacionado con la guerra en Ucrania. Moscú sostiene que las redes móviles pueden ser utilizadas para coordinar ataques con drones o para facilitar actividades de sabotaje dentro del país. También existe una creciente preocupación por aplicaciones como Telegram, que continúan siendo utilizadas tanto por opositores como por grupos vinculados a Ucrania.
Sin embargo, las consecuencias de estas medidas están generando un creciente malestar entre la población y también entre numerosas empresas tecnológicas.
Gigantes rusos como Yandex o el gigante del comercio electrónico Ozon ya han advertido de que los cortes representan un riesgo para su actividad económica. Los servicios de reparto, las plataformas de transporte y buena parte del comercio digital se encuentran entre los sectores más afectados.
VPN, cámaras para mascotas y nuevas aplicaciones
La creatividad para esquivar las restricciones también se ha disparado. El mercado de las VPN, herramientas que permiten sortear bloqueos y restricciones de acceso, vive un auténtico boom. Solo durante marzo, las descargas de este tipo de aplicaciones crecieron de forma exponencial, según expertos citados por el Financial Times.
Algunos ciudadanos han encontrado soluciones todavía más sorprendentes.
Una bloguera rusa residente en Bali se hizo viral después de explicar que hablaba con sus padres utilizando una cámara para mascotas instalada en su vivienda. Mientras las aplicaciones habituales sufrían problemas de acceso, aquella pequeña cámara seguía funcionando. El resultado fue una conversación familiar retransmitida a través del dispositivo mientras el gato de la casa observaba la escena completamente desconcertado.
Mientras tanto, el Kremlin continúa impulsando una alternativa propia. El Gobierno promueve cada vez más servicios nacionales y aplicaciones desarrolladas bajo supervisión estatal dentro de lo que denomina una "internet soberana". El objetivo es construir una red cada vez más controlada y menos dependiente de plataformas extranjeras.
Para millones de rusos, sin embargo, la consecuencia inmediata es mucho más sencilla y tangible: volver a llevar dinero en efectivo en el bolsillo, recuperar viejos hábitos analógicos y descubrir que algo tan cotidiano como consultar un mapa o mandar un mensaje puede convertirse, de repente, en un pequeño desafío diario.