Hace 30 años que una chiquilla gaditana que no llegaba ni a la mayoría de edad, hija de cantaora aficionada y militar, irrumpió con aquel Tú me camelas que no dejó de sonar en rincón alguno de este país. Esa mujer, a sus 48 años, está hoy sentada en un enorme sofá de piel, con un impoluto traje blanco, presentando su decimotercer álbum, donde vuelve a juguetear con el flamenco para fusionarlo con otros géneros.
Niña Pastori (San Fernando, 1978) se decidió a profundizar en la salsa cuando asistió a un homenaje a Manuel Alejandro en Miami. Fue en aquel viaje en el que empezó a tomar forma Color Fania, el disco que acerca a los grandes clásicos de la salsa, de Rubén Blades y Willie Colón a Celia Cruz y Héctor Lavoe, al flamenco. De los barrios latinos neoyorquinos a los barrios gitanos andaluces. "La salsa y el flamenco son como primos hermanos. El ritmo, la expresión, los juegos, la forma de improvisar, de lanzarte al vacío. Hay mucho de identidad y de comunidad porque son músicas de raíz, que nacen de lo humilde y de gente que no lo tiene tan fácil. Yo me identifico mucho con eso".
- ¿Hay algo en este proyecto de reivindicar la interculturalidad, la unión de culturas, en un momento donde se pone en duda?
- Lo bonito de este mundo está en la mezcla de culturas y de sociedades, haciéndolo desde el conocimiento de las raíces de cada uno. Esa unión es muy gratificante, es muy bonito fusionar arte con conocimiento. Estamos en un momento muy rápido, donde se corre demasiado y se hacen cosas regulares por esa falta de tiempo. Yo no soy nadie para juzgar, pero para que las canciones sean buenas hace falta tiempo. Un día, como si sonara la flauta, te puede salir algo bueno sin dedicarle tiempo, pero no es lo normal.
- ¿Estas canciones son una reivindicación de volver a poner en el centro esa creación pausada?
- Yo también me he dejado llevar por ese ritmo, ahora me parecen largos muchos arreglos, me parecen largos textos de colegas a los que quieres y respetas. Nos hemos hecho a eso por el teléfono que tenemos todo el día en la mano. A todo nos adaptamos, nos adaptamos a la concentración de discográficas, a la piratería y ahora a esto.
- Ahora que han pasado 30 años desde sus inicios, ¿le ha dado por pararse a mirar este recorrido?
- Muchas veces no tengo la sensación de que hayan pasado 30 años porque esta profesión absorbe mucho y nunca he parado. Solo frené un poco cuando mis niñas eran más chiquititas, pero esos años han pasado y fácil no ha sido. Hay partes feas en esta industria, al final yo de cantar no me canso, no tengo ganas de bajarme del escenario. Eso es justamente lo que mantiene: grabar, estar en el estudio y luego las giras que son la guinda del pastel.
"Yo me siento muy orgullosa de que Rosalía sea nuestra, sea española y juegue con el flamenco"
- Hemos llegado a un momento de expansión del flamenco, algunos artistas del género dicen que ahora se le ha dejado de mirar con cierta condescendencia en nuestro país. ¿Cuál es su visión?
- Hay un poco de todo, siempre va a haber gente con ese retraso, pero la mayoría ya mira las cosas como son y le damos la importancia que tiene. Para mí nunca va a estar suficientemente valorado porque es lo más grande. Todo lo que hagamos para mí siempre va a ser poco, el flamenco es como mi hijo y siempre voy a querer lo mejor. Sí me alegra que haya una ola de gente joven que le encante y lo vea como algo cool.
- Usted fue de las primeras que se atrevió a mezclar ese flamenco con otros géneros, fundamentalmente pop. Una práctica que a los puristas no les acaba de convencer como hemos visto con el éxito de Rosalía, por ejemplo.
- Ser demasiado purista, no mezclar el flamenco con nada más, también mata el arte. El arte tiene que ser libre, estar abierto a probar y renovarse. Pero hay que hacer con arte, claro. Se ve con Rosalía que es una gran artista, que ha aprovechado todas sus oportunidades. Eso también es ser buena artista, tener un poquito de cabeza y ser inteligente. Yo me siento muy orgullosa de que Rosalía sea nuestra, sea española y juegue con el flamenco.
"Me he tirado muchas veces a una feria con mis niñas para que se montaran en los cachivaches como una familia más que somos"
- ¿Con el paso del tiempo ha ido disfrutando más de hacer música?
- Yo he tenido muchísima suerte, muchísimo más bueno que malo en mi carrera. Hasta en que mi género sea de minorías y no de mayorías he sido afortunada. Eso me permite tener un éxito bonito, poder vivir como una persona normal. Ser tan grande, tan grande, tan grande no te permite ser una persona normal. ¿Puedes vivir? Sí, pero de qué forma. Yo vivo de esto, mi casa vive de mi cante y mi trabajo, pero he podido vivir cosas con mis hijas. También es verdad que he sido valiente en ese sentido y me he tirado muchas veces a una feria con mis niñas para que se montaran en los cachivaches como una familia más que somos.
- ¿A qué partes negativas se ha enfrentado?
- Pues lo que es la política, cómo funcionan las cosas, qué radio sí y qué radio no, qué contrato elegir, qué abogado tener... Eso para mí es lo complicado, lidiar con todo eso sin saber. Ahora muchos más artistas están preparados, pero antes no era lo habitual. Bueno, Don Rubén Blades se negocia todo por lo que tengo entendido. Como la mayoría no estamos preparados esa es la parte fea.
- Sobre todo si como es su caso llega allí siendo una chica de 17 años
- Yo es que llegué muy jovencita, demasiado chica, pero yo nunca he sentido nada por eso. Es verdad que la mayoría de fans son mujeres y les gustan más los chicos, entonces tú tienes que hacerlo todo muy bien. Pero yo nunca he tenido ningún problema de machismo ni con la gente de la industria ni en mi casa. Nunca tuve ningún freno y soy la menor de cinco hermanos que son cuatro toros salvajes. Ellos siempre me han apoyado para que yo sea artista.