Después de más de cien días de guerra, bombardeos, amenazas constantes y una crisis energética que puso en alerta a medio planeta, Estados Unidos e Irán anunciaron este domingo un acuerdo para poner fin al conflicto que mantenían desde finales de febrero. Donald Trump celebró que el pacto ya está cerrado y Pakistán, mediador de las conversaciones, confirmó que ambas partes firmarán oficialmente el próximo 19 de junio en Suiza un memorando de entendimiento destinado a sellar el fin de las hostilidades.
La noticia fue recibida con alivio en los mercados y en las principales capitales y estados del mundo. Sin embargo, una vez pasada la euforia inicial, empiezan a aparecer las preguntas que rodean este acuerdo de paz. Porque el acuerdo existe, pero sus detalles siguen siendo en gran medida desconocidos.
Más allá del anuncio político, quedan por aclarar cuestiones fundamentales que determinarán si la paz es realmente duradera o simplemente una tregua temporal entre dos enemigos históricos.
Ormuz vuelve a abrir, pero nadie conoce las condiciones exactas
La medida más inmediata y tangible es la reapertura del estrecho de Ormuz. Durante meses, el bloqueo de este paso estratégico se ha convertido en uno de los principales factores de tensión internacional. Por sus aguas circula aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo y su cierre disparó las alarmas en los mercados energéticos, provocando fuertes oscilaciones en los precios del crudo. Lo hemos pagado todos.
Trump anunció que Estados Unidos levantará de manera inmediata el bloqueo marítimo que mantenía sobre los puertos iraníes y autorizó la reapertura total de la ruta comercial.
Sin embargo, no está claro qué mecanismos garantizarán la seguridad del tránsito marítimo ni qué ocurrirá si alguna de las partes considera que la otra incumple sus compromisos. Desde Teherán ya han advertido que responderán de forma contundente ante cualquier vulneración del acuerdo. Paz, pero con pinzas.
El gran misterio sigue siendo el programa nuclear
Si hay una cuestión que estuvo en el origen de la crisis es el programa nuclear iraní. Durante las negociaciones, la Administración Trump insistió en que el objetivo principal era impedir que la República Islámica pudiera desarrollar un arma nuclear. Washington exigía garantías verificables, limitaciones permanentes y la entrega o destrucción del material enriquecido acumulado por Teherán.
Irán, por su parte, ha defendido siempre que su programa tiene fines exclusivamente civiles y científicos. Ninguna de las partes ha explicado todavía si se ha alcanzado algún compromiso concreto sobre esta cuestión y tampoco se sabe qué organismos supervisarán el cumplimiento de los posibles acuerdos ni qué margen conservará Teherán para continuar desarrollando su programa atómico.
Otro de los puntos clave gira en torno a las sanciones económicas. Durante años, las restricciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados han golpeado duramente la economía iraní, limitando sus exportaciones, dificultando el acceso a los mercados internacionales y bloqueando miles de millones de dólares en activos.
La República Islámica ha exigido reiteradamente el levantamiento de esas sanciones como condición indispensable para cualquier acuerdo duradero. Por el momento, Washington únicamente ha confirmado el levantamiento del bloqueo naval vinculado a la guerra. No existe información oficial sobre posibles alivios económicos adicionales, aunque diversos medios iraníes aseguran que la cuestión ha formado parte de las negociaciones.
Israel, el actor incómodo del acuerdo
La paz anunciada entre Washington y Teherán también deja interrogantes sobre el papel de Israel.
La guerra comenzó el pasado 28 de febrero con una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel que acabó con la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí. Desde entonces, el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha mantenido una posición mucho más agresiva que la defendida por la Casa Blanca en las últimas semanas.
De hecho, según diversos medios, Trump habría mostrado en privado su malestar por algunas operaciones israelíes realizadas mientras avanzaban las negociaciones.
Pakistán aseguró este domingo que el acuerdo contempla el fin de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, pero todavía no está claro hasta qué punto Israel se siente vinculado por los compromisos alcanzados entre Washington y Teherán.
Del cambio de régimen a la mesa de negociación
Quizá la mayor paradoja de toda esta crisis sea el punto en el que termina. Cuando comenzó la guerra, Trump prometía una victoria rápida. Hablaba de apenas cinco semanas de operaciones y aseguraba que la presión militar desembocaría en un cambio de régimen en Teherán.
Más de tres meses después, el escenario es muy diferente. El líder supremo murió durante los primeros compases del conflicto y fue sustituido por su hijo, Mojtaba Jameneí. El sistema político iraní sobrevivió. El estrecho de Ormuz permaneció cerrado durante meses. Los precios de la energía se dispararon. Y Estados Unidos terminó sentado a negociar con los mismos dirigentes iraníes a los que había prometido derrotar.
Por ahora, la fotografía es la de dos enemigos que han decidido dejar de dispararse. Pero el verdadero examen comenzará después de la firma prevista para el 19 de junio en Suiza. Será entonces cuando se conozcan los detalles del acuerdo y cuando ambas partes deban demostrar que están dispuestas a cumplirlo.
Porque la guerra parece haber terminado. Lo que todavía está por ver es si la paz será capaz de resistir a décadas de desconfianza, rivalidad y enfrentamientos entre Washington y Teherán.