Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) sigue siendo exactamente igual a Steven Spielberg así pasen 50 años. U 80. O más incluso. En un céntrico hotel de Londres y parapetado detrás de un equipo de producción desmedido, o ingente incluso, el director de cine más popular del planeta se dispone a hablar de lo que sucedería si en algún momento alguien de fuera (muy del extrarradio) se atreviera a disputarle a él, a Hollywood y a todas y cada una de sus películas de más éxito, desde Tiburón al mismo ET pasando por Indiana Jones, el privilegio de la cima de la popularidad. ¿Qué pasaría si un buen día nos contactaran (que no por fuerza nos invadieran) los marcianos o sus primos lejanos? "Sinceramente", dice por aquello de soltar cuanto antes lo que motiva su última película, "creo que todo aquello que me planteé como mera posibilidad en Encuentros en la Tercera Fase ahora mismo está ocurriendo". Un momento, ¿acaso han llegado ya los marcianos y nosotros dale que te pego con el caso Leire? "Hay evidencias suficientes de que no estamos solos", añade y nos quedamos tranquilos. Como dicen en Twitter, no hay pruebas, pero tampoco dudas.
Para situarnos, El día de la revelación, así se llama la que hace la película número 37 de Spielberg, insiste en buena parte de los argumentos que han perseguido su cine y, por extensión, a todos nosotros. Fue en 1954 cuando su padre le despertó para que contemplara el espectáculo inaudito de una lluvia de meteoritos. Entonces, en la que es la anécdota probablemente más repetida de su biografía, contaba con apenas cinco años de edad. "Luego me construyó un telescopio reflector casero, con el que pude ver las lunas de Júpiter y los anillos de Saturno. Así que le debo a mi padre el haberme inculcado los valores de la ciencia y la imaginación", le gusta recordar. La revelación, pues eso fue, le obsesionaría hasta el punto de intentar al menos tres películas que recrearan ese primer contacto con el misterio del cosmos, llamémoslo así, antes de la película definitiva: Encuentros en la tercera fase (1977) de la que ésta que ahora se estrena es réplica, remake, continuación o, llegado el caso, respuesta, como se quiera.
De Encuentros hace ahora medio siglo y, sea por la emoción o por la obsesión, se diría que nada ha cambiado. Lo dicho, Spielberg sigue exactamente igual a sí mismo. "He mantenido una relación con lo que podríamos llamar desconocido desde niño, como decía", afirma y sigue: "Siempre me han interesado temas como la vida en otros planetas o la posibilidad de que otras especies hayan visitado la Tierra e interactuado con los seres humanos. He leído todas las historias posibles y he visto todos los documentales habidos y por haber". Pausa. "Lo que ocurre es que ahora es diferente". ¿Intenta decir que ahora es verdad? "Bueno, ahora ha sido noticia de primera plana en un periódico tan poco sospechoso como el New York Times. En 2017, el diario publicó un artículo sobre pilotos de combate que fotografiaron los llamados Tic Tac, que básicamente eran naves que maniobraban en el espacio con una tecnología mucho más avanzada que ninguna otra conocida". Nueva pausa. "Siempre he creído que no estábamos solos. La gran pregunta es: ¿estamos solos ahora? ¿Y lo hemos estado durante los últimos 80 años? O más aún ¿hemos estado solos durante los últimos 3.000 años?".
Y una más a modo de coda: "Cuando hice Encuentros en la Tercera Fase, todavía tenía cierta libertad creativa en mi cine. No quisiera llamarlo ciencia ficción, pero se parece a algo que se podría denominar especulación científica... Eso fue hace 50 años, aunque parezca mentira. 50 años después, esta película es, en efecto, ficción porque yo la escribí junto a David Koepp, pero el fundamento sobre el que se apoya es algo en lo que ahora puedo afirmar con toda seguridad que creo firmemente". Queda claro, Spielberg solo puede ser Spielberg.
El día de la revelación completa un recorrido que inició en la pantalla en los setenta de la mano de Richard Dreyfuss con la inestimable ayuda de Douglas Trumbull en los efectos especiales, Carlo Rambaldi como marionetista creador de extraterrestres de ojos grandes y hasta del cineasta François Truffaut convertido por azares del acento francés de nueva ola en organista improvisado. Después del célebre encuentro en nivel tres en la montaña del Diablo en Wyoming, llegarían la intimista e irrenunciable ET y, apurando y desde el lugar opuesto, la conflictiva adaptación de La guerra de los mundos de H.G. Wells. Solo en esta última, como metáfora quizá del estado de shock tras el 11-S, los alienígenas son gente arisca y poco dada a hacer amigos. Ajeno completamente al sabio consejo de Stanisaw Lem, los hermanos Strugatski, Ted Chiang y tanto otros narradores de la imposibilidad de entendernos con lo que es por definición distinto, para Spielberg, en cambio, los de fuera son siempre lo de dentro, ellos somos nosotros.
- ¿No le preocupa que nos coman?
- No, no tengo ningún temor en absoluto a los extraterrestres, pese a ser una persona que ha crecido con infinidad de temores. No hay razón para que la verdad nos asuste. Nunca. Por supuesto que cambiará a la gente si sale a luz la existencia de seres inteligentes diferentes a los humanos. Pero es una verdad sana, una verdad de la que todos merecemos formar parte.
Ahora, Spielberg da un poco de miedo. No mucho, pero algo sí. Como aterroriza ligeramente tanto la posibilidad de que un Gobierno haya estado mintiendo a sus ciudadanos durante 80 años como que todo esto de los extraterrestres no sea más que la enésima cortina de humo para evitar lo importante. Cuando Spielberg contaba con un año de edad, un objeto desconocido se estrelló en un rancho cerca de Roswell, Nuevo México. O eso nos dijeron para no pensar tanto en, por ejemplo, el gasto militar de la Guerra Fría. Conspiración por conspiración. Solo recientemente --y de ahí la oportunidad (¿alguien dijo oportunismo?) de la película-- se han desclasificado muchos de los documentos (el término disclosure en inglés o revelación en castellano hace mención a ello) mantenidos en secreto durante tanto tiempo. Los OVNIS o UFOs de entonces son los UAP (Unidentified Anomalous Phenomena) o FIA (Fenómenos No identificados Anómalos) de ahora.
- ¿Tampoco le preocupa acabar pasto de una teoría de la conspiración bien porque se oculta la verdad bien porque la supuesta verdad no sea más que otra mentira para desviar la atención?
- Lo que se conoce como el fenómeno OVNI, que comenzó con el supuesto aterrizaje forzoso de una nave extraterrestre en 1947, es una teoría de la conspiración que siempre cambia. Nunca cuenta la misma historia. Es como una mentira que uno cuenta, y la mentira se hace cada vez más grande. Empieza siendo del tamaño de una tacita de porcelana y luego se convierte en una especie de Tiranosaurio Rex. Eso ha ocurrido con los OVNIS. Pero no siempre ha sido así...
- ¿Por ejemplo?
- También es cierto que ese mismo fenómeno OVNI está soportado por una documentación consistente con todo tipo de informes que describen encuentros cercanos. La descripción de las entidades extraterrestres coincide con la de criaturas de ojos enormes. Hay más consistencia en las descripciones de contactos extraterrestres que en las teorías de la conspiración que niegan todo.
Y llegados a este punto, es el momento de la confesión definitiva que a estas alturas se antoja muy poco sorprendente: Spielberg cree. "No sé si llegaré a conocer un extraterrestre mientras viva, pero la evidencia circunstancial de que están aquí es convincente. Hay personas encarceladas con menos evidencias de las que existen actualmente de que ha habido interacción entre la raza humana y un extraterrestre", concluye.
- Carl Sagan diseñó un protocolo para dar a conocer el ser humano a otras formas de vida. ¿Qué cree que deberíamos decirles? O, de otro modo: ¿qué les diría Steven Spielberg?
- Creo que es más importante que nosotros los escuchemos a que ellos nos escuchen a nosotros.
Spielberg sigue siendo Spielberg.