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Un gol de Ramos en el 94 cita a Portugal con España y despide a Croacia tras el final más caótico del Mundial

En el partido de las emociones reinaron los sentimientos, el caos, la euforia y la rabia. El miedo de Cristiano Ronaldo y Luka Modric a decir adiós al Mundial, la locura de final de partido, la alegría portuguesa por el gol de Ramos en el 94, el enfado croata por el tanto anulado a Gvardiol en el 102, el lanzamiento de botellas de la grada balcánica, las lágrimas de Ronaldo al homenajear a Diogo Jota... Todo. Portugal se cita con España en los octavos del Mundial tras remontar, con goles de Cristiano y Ramos, y eliminar a Croacia en el mejor partido del torneo.

La ovación preventiva de la grada a las dos leyendas dejó paso a un duelo equilibrado, dominado por Portugal pero en el que Croacia sobrevivió con ese eterno aliento que durante los dos últimos Mundiales le ha hecho disputar el máximo de partidos posibles.

Vitinha, Joao Neves, Bruno Fernandes y Cancelo llevaron la manija del partido, encadenando pases ante la presión balcánica. Demasiados, incluso. Portugal sigue buscando el éxito con el balón pegado al pie y no termina de entender que las victorias del PSG de Luis Enrique, construido en los pies de sus estrellas portuguesas, encuentra premio cuando otros futbolistas tratan de ser verticales.

Algo así buscó Roberto Martínez con la entrada de Leao, que no evita un regate o una arrancada y fue el más peligroso de los lusos cuando encendió motores. De su galopada salió la mejor ocasión de la primera parte, con Bruno rematando de primeras un centro raso del jugador del Milán. Ahí apareció Livakovic, como cada cuatro años, para poner su sello mundialista y evitar el tanto.

La tarde de Toronto se peleó en el centro del campo y no en las áreas. Croacia clavó un 4-5-1 para evitar las conexiones portuguesas por centro y Stanisic y Perisic fueron intensos en sus duelos con Leao y Neto. No dejó espacios y a Portugal le costó transformar el dominio de la posesión (71%) en ocasiones muy claras y en goles.

Cristiano estuvo a centímetros de rematar dos centros de Cancelo y Neto, pero le faltó la rapidez en las tres primeras zancadas que sí tenía hace pocos años. Cuando pudo, Croacia respiró a los hombros de Modric y Kovacic, especialmente fino el segundo en las transiciones con balón.

Los primeros 45 minutos, sin embargo, celebraron sólo el tiro a puerta de Bruno a los tres minutos y dejaron todo pendiente para la segunda parte. Ahí Dalic intervino. Retiró a Budimir y dio entrada a Matanovic, más joven e impetuoso en la presión. Premio.

Después de una ocasión clarísima de Kovacic nada más saltar de vestuarios, Perisic, también eterno e incansable Perisic, anotó el 0-1 tras un centro de Stanisic. Portugal entró en la UVI, ansiosa por otorgar a Cristiano un final soñado, impotente el delantero entre los centrales croatas.

El gol rompió el partido. Por fin. Croacia, acostumbrada esta generación a convertir los ecos de la guerra en furia futbolística, olió la sangre y quiso más, pero su 0-2 fue anulado por fuera de juego de Vlasic antes de que Costa salvara el gol de Sucic con una buena estirada. Portugal estaba en la orilla.

Gol anulado a Cristiano

Leao, desde lejos, levantó el ánimo portugués con un disparo al larguero y Cristiano marcó un golazo de vaselina que no subió al marcador, anulado por milímetros para desesperación del delantero. El caos se apoderó de Toronto.

Roberto Martínez se atrevió a agitar el avispero para remontar, retirando a Vitinha o a Bruno Fernandes, y la apuesta le salió bien. El VAR advirtió de un agarrón de Vlasic a Veiga dentro del área y el colegiado, tras revisarlo, señaló penalti. Presión extraordinaria para Ronaldo el día que podía decir adiós, y gol engañando a Livakovic.

El duelo no se detuvo ahí y las emociones siguieron guiando el destino de la tarde en lugar de la táctica. Kovacic se encontró con el palo y con Costa, que también evitó un gol de Matanovic un minuto después. Croacia quería morir luchando, como siempre, sin regalar nada.

El fuera de juego semiautomático también anuló un gol de Sucic que hubiera sido el 1-2. También por milímetros. También para desesperación del protagonista. Rozando el final, Pasalic tuvo de cabeza el tanto de la gloria balcánica, pero el balón se alejó del gol por centímetros. Y ya cuando todo parecía caminar hacia la prórroga, Leao puso un centro maravilloso que Ramos, entre los centrales balcánicos, remató a gol.

Locura portuguesa, pero Croacia no había dicho su última palabra. En el 102 y de manera casi inexplicable, Gvardiol remató a la red un rechace de un control de Pasalic. Nos íbamos a la prórroga, pero el VAR volvió a actuar por tercera vez y anuló el gol por fuera de juego de Pasalic. Consideró el colegiado que Matanovic había peinado el balón, aunque los croatas lo negaban pidiendo que la pelota había tocado en Veiga.

La grada croata lanzó decenas de botellas desde su grada y el final encontró a Cristiano y Modric abrazados, con el portugués poniéndose una camiseta con el '21' de Diogo Jota, fallecido hace un año en un accidente de coche. Portugal se medirá a España en Dallas.


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