La Real Academia Española ha contestado con un comunicado a las críticas y la denuncia que el grupo parlamentario de Junts per Catalunta y su vocal en el consejo de administración de RTVE presentó contra La gran aventura de la lengua española, la serie de la televisión pública. El partido nacionalista catalán sostuvo esta semana que la producción "falsea la realidad histórica y niega la imposición del castellano a los pueblos americanos durante la conquista española", solicitó su retirada y anunció que preguntaría al Gobierno de España su opinión sobre dicho contenido.
La respuesta publicada por la RAE se ha basado en "datos históricos no opinables, sino bien probados". Su argumentación está enxpuesta en varios puntos que no niegan la implantación política del idioma español pero explican que esta fue en términos de convivencia y ptagmatismo y no de imposición rígida. Primero, el pragmatismo: "La monarquía española se preocupó, desde los primeros años del Descubrimiento, por que los indios fueran adoctrinados, a ser posible, en castellano. Pero este fue un propósito de realización imposible. Actuar sobre poblaciones dispersas para enseñarles una nueva lengua era un empeño quimérico para los encomenderos y para los misioneros. No había maestros bastantes para enseñar a una multitud, una buena parte de la cual nunca quedó sometida al dominio de los españoles".
Segundo, la realidad: "Los frailes de las órdenes predicadoras organizaron doctrinas, congregaciones, aldeamientos y reducciones que tenían el propósito de enseñar la religión católica, a ser posible utilizando la lengua castellana. Las misiones sucesivas (los doce apóstoles franciscanos a México en 1524, los doce dominicos que llegaron en 1526, los agustinos de 1533 y los jesuitas después) llevaban la encomienda de que enseñaran (según la Instrucción de Carlos V de 1535) 'cristiandad, buenas costumbres, policía y lengua castellana'. El emperador fue manifiestamente favorable a la utilización del castellano por los predicadores. Pero la legislación no tardó en reconocer (Ley de 17 de julio de 1550) la dificultad de explicar a los indios los 'misterios de nuestra Santa Fe Católica' utilizando la lengua castellana. De aquí en adelante muchas leyes flexibilizaron la obligación y los predicadores tomaron la iniciativa de aprender las lenguas amerindias".
Tercero, la política: "Los monarcas españoles no olvidaron nunca la conveniencia de que se enseñara castellano a los indígenas, pero se abstuvieron siempre de imponerlo. Las normas del siglo XVII expresan claramente esta política".
"La conservación de las lenguas indígenas fue un prodigioso esfuerzo de los religiosos españoles desplazados a Indias", sostiene el argumentario de la RAE. "Ninguno de los misioneros tuvo la menor intención de castellanizar a los indios. Normalmente operaban recogiendo a los niños de los caciques en los que apreciaban mayor capacidad para instruirles en la doctrina cristiana, gramática e incluso en latín de la liturgia. En esto fue capital el trabajo desarrollado en el colegio de Tlatelolco, dirigido por los franciscanos".
La Academia también expone sus pruebas: "El recuento de obras escritas sobre lenguas amerindias, que hace Robert Ricard en su esencial libro titulado La conquista espiritual de México es verdaderamente asombroso. Solamente en Nueva España y en libros concernientes a la evangelización hay, por lo menos, 109 obras. [...] Por razón de las lenguas en que se escribieron, en náhuatl o referentes a esta lengua hay 66; en tarasco o en relación con él, 13; en otomí, seis; en pirinda, cinco; en mixteco, cinco; en zapoteco, cinco; en huasteco, cuatro; en totonaco, dos; en zoque, uno; y en el dialecto chilapa, uno".
La RAE recuerda también que, tras la independencia de las repúblicas americanas, "los nuevos gobiernos eligieron como lengua de sus naciones la más comúnmente utilizada por los grupos política, social y económicamente dominantes. Aunque sólo un pequeño porcentaje de la población hablaba castellano por entonces, los gobiernos republicanos iniciaron un proceso de castellanización muy intenso y muy eficaz, no sólo porque convirtieron el castellano en la lengua de la nación, sino porque la impusieron no sólo a los indios que estaban próximos a las estancias y ciudades creadas en el tiempo de los virreinatos, sino porque consiguieron someter también a los indios que llamaban bravos o no domesticados que habían vivido con separación de las comunidades y pueblos de indios creados durante la etapa de la gobernación española".
"Queda llamar la atención sobre la curiosa circunstancia de que una serie de ocho capítulos, con ocho horas de metraje en total, que trata de la formación, evolución y expansión de la lengua española y de la literatura en castellano a lo largo de 11 siglos, sólo ha merecido la atención de algunos críticos por una frase suelta, expresada por el conductor del programa, de menos de un minuto de duración, y que es necesario comprender en el contexto del capítulo en el que aparece", termina la nota de la RAE, que remite a un libro de su director, Santiago Muñoz Machado, Hablamos la misma lengua (Crítica, Premio Nacional de Historia de España de 2018).