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Los 981 días de espera de Neymar para igualar un récord de Pelé, Ronaldo y Cafú

Los 981 días de espera de Neymar para igualar un récord de Pelé, Ronaldo y Cafú

«Fue todo como en una película, un flash. He sufrido mucho por estar aquí». La sonrisa no se le borraba a Neymar de la cara en las tripas del estadio de Miami. Ya no es uno de los jugadores más cotizados del planeta ni se espera de él que lidere a Brasil ni nadie lloraba, como ocurrió en Qatar, por verlo fuera de la convocatoria. Con jugar minutos en este Mundial a él y a los brasileños les bastaba. «Es nuestro ídolo», reconocía Vinicius, quien ejerce en el campo el liderazgo que necesita Ancelotti para pelear por la sexta Copa del Mundo.

Para Neymar ya fue un premio la convocatoria. Los problemas musculares parecía que le iban a impedir lograr un sueño: igualar a Pelé con cuatro Mundiales disputados, un grupo en el que también están Ronaldo y Cafú. Para ello vivió un calvario de 981 días desde aquella noche en que se rompió la rodilla en Montevideo hasta su regreso al campo en el minuto 76 del duelo ante Escocia, con un cómodo 0-3 en el marcador. Esos minutos supusieron un espaldarazo que convierte a la estrella en un soldado de Carlo Ancelotti. Esos gestos que tan bien maneja el veterano entrenador italiano.

«Recuerda quién eres», publicó el futbolista en sus redes sociales. Fueron muchos meses en el Santos, donde se refugió tras la grave lesión que le abrió las puertas del Al-Hilal. El 17 de octubre de 2023 en Montevideo, el ligamento cruzado anterior y del menisco de la rodilla izquierda se rompieron. Logró volver un año después, pero fue encadenando lesiones musculares. La exigencia de la elite podía con su cuerpo y su mente. Porque ni el regreso al Santos le libró de polémicas. Con 34 años, su carrera se dio por acabada, aunque se esforzó por salvar al Santos del descenso a la segunda división antes de pasar de nuevo por el quirófano.

Toda la familia en la grada

Nadie esperaba que Ancelotti lo convocara para este Mundial. Una llamada del italiano le dejó las puertas abiertas y estalló en llanto cuando escuchó su nombre en la lista. «Le di la oportunidad porque ha trabajado bien para recuperarse, muy serio y muy profesional. Se ha preparado para ayudar al equipo y se lo ha ganado. Jugó pocos minutos, pero jugó», reconoció Carletto, a quien no le costó encontrar la definición de lo que debió sentir la estrella al saltar al campo en Miami, con toda su familia en la grada. «No necesita motivación para jugar con la camiseta de Brasil. Tiene 34 años y la pasión por jugar de un niño, por eso le quieren», añadió.

Nadie sabe cuántas oportunidades más tendrá Neymar en este Mundial, porque su ritmo está lejos del nivel de Vinicius, Matheus Cunha o el joven Rayan, que ha sustituido en el once titular al lesionado Raphinha. Hasta el presidente Lula da Silva se burló al comentar que era el único jugador del Mundial que hacía «teletrabajo», aunque de fondo había más una disputa política -Neymar apoyó al ex presidente Jair Bolsonaro- que deportiva.

Esta vez nadie espera que el brasileño tire de la Canarinha. Ese tiempo pasó y lo asume hasta la estrella, cuyo papel es diferente. Se ha convertido en un aliado para estimular y empujar a un vestuario que está incorporando elementos jóvenes de gran futuro. Ha sido petición expresa de jugadores como Marquinhos o Casemiro que Neymar esté en el vestuario como referente. Brasil lo percibe una especie de Cid Campeador, capaz de llevarles a la victoria aunque su gloria deportiva haya pasado.

A su federación tampoco le va mal. Comercialmente, Neymar es un filón del que se aprovecha la selección, el Santos, que ha multiplicado sus ingresos por patrocinios desde su vuelta, y el propio futbolista, que tiene sus redes sociales repletas de anuncios, desde Puma -rival de Nike, la marca que viste a Brasil- a casas de apuestas, pasando por videojuegos y seguros de automóvil. Los brasileños que llenaron el estadio de Miami demostraron que le quieren en el campo... Al menos cuando los partidos estén resueltos.


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