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Obsession: El terror de siempre como nunca antes (****)

Obsession: El terror de siempre como nunca antes (****)

"Para los obsesos no hay elección: la obsesión ya ha elegido por ellos, antes que ellos". La frase es de Cioran y, antes que explicar nada, da pistas. Y ninguna esperanzadora. Lo relevante es reconocer lo antes posible que cuando no hay salida no tiene mucho sentido arrancar a correr. Ésa es básicamente la clave del género de terror, la aceptación de nuestra derrota, el reconocimiento de nuestras debilidades más íntimas. Somos vulnerables cuando admitimos el secreto de la fe, a la vez fascinante y terrorífico, y lo somos cuando nos abandonamos a la certeza sobrecogedora de lo desconocido, de lo que nos hace sufrir. Curry Barker lo sabe. Sabe que el género de terror lleva tiempo dedicado explicar la claridad de los abismos y lo sabe se diría como solo la gente obsesiva es capaz. La obsesión ha elegido por él.

Obsession, en correspondencia, es una película que en puridad no hace nada más que insistir, y hacerlo obsesivamente, en uno de los argumentos más repetidos no solo del género de terror, sino de cualquier tipo de fabulación. Aquello de que conviene tener cuidado con lo que se desea porque puede hacerse realidad, no solo habla del peligro que encierra concentrarse en una meta sin tener en cuenta los sacrificios por el camino, sino que advierte también contra asuntos siempre punibles desde el moralismo rancio como el placer excesivo, la ausencia de esfuerzo o la ambición desmedida. Barker, un paso más allá, se sirve del argumento para desmontar algo tan a mano como el machismo, el patriarcado o, ya que estamos, el celebérrimo amor romántico de repente reflotado en la magia de las redes y lugares afines.

La historia es sencilla, casi pueril. Nuestro héroe interpretado con ortodoxia por Michael Johnston vive obsesionado con el amor no correspondido de la joven a la que da vida Inde Navarrette de forma, ésta sí, tan cautivadora y original como sencillamente irresistible. Impresionan su cambios repentinos de registro. Y así hasta que un artilugio mágico con aspecto de estafa para los mismos incautos que pinchan el enlace que promete un premio enorme se cruza en su camino. Lo único que pide el protagonista es ser amado por quien no le ama. Pero claro, él no desea una relación equilibrada, con la responsabilidad compartida, sana por tanto y atenta a los deseos de su pareja. Él lo que pretende es una pasión obsesiva que no atienda a razones y que en verdad no sea más que una reproducción más o menos ritual de todos los tópicos de sumisión que tradicionalmente se han vendido como altamente románticos.

Desde aquí, lo que hace Obssesion en un equilibrio entre el susto, la farsa y el más crudo terror sangriento —sutil a veces, cuando quiere demoledor y siempre muy inteligente—; lo que hace, decíamos, es lo que los lógicos llaman una reducción al absurdo. Es decir, se trata de dar por cumplido el deseo, pero con todas las consecuencias. Lo que en la realidad de todos los días acaba en 24 mujeres asesinadas en lo que va de año, en manos del obsesivo Barker se traduce en un sabio y renovado recital de los tópicos que la tradición ha impuesto, pero extremados y ridiculizados hasta el absurdo de tal modo y con tanta y cruel soltura que no que queda otra que rendirse y aceptar que, en efecto, no hay salida. La obsesión ha elegido por todos nosotros.

Barker ya demostró de lo que era capaz con una película mínima como Milk & Serial, originalmente disponible en YouTube. Lo que ha conseguido ahora es asociarse con Kane Parsons. Si este último propone en Backrooms un lugar inédito desde el que repensar el terror, Barker revisa los tropos clásicos para dotarlos de nueva vida y, también, de nueva muerte. "Contra la obsesión de la muerte", decía el Cioran de antes, "los subterfugios de la esperanza se revelan tan ineficaces como los argumentos de la razón". Pues eso.

Dirección: Curry Barker. Intérpretes: Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson. Duración: 100 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.


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