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Haifaa Al-Mansour, la primera directora de Arabia Saudí: "Las mujeres viajamos ahora sin el permiso del marido"

Haifaa Al-Mansour, la primera directora de Arabia Saudí: "Las mujeres viajamos ahora sin el permiso del marido"

Hace casi tres lustros, Haifaa Al-Mansour (Riad, 1974) tuvo la brillante idea de rodar una película en un país en el que no había ni salas de cines ni directoras de cine. Solo estaban ella y su película. La historia de Wadja, la niña saudí que quería hacer algo tan prohibido como montar en bicicleta (de eso trata la película), se convirtió rápidamente en símbolo y bandera no exactamente de una revolución, pero sí de un cambio quizá imparable. El que fue el debut en el largometraje de Al-Mansour llegó justo después de la Primavera Árabe y, queriéndolo o no, ha quedado ahí como referencia y, apurando, aviso de muchos fracasos, pero también de un deseo irrenunciable. «Nunca me he sentido ni símbolo ni pionera ni nada por el estilo. Quería contar una historia y la conté. Ojalá mi trabajo abra los ojos a muchas mujeres, pero no fue ése el motor de la película. Me limité a ser fiel y honesta a mi vocación. Y espero que sea eso lo que quede», dice desde Los Ángeles al otro lado del zoom la directora que presenta La mujer sin nombre, un thriller que cierra la trilogía de mujeres iniciada con La bicicleta verde (2012) y continuada posteriormente con La candidata perfecta (2019).

De aquel debut a ahora, han cambiado muchas cosas. Al-Mansour ha completado una carrera internacional que no hace ascos a nada, ni a series como The Walking Dead ni a elegantes adaptaciones de época como Mary Shelley, y ya no es la única directora en Arabia Saudí. «Miro a mi alrededor y me siento acompañada con infinidad de mujeres que se atreven a desafiar el mundo en el que han crecido. La sociedad saudí es muy conservadora y entiende la libertad de la mujer a su manera. Le gusta que seamos maestras, enfermeras o médicos, pero le cuesta más entender que seamos actrices o directoras», dice para acto seguido detenerse en el carácter de la protagonista de su película. «Nunca he pretendido aleccionar a nadie. Entiendo el cine básicamente como un oficio para entretener. Eso no impide que diseñes y pienses los personajes desde, si quieres, el deseo. Por eso, las mujeres de mi película no se ven a sí mismas como víctimas. Saben lo que quieren y luchan por ello. Y por eso, los personajes masculinos, especialmente uno de ellos, es un tipo comprensivo y amable que mantiene un trato profesional con la protagonista sin que eso signifique que tenga que haber por fuerza una relación sentimental. Creo que los cambios en el imaginario del cine popular pueden calar y cambiar la propia realidad», añade.

La película hace suyas las reglas del cine negro para rastrear las heridas de una sociedad que aún consiente la poligamia, que aún limita los movimientos de la mujer, que aún antepone el permiso de la familia a según qué cosas. «Soy una optimista porque es la única manera de sobrevivir. No puedo por menos que reconocer que las cosas han cambiado mucho y en muy poco tiempo para la mujer saudí. Y siempre a mejor. El velo es opcional, ya podemos conducir, solicitar trabajo y viajar sin que sea necesario el permiso del marido. Lo crea o no cuando hice mi primera película tuve que presentar el consentimiento por escrito de mi esposo. Por supuesto, que todavía pesa un cierto código familiar, que en Arabia Saudita es muy importante, pero el cambio es tan notorio...», dice y en los puntos suspensivos deja un argumento más a favor de su entusiasmo: «Es raro porque mi país siempre ha sido el ejemplo citado por todos como símbolo de represión de la mujer. Pero basta mirar alrededor para darse cuenta de que las cosas están empeorando en todos los lados, menos en Arabia Saudí. En Turquía, el gran ejemplo de país secular dentro del Islam, cada vez es más conservador. ¿Y qué decir de Irán? Nosotros ya no tenemos algo como la policía moral. Se quiera o no, nos movemos hacia la modernidad con el mundo occidental».

Sin embargo, es el mundo occidental el que parece ir en sentido contrario con el auge de los gobiernos de extrema derecha. Usted vive en Estados Unidos...
El problema es el auge del nacionalismo. Eso y que la gente se siente cada vez más insegura y ha encontrado en la emigración la cabeza de turco y supuesta solución de todos sus males. Sinceramente, confío en que las cosas vuelvan a su cauce. Esta locura no puede durar mucho. El progreso y el bienestar siempre han caminado de la mano de la tolerancia.
¿Y la poligamia?
Aún está permitida porque así lo dice la ley islámica. Poco a poco entre la gente joven crece el rechazo, pero aún existe. Poco a poco.

Ya hay cines en Arabia Saudí y Haifaa Al-Mansour no está sola. «Es así, pero sé que toda mi vida seguiré con la etiqueta de la directora saudí», concluye.


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