Cultura

Bad Bunny, los famosos de La Casita y lo que nunca te puedes perder

Bad Bunny, los famosos de La Casita y lo que nunca te puedes perder

"Estoy segura, es él". Era el porte inconfundible de Don Draper. No había duda: el actor Jon Hamm, fan confeso de Bad Bunny, estaba en su concierto de Barcelona. Seguimos examinando a los vips que llegaban a La Casita, el escenario secundario que Benito llena de famosos cada noche. Llegó Ibai, llegó Úrsula Corberó, llegó Piqué ("¡Mirad, está con Clara Chía!"). El show antes del show.

La expectación constante, las celebridades de La Casita y los artistas invitados sorpresa -como en su día elconfesionario de Rosalía- convierten el concierto en algo más: el acontecimiento que no te puedes perder. Son la estrategia perfecta para que no dejemos de hablar del puertorriqueño durante sus 12 noches en España, pero también dicen mucho de nuestra manera de divertirnos hoy.

Queremos vivirlo todo, queremos contarlo, queremos que sea excepcional. Igual que el consumismo nos ha empujado durante décadas a poseer objetos materiales, hoy nos lleva a ansiar vivencias.

La experiencia es el nuevo lujo.

Pensaba en ello mientras veía a un tiktoker quejarse de que había pagado 500 euros por Bad Bunny y sufría aprisionado en primera fila: "Pensábamos que íbamos a poder disfrutar del concierto por el dineral que pagábamos". Como si gozar de algo inolvidable dependiese de cuánto te ha costado.

La primera señal la tuvimos en la velocidad a la que volaron las entradas de Bad Bunny: 600.000 en apenas un día. Confluyeron sus primeros fans (Benito se acordó varias veces el sábado de quienes le acompañaron en su concierto de hace casi una década), los admiradores de su último trabajo... y el FOMO. Ese miedo a perderse algo empujó a muchos a buscar su entrada.

Como dice Juan Evaristo Valls Boix en JOMO, "el FOMO designa también una carencia más profunda: la incapacidad de tener una experiencia que no esté calculada". Ese "imperativo de goce total" -nos dice el filósofo- desemboca inevitablemente en malestar.

Con Bad Bunny cantamos, perreamos, disfrutamos. Pero incluso con el máximo goce, a la mañana siguiente sentí una punzada de decepción al pensar en el artista sorpresa. "Bryant Myers, Bryant Myers", farfullaba mi amiga. Los rumores nos habían hecho soñar con Rosalía.

Este sábado, cuando Bad Bunny actúe en Madrid, sentiré FOMO. También añoraré lo que disfruté en mi concierto. Tal vez repase los vídeos que grabé. Tal vez piense: debí tirar más fotos.

Puede que te hayas perdido