No, Leo Messi no quería decir adiós al Mundial. No le valen a los argentinos los premios de consuelo y el capitán tenía entre ceja y ceja volver a levantar la Copa del Mundo. Es algo que ni siquiera Maradona logró, porque tras la proeza de México '86 llegó el fiasco en 1990 en Italia. Es aquello que le puede consagrar como el mejor jugador argentino de todos los tiempos si España no logra aquello que nadie ha hecho en este Mundial: parar el corazón mecánico, casi de tractomula, de un equipo que se agarra a eso y al mayor talento de la historia que, con 39 años recién cumplidos, lleva más de 40 días obrando el milagro de rescatar a su país del alambre por el que se ha paseado.
Por eso, uno a uno fueron a buscarlo, a besarlo. Llorando los veteranos Facundo Medina y Otamendi. Aupado por Lo Celso. Abrazado entre lágrimas Giuliano Simeone. Todos saben que ha sido su Dios quien les hizo resucitar tantas veces como fue necesario. Ni hablar podía Lautaro Martínez, que no pudo estar en Qatar y que soñó con marcar en este partido. "Lo dije en el banco, que iba a salir y a ayudar al equipo. Desde que mi viejo me compró los primeros botines sueño con marcar en un partido así", confesó entre lágrimas. 12 goles ha marcado Argentina en los últimos 15 minutos de los partidos o en la prórroga. Un aviso de que jamás bajan los brazos. El primero, Messi.
Se pasó el astro argentino 16 años, la flor de su carrera, buscando poner la tercera estrella en la camiseta de Argentina y lo logró en Qatar. Ahora, aunque se le presume un ocaso que no parece llegar, quiere poner la cuarta. Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. Le tocará enfrentarse a España, el fútbol que lo impulsó y a quien nunca se ha enfrentado en competición oficial. Para Lamine, Cubarsí o Pedri será el duelo esperado contra el futbolista que tenían de referente en La Masía y del que gritaron sus goles.
El partido fue una batalla que los ingleses no supieron librar. Creyeron que el gol de Anthony Gordon iba a enterrar a los argentinos, en el campo y en la grada. Estaban muy equivocados. Las guerras no se pierden en la primera escaramuza y los de Scaloni lo tenían clarísimo. Siete faltas en los primeros seis minutos. En los tres primeros ya se había dado el primer encontronazo, cuando se revolvió Anderson ante un empujón de Enzo Fernández.
Argentina quiso luego jugar al fútbol tras haberse asalvajado con un estilo potrero, y cercó a Pickford. Le tirotearon todo lo que pudieron, con dos palos de Mac Allister, convertido en un cabeceador impecable. Lejos de asustarse como Tuchel, Scaloni puso en el campo toda la pólvora posible, empezando por Rodrigo De Paul y luego con Nico González y Lautaro Martínez. Lo dice su himno nacional: «Coronados de gloria vivamos/o juremos con gloria morir». La mortalidad de esta Argentina solo puede ponerla a prueba España.
Sin incidentes
Es la final que quería la grada, que también libró una batalla especial. No hubo incidentes, pese a que en algunas zonas del estadio estuvieron mezcladas las aficiones. Hubo banderas, como siempre, pero ninguna referencia a Las Malvinas, ni siquiera con el Muchachos, que sólo se cantó una vez en la primera parte. Lo que sí apareció por primera vez en el Mundial fue un grito que hasta corearon los jugadores argentinos en el autobús camino del estadio. "El que no salte es inglés" sacudió los graderíos, que vibraban con mayoría argentina. Cuando se desplegaron las banderas, las gargantas albicelestes se calentaron. El God save de King no se oyó en Atlanta. Lo cantaban los jugadores a voz en grito y el fondo inglés, pero los silbidos y las protestas lo eclipsaron por completo. No hubo respeto y los ingleses optaron por silbar también el himno de la República Argentina, que apenas se oyó.
El guion del partido estaba tan claro que no tardó en corroborarse: seis faltas en siete minutos. Sabía Scaloni que se iba a la guerra que, del once titular, sacó a De Paul para meter la energía de Giuliano Simeone. Ningún equipo se quería arriesgar porque los ingleses se jugaban volver a una final que no alcanzaban desde 1966 y los argentinos la posibilidad de ser el primer equipo que encadene dos Copas del Mundo de manera consecutiva. Una vez más, lo logró Argentina.