No pudo el escritor terminar bien el cuento. El final se atragantó a la pluma de Íñigo Pérez, un autor suigéneris. Identificado con una idea y un equipo. Con un barrio. Uno que llora la oportunidad perdida. Quizás sea la única en su historia. Desde luego era la primera 25 años después de pisar suelo europeo por primera vez. "Son momentos complicados para todos, uno tiene dolor y hay que pasarlo como se puede", apuntó el técnico mientras que el capitán Óscar Valentín aseguró: "Hemos disfrutado del proceso".
Augusto Batalla era el único que sabía lo que eran campeonatos nacionales e internacionales, con varias Copas Argentinas y una Libertadores en su haber. El único que había llegado a estas latitudes de grandes torneos y por sus manos pasó todo lo que el Rayo vivió en Leipzig. Porque Batalla tuvo una de cal y una de arena. En el gol inicial de Mateta quizás pudo hacer más en el despeje, mientras que poco después salvó el segundo ante el mismo protagonista. Antes, en el primer tiempo, también había sido el que tirándose al suelo consiguió llamar la atención de Mariani para parar el juego a que se atendiera a un aficionado rayista en la grada. "El camino fue hermoso", apuntó el portero.
El guardameta del Rayo estuvo mucha parte del partido pidiendo tranquilidad a sus compañeros, pero quizás debió reclamar algo de colmillo. La victoria en la posesión no se trasladaba a un marcador que los británicos habían conseguido inaugurar y habían amenazado hasta en nueve ocasiones el poder cambiarlo frente a las dos del Rayo. Además, hasta tres veces golpeó el poste el balón, todas tras una falta magistral lanzada por Yeremy Pino.
El canario fue el caballo de Troya. Su conocimiento del rival lo convirtió en una pesadilla para un Ratiu que disfruta mucho más corriendo hacia delante que persiguiendo para atrás. Le sentó bien la convocatoria de De la Fuente y la quiso justificar sobre el terreno de juego. Muchos dudaban de su partida al equipo británico desde el Villarreal, pero a día de hoy la Premier es el Dorado para muchos futbolistas españoles.
De lo que puede presumir el Rayo es de haber soportado el envite de un conjunto inglés superior físicamente y económicamente. Por mucho. Esa diferencia tiene el antecedente de la Conference del año pasado, en la que el Betis terminó reducido a cenizas por el Chelsea en una segunda parte en la que los sevillanos se vinieron abajo. "Hoy tenemos pena, pero hay que disfrutar este momento", insistió Isi tras el duelo.
Revancha francesa
Es el Rayo un equipo que se siente bien en la inferioridad, que le gusta ir de underdog y que no se arruga en los grandes escenarios. Aunque una final era un territorio inexplorado. Los cambios le hicieron creer frente a las circunstancias adversas. Apretaron todo lo que pudieron a Henderson. No fue suficiente. Los ingleses aguantaron la muralla a pie quieto y el Rayo no pudo encontrar a un Camello enrachado.
Esta vez el madrileño no pudo ganar "con los colegas". Esta vez fue Mateta el que le ganó la partida a un futbolista que le amargó los Juegos Olímpicos en su país con un doblete. Paris 2024 frente a Leipzig 2026. "Duele una barbaridad porque al final hemos hecho todo y sabemos el sacrificio de nuestra gente. Ojalá estén orgullosos como estoy yo", declaró Trejo. "No conocí mayor victoria que contigo en una derrota", respondió la grada rayista al término del partido. Pues eso.