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Maldito despertar del Rayo: el Crystal Palace le arrebata la Conference con un gol de Mateta

Maldito despertar del Rayo: el Crystal Palace le arrebata la Conference con un gol de Mateta

Nunca entenderá el Rayo Vallecano por qué no disfrutó en Leipzig. Qué fue lo que le lastró las piernas en una final que vivió como un sueño, pero en la que tuvo un maldito despertar. No apareció el equipo pirata, descarado, irreverente, de espíritu vecinal y juguetón que se sentó a la mesa de la historia europea. Fue realidad que estuvo en la final hasta el último suspiro, pero no hay duda de que lo hizo con más fe que fútbol. El Crystal Palace se llevó una Conference por personalidad, esa que Íñigo Pérez reclamaba y que sus futbolistas no pudieron poner en el campo en ningún momento de los 90 minutos. No hubo proeza. El capitalismo Premier devoró al equipo del barrio obrero. [Narración y estadísticas: 1-0]

El partido tuvieron que masticarlo los dos equipos, ásperos en su juego y, por momentos, poco reconocibles por la tensión de lo que había en juego. Era difícil que la final rompiera cuando pasaban los minutos y no había ni un solo tiro entre los tres palos. Hubo ocasiones, no demasiadas, pero nadie anduvo preciso.

Al Rayo le costó adaptarse y eso hizo que Íñigo Pérez no parara en la banda, intentando sostener a sus jugadores en su idea de cómo debían ser en la final sin que los nervios le jugaran una mala pasada. El Crystal Palace, con un imperial Adam Wharton escondiendo la pelota y manejándola a su antojo el tempo del juego, arrancó más cómodo, obligando a Lejeune a multiplicarse para ataques que comandaban Jeremy Pino y Mateta. Siete minutos tardaron los vallecanos en probar a Henderson, y fue un centro tibio de Álvaro García, a quien su entrenador le encomendó el extremo izquierdo. Fue por esa orilla por donde, en cuanto le dejaron, cargó la ofensiva el Rayo. Pero antes ya se habían llevado dos sustos.

El primero, porque Jeremy Pino se activó más que De Frutos para robar y, tras un cúmulo de rebotes, que la ocasión acabara con un disparo de Sarr que no incomodó lo justo al desaparecido Óscar Valentín. El segundo lo generó Pathé Ciss, cuando frenó en falta al extremo canario cuando encaraba a Batalla. Por fortuna, Lejeune estaba unos pasos más adelantado y el senegalés vio solo amarilla. Demasiados sustos para una grada que se entregó, como en Vallecas, a gritar contra Presa en el minuto 13. Hay costumbres que no se olvidan ni en una final.

Cuando se acercaba la media hora de partido, el Rayo se despojó de la coraza y comenzó a ser más reconocible. Se desahogó. El balón pasó más por las botas de Isi y de Unai López, siguió encontrando a Álvaro, pero también a De Frutos. Incomodaron Pep Chavarria y Ratiu, aprovechando la altura que cogen Muñoz y Mitchel y la obligación que impone Oliver Glasner a sus extremos a cerrarse para comprimir la creación de los rivales.

El partido no tenía control, pero ya volaba de un campo a otro. Y llegó la mejor ocasión del Rayo, con un centro de Chavarria a Alemao, que lo cazó forzado y lo mandó rozando el poste de Henderson para lamento de la grada, que pidió a sus jugadores para el partido cuando un aficionado cayó por las escaleras y se hizo una aparatosa herida. Fueron apenas cinco minutos y, al volver, Unai López probó de nuevo con un disparo lejano. Pero hasta ahí se la jugaron y a punto estuvieron de llegar al descanso con el marcador en contra. Pelota colgada por Wharton al área donde apareció el carrilero Mitchel, burlando a De Frutos y Ratiu, para cabecear de manera imposible cuando Batalla nada podía hacer. Respiró toda la grada de Vallecas esperando que su Rayito apareciera.

No lo hizo. El Crystal Palace, con esa marcha más que siempre imprime la Premier, siguió cortocircuitando a los madrileños, golpeándolos en cuerpo y mente. Tuvo que aparecer Lejeune, como mariscal napoleónico de la zaga, para evitar que Mateta cazara un centro de Sarr. La segunda que tuvo, el francés ya no la falló. Fue en el minuto 50 cuando Wharton, el cerebro a quien nadie detectó, armó un misil desde la frontal que repelió Batalla, con la mala fortuna de que Ciss se olvidó de que aparecía Mateta para fusilar y empinarles la final.

Ese gol noqueó al Rayo, que estuvo a punto de perder la final en apenas cinco minutos. Una falta en el pico del área la mandó Jeremy Pino a la escuadra, no pudo empujar entre los tres palos Riad, que estaba en fuera de juego, y apareció Ratiu para despejar al poste. El canario volvió a ser una pesadilla cuando buscó a Mateta sin que el francés pudiera hacer el segundo. Estaban mordiendo con comodidad a un equipo débil que se cargaba de tarjetas y pedía a gritos los cambios que Íñigo Pérez no tardó en hacer.

Era momento de poner a dirigir a Pedro Díaz, con Pathé Ciss, y dejar que Mendy se las viera con Mateta. Pero no tardó el técnico navarro en buscar la pólvora de Camello y Pacha Espino. Ya era todo o nada, y el Rayo no se rinde jamás. Por si acaso, sus piratas le recordaban que sí, que se podía. Y el campo se inclinó hacia la portería de Henderson durante un buen rato. Probó Isi de falta directa, se soltó Ratiu por un costado y le siguió el Pacha por el otro, tratando de agarrar un empate que se le negó a Alemao. No serán leyenda, pero han construido memoria para todo el barrio de Vallecas


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